Mujeres

Mujeres: eternas Evas. Te violan porque pueden

¿Cómo es posible que yo sea la primera mujer para hablar de un caso de estos, cuando hay muchísimos más?

2019-05-14 13:19:55 Leído : 1051 veces.
Testimonio de una mujer víctima de abuso sexual por un miembro de la Legión de Cristo.

SemMéxico, Ciudad de México, 14 de mayo de 2019.- “Te hablan de Dios mientras te abusan”, fueron las palabras claras y contundentes de Ana Lucía Salazar, entrevistada para SemMéxico, luego que el 3 de mayo pasado diera a conocer el abuso sexual a la que fue sometida por el sacerdote Fernando Martínez, de los Legionarios de Cristo, orden católica fundada por Marcial Maciel, acusado de pederasta, al igual que muchos otros de sus sacerdotes, quienes han sido denunciados; incluso, penalmente. 

Estamos hablando de una red de complicidad, de encubrimiento, de pederastia desenfrenada. Es como una sociedad delictiva. Es delicado, es peligroso, aparte de que traen sotana. Estos tipos tienen el gusto por abusar sexualmente de niños y niñas. Esto pasa en todas partes del mundo, indica con esa voz que se ha escuchado en los medios de comunicación —de México y otros países— en donde ha narrado lo que ha vivido en más de dos décadas de su vida.  

Ana Lucía, de 35 años, es cantante, conductora de televisión, toca piano y escribe poemas. Eso, señala en plática previa, la ha ayudado a comunicarse, a entender con palabras lo que le sucedió. No es solo es su palabra la que se lee sino es la voz la que se escucha; no es solo su voz sino su rostro el que se ve; no es solo su rostro sino la cara del victimario el que quiere que sea del dominio público, como hizo énfasis. SemMéxico presenta las respuestas (resumidas) de Ana Lucía, agrupadas en los temas que se abordaron en la entrevista, entre otros: el silencio de las víctimas, la justicia, creer y escuchar a las niñas y los niños, el movimiento #MeToo, los perfiles de los pederastas y el feminismo. 

 

La decisión de hacer público su caso

Ha tenido un mensaje [una amplia recepción] que no me esperé. Todo esto lo hago desde mi cuenta personal en mis redes sociales; justo, porque mi búsqueda es genuina. Yo quería saber el paradero de Fernando Martínez porque sabía que había estado en Salamanca [España], y quería saber si alguien podía referirme la conducta de este señor en esta parte del mundo. Hace muchos años, mi madre me cuenta que él iba a estar retirado en una casa cuidando gente de la tercera edad que estuviera muy enferma; que esa iba a ser su penitencia de por vida. Evidentemente, no fue así.

El suceso que viví lo tengo construido por partes. Sé que unas partes nunca van a regresar a mí. Lo sé porque en la mente de una niña de ocho años, las cosas se configuran de otra manera, no de la manera en que quizá es el mundo. Sin embargo, cuando era niña, conocí parte del mundo que me desilusionó por siempre. Hoy por hoy, asomo mi testimonio y también lo asumo, sabiendo que debo estar lista para este tipo de preguntas que voy a recibir y que no todas me van a gustar. Lo hago con total comprensión de que todavía estoy enfrentándome —tanto yo como otras víctimas— a una sociedad que todavía no entiende exactamente cuál es el papel de la víctima y cuál es el papel de agresor o del abusador. Por eso, a las víctimas que no cometimos ningún delito y que salimos a señalar a nuestros abusadores, se nos hacen los cuestionamientos, mientras los que sí cometieron los delitos permanecen escondidos. 

 

Redes sociales: las más cuestionadas para hacer denuncias públicas

Así es, pero el Estado mexicano no tiene el respaldo que yo necesito. Yo lo hice por esa vía porque […] yo no soy la titular de esos espacios [donde labora]. Sin embargo, aquí es mi dicho […] No solo fue mi dicho al ahí se va, de forma anónima. Yo dije, si lo voy a hacer público, es porque tengo mi investigación. Investigué dónde estaba este señor.Investigué que había sucedido con él […]. Conseguí las pruebas. Nadie me las brindó. Esas fotografías [de él] yo las busqué durante un tiempo hasta que las encontré. Lo señalé con cara, porque cuando le vi la cara en las fotografías, supe inmediatamente que era él. Jamás olvidaría su cara. También me pareció oportuno señalarlo con nombre y rostro, porque la víctima te da el rostro, pero los abusadores no. Entonces, me pareció oportuno que, así como se iba a exponer mi cara se expusiera la cara de este señor y que fuera de dominio público. 

 

Respuesta de los Legionarios de Cristo. Liga inquebrantable entre víctima y abusador

[…] La legión salió inmediatamente. Tuvo que aceptar que existía, que tenía 80 años. La legión ha tenido que pronunciarse a un señalamiento tan claro, pese a que no es por las vías civiles o penales […]. Quizá en cuestiones jurídicas no tiene el eco que yo quisiera, pero es por muchas cosas que no están en mis manos, porque la gente también dice: “¿Y ya lo fuiste a denunciar?” Pero, ¿a dónde,si mi delito prescribe? […]. Por las vías que yo lo hice ha tenido tal efecto, que ya hay dos comunicados y una investigación. Bueno, ellos dicen que van a hacer una investigación apenas, cuando ya tienen los datos desde mil novecientos noventa y tantos. 

Sin embargo, ¡claro que les ha movido! La idea era que les temblara el piso también. Que también dijeran “Okey, lo están señalando con cara”. Ya tiene cara el abusador. No es lo mismo salir a decir: “Yo señalo a fulano de tal”, y nadie sabe cómo se ve ese señor. Este señor, la gente ya sabe cómo se ve: cuando yo lo conocí y como está hoy, en sus 80 años […]. No solo puse yo mi cara, puse la cara de él también, porque el día que el decidió abusarme, él hizo una liga para siempre conmigo […]. Es muy importante entender que las víctimas y sus abusadores tienen una liga interna[…] inquebrantable, porque el daño es permanente, porque el daño no prescribe; el delito sigue para beneficio de ellos. El dolor de la víctima no prescribe.

 

Legionarios de Cristo: red de complicidad y encubrimiento

El problema es que estamos revolviendo dos asuntos importantes de deben tener mucha claridad. Sí, es un abuso sexual pero que nace por parte de una religión, católica, de los Legionarios de Cristo. Son abusos sexuales que tiene una historia ya desarrollada, donde el padre fundador es un pederasta que abusa sexualmente de otros niños, que entre los abusados sexuales está Fernando Martínez, que —a su vez— se vuelve un victimario, un abusador sexual, un pederasta, un depredador. Y en sus manos le vuelven a poner niños para que empiece a abusar de ellos y sin ningún reparo. Y sus superiores lo saben, y en lugar de entregarlo a las autoridades, de ponerle un alto definitivo, no: lo remueven, lo esconden. Eso es muy peligroso. 

Estamos hablando de una red de complicidad, de encubrimiento. Es delicado, es peligroso, aparte de que traen sotana. Entonces, te hablan de Dios, mientras te abusan. Es disasociable, es enfermo. Cuando tú como víctima lo ves, no entiendes por fuera. De pronto, tenemos gente que dice “¡Cómo!, si los padrecitos son buenos”. Señores: son hombres, son mujeres. Tenemos que tomar en cuenta que no importa si lleva sotana o corbata. Los abusadores están en todas partes; los abusadores no piden permiso. No es que les digas “No, no quiero” y se detengan. Los abusadores no te piden permiso. Te abusan sin permiso. Por eso son abusadores. 

Es importante tener los conceptos claros de lo que es el abuso y lo que es el convenio entre dos seres humanos [para tener relaciones sexuales]. No eres persona jurídica hasta los 18 años, no puedes decidir tener relaciones sexuales con un señor cuando tienes 15. Sí, puedes tener un despertador sexual a los 15, pero se llama estupro el delito. Existe, está tipificado. Sigue siendo abuso sexual. 

Es como una sociedad delictiva […] Te voy a decir por qué. Cuando recién hago el señalamiento a Fernando Martínez, en 1992, aproximadamente […], mis padres hacen todo para sacarme de la ciudad [Chetumal]. […]. Nos regresamos a Monterrey, mi madre, hermana y yo. Mi padre regresa después de finiquitar los asuntos allá. […] En el momento que hablo, mis padres hablan con el obispo. En aquél tiempo era Jorge Bernal, [quien] les dice que no metan una denuncia penal, porque me iban a revictimizar[…], que me iban a esculcar, a meter los dedos, a toquetear, que iba a ser impactante para mí […]. Muy inteligente [el obispo], para unos padres tan jóvenes en aquella época. Confiaron en la autoridad del colegio, se asustaron muchísimo, los sobrepasó la situación, evidentemente. Se sentían solos […] No hay que olvidar que también eran individuos solitarios en esa ciudad, aunque los conocían, [eran] sociedades cerradas. 

De ahí hubo junta en el colegio [con padres y madres], en donde vino el representante de la legión a nivel Latinoamérica, Eloy Bedia. [También] estuvieron los inversionistas del colegio. [Dijeron]: “Por favor, no hay que hablar de esto, porque este es el colegio de nuestros hijos. No podemos estar esparciendo este tipo de rumores, de historias, que lo único que van a hacer es alejar a otros posibles niños de que entren”. Bedia llegó a decir que “Hay que comprenderle [a Martínez] porque él es hombre”. Tenía su razón para hacer ese tipo de cosas. Estamos hablando de superiores. 

[…] Toda la prelatura de Chetumal se debió de haber enterado. Si se enteró el obispo, se enteraron todos. El obispo vivía en la misma casa de Fernando Martínez. Desayunaban, comían y cenaban juntos. Todos los días. Eso de que no se enteró […], ¡por favor! Eso es inadmisible. Eso de que no trajeron a otro representante [Bedia], no soy la única que señala que había otros representantes; están saliendo más testimonios donde lo señalan. Esta es una red de encubrimiento. 

[Hay] otros casos, como el de Vladimir Reséndiz […], padre legionario de cristo, mexicano, que abusó de tres niños. Su superior se llamaba Guillermo Meade. Hoy está encargado de […] los colegios de Monterrey. Si tú le preguntas a [Meade], dice que no se dio cuenta, que no vio nada, cuando era su superior […]. Como me dijeron a mí, ahorita:se atreven a decir que apenas se van a poner a investigar, porque no sabían […]. Estos tipos manejan este diálogo de “Yo no sabía”. Y como “yo no sabía”, cómo creen que va a ser culpable. 

[…] Se hicieron dos juntas de padres de familia. Mi mamá se acuerda que hasta vino otro sacerdote que estaba en Islas Mujeres, de apellido Penilla [Jesús Martínez Penillas],quien también es señalado de pederastia. Está en Bonampak, ahí donde esconden a los pederastas, o en Salamanca, que ya cerraron. Ahora salió un reportaje de Proceso donde estaba Atilano y Fernando Martínez, los dos señalados de pederastas, escondidos en Salamanca. Ahí,en el noviciado. Los ponen con chiquitos para que se despachen con la cuchara grande. ¡Ah!, pero dicen que son mayores de edad, como si a los mayores de edad no se les pudiera abusar. 

 

Marcial Maciel: el origen

Otra vez, volvemos a lo mismo: es una red de encubrimiento, de pederastia desenfrenada. ¿A qué se debe? Pues, otra vez, revisemos la conducta de Maciel. No necesitamos hacer un research profundo que ya hicieron otros. Si nos vamos a la entraña de la legión, el creador de la legión, ¿quién es? Maciel. ¿Cuál era su modus operandi? Ese: el del abuso sexual, el de la pederastia, el del encubrimiento […]. […] Por ejemplo, hay chicos que estuvieron en los noviciados, que les quitaron el contacto absoluto con sus familias. Ellos dicen que pasaron no sé cuánto tiempo sin hablar con nadie y que empezaron a tener depresiones; se empezaron a volver locos. Hay otros que son sacerdotes; con el trato que les dio la Legión, empezaron a mermar en su salud psicológico. Empezaron a tener depresiones, angustia, problemas, enfermedades en centros psiquiátricos. [Todos fueron] abandonados por la legión. 

Esto no es de hoy o de antier. Es desde la época de Maciel. Fernando Martínez es cofundador; es macielista. Es de los primeros reclutados, por decirlo así. Él y todos sus hermanos. Haciendo un research de su historia familiar,todos sus hermanos se regresaron y no quisieron ser sacerdotes. Todos fueron víctimas de Maciel. Él único que se quedó fue Fernando Martínez. Lo que yo te explique es enfermo, pero la forma en que estos individuos perpetúan su mensaje es por medio del abuso. 

Lo que estoy diciendo, parece como secta, una locura; pero de verdad. Ya he leído tantos libros [sobre eso]. Está también el documental Examen de conciencia. Esa forma de operar en México [es] en todas partes del mundo. Hayotras vertientes religiosas como los maristas, los de Monserrat en España y en otras partes del mundo […] Vas a decir: no es posible. Lo que estoy contando no es de gente loca. Esto pasa en todas partes del mundo. Estos tipos tienen el gusto por abusar sexualmente de niños y niñas.

 

Mujeres: eternas Evas. No hay perfiles específicos: te violan y te abusan porque pueden

Tenemos que concebir los diferentes tipos de abusos que hay y llamarlos con nombre y apellido para que la gente entienda en donde está parada […], porque lo más fácil es señalar a las mujeres, las eternas Evas. Tienen sexo en la Iglesia con nosotras […]. La única buena es María, porque es virgen. Las demás somos unas putas. Es importante remarcarlo [para] ver qué papel hemos jugado en todo este tiempo con la Iglesia, con las religiones. En dónde estamos paradas y por qué pueden abusarnos, por qué ellos creen que pueden abusarnos. Porque les gusta. 

[…] Estos tipos, aparte de que abusan dictan las normas de su mundo. Dicen, qué es peor, qué sí, qué no. Y cómo los avala un Dios en el que la gente cree; una configuración de Dios que ellos han hecho y que le han hecho creer a la gente que es así. Pues, peor para nosotras. Dicen: “Tú mujer, eres peor por abortar, ¿cómo no aguantas?, ¿cómo te quejas de un abuso sexual, si tú abortas? Es peor lo que tú haces a que te violen”. Son cosas que no se nos deben perder de proporción […], viendo las señales claras de cómo se sigue perpetuando [ese pensamiento] y más en la Iglesia y en las legiones, como la legión de Cristo, el abuso hacia las mujeres […]. Te violan y te abusan porque pueden, porque saben cómo, porque estás chiquita o porque eres mujer y no estás tan fuerte como el hombre o porque te pueden embaucar. Porque pueden lo hacen. Que si no pudieran no lo harían.

No hay perfiles [par aun violador]. El abusador no avisa, no pide permiso. No te pone en alerta, en cuestión de los niños. Los adultos tenemos un poco más de herramientas para poder ver, y a veces no. A veces no les ves una pizca de maldad o no sabes discernir. Aparte, saben elegir víctimas. En mi caso, me eligió Fernando Martínez porque era una niña solitaria, porque no tenía amigos, porque acababa de llegar al colegio, porque venía de otro estado. Era una niña sola que con nadie hablaba. ¿A quién le iba a contar que el padre me estaba abusando? […]

 

Anonimato. Romper el silencio cuando nos enseñan a callar. Justicia como utopía

[El anonimato/confidencialidad] es un derecho de la víctima. Entiendo el proceso de quedarse callada durante tanto tiempo. Yo fui anónima durante mucho tiempo. Quizá no señalando, pero fui anónima en mi padecimiento, en lo que yo sufrí y viví. Y no solo fui anónima: fui una víctima que se calló. Hoy me doy cuenta, cuando hablo con muchas personas a mi alrededor […] que me dicen por qué nunca me dijiste. Nunca me di cuenta que no le dije a nadie, que aprendí a callar. Nos enseñaron a callar. A las víctimas nos enseñan a callarnos. Está en nosotros romper ese silencio, porque un día entiendes que tú no hiciste nada malo y que tú no tienes por qué tener ver vergüenza de lo que viviste, porque tú no fuiste partícipe de ningún delito. Al contrario, fuiste en quien se infringió el delito, en quien se cometió el delito. Eso te da derecho de alzar la voz y decir “No es justo”. A mí me dicen, hoy por hoy, “Ojalá y se te haga justicia”, y les digo: Justicia es que nunca me hubiera pasado […] La justicia no la voy a conocer porque no existe, porque es una utopía. 

Lo que puedo hacer es abrir la brecha y los caminos para que otras víctimas vean que permanecer en el silencio no es lo correcto […] Nuestros abusadores no son solo esos, porque se presentan en diferentes etapas de nuestra vida. A mí me tocó a los ocho años Fernando Martínez, pero luego me topé con otros en la vida […] Hoy que hablo, yo sé que los abusadores van a tener al menos cuidado conmigo. Porque saben que yo sí hablo. Entonces, puedo romper el círculo del abuso en mi vida y la cadena del abuso que es tan esclavizante. 

[…] La figura de Fernando Martínez se me ha presentado en algún novio, en algún jefe, en otras figuras. Ahí la he vuelto a ver, en donde se abusa de ti de una u otra manera y no es correcto. Y tú se lo permites porque te quedas callada […] Y entonces te vuelves quien lo resiste todo […] porque soy muy fuerte, y no. Esa no es la entraña de la fuerza. De ahí no sale la fuerza, no de la resistencia a lo indebido, a lo inaceptable. Eso es resignación, es acomodo, programación de lo injusto que ya está tan desesperanzado, tan echado, doblado, que simplemente lo soporta. Pero soportar no es ser fuerte. Son dos términos diferentes […]. La fuerza en mí no tiene que ver con lo que soporté, sino con lo que ya no pienso soportar. Esa es la diferencia, y ahí es donde se bifurca el término de la fuerza; se amplía. Es importante dejarlo claro. 

Por el hecho de quedarnos callados es que siguen sucediendo hoy por hoy los abusos, una y otra vez, y esta gente se hace más poderosa El abusador se empodera en el silencio de la víctima y perpetua sus abusos en la inacción de la víctima, en la inercia […] de la víctima. Cuando se aburre de abusarte a ti, va a abusar a otra. Y si se sigue quedando callada, va a seguir perpetuando esos abusos sobre el silencio de sus víctimas. Es importante tenerlo tan claro, que el silencio y escondernos no nos ha ayudado de nada. Eso es justo lo que no tenemos que hacer […] Lo primero que te enseña un abusador es a callar. Qué es lo que enseña una madre, un padre de familia a su hijo, hija, a una víctima: a callar […] Es una fórmula repetitiva.

Esa no fue mi historia, hasta unos años después. Yo hablo con mis padres. Mis padres accionan y empiezan a suceder las cosas y me doy cuenta que la sociedad me empieza a callar. Y un día aprendí a callar, porque si yo lo señalaba, a la única que iban a agraviar es a mí, pues el abusador nunca te da la cara.

 

Creerle a la víctima es tomar acción

[las niñas y los niños] no son personas jurídicas, no pueden presentar una denuncia hasta los 18 años. Sus padres responden por ellos. Yo tenía ocho años; [estaba] en total indefensión por parte del Estado […]. Todavía no podía alzar la voz y que mis derechos se hicieran valer […]. Tus papás deciden cómo van a llevar las situaciones. Cómo niño, ¿qué haces? Permaneces en el silencio, callado, resguardado y protegido. A mis papás les aplaudo su labor. Lo veo desde afuera, y digo, claro, desde niño estás esperando que accionen los grandes, no tú. Desde ahí, las víctimas de abuso sexual infantil aprendieron a no hacer nada, que otros lo hagan por ellos. Eso es lo que hemos dicho en repetidas ocasiones. 

Yo salí para hablar de mi caso, pero hay otras víctimas que no van a salir. Están esperando que, si se logra algo, sea por medio de mí. “Ya lo logró ella, ya estoy bien servida porque yo no moví un dedo”. Siempre alguien lo tiene que hacer por mí, porque así aprendí que me defienden del abuso. Nunca toman de pronto las riendas de su propia experiencia para darle frente. No es un juicio de valor. No se dice si es bueno o si es malo. Creo que hay cosas que,como seres humanos, están dentro de nuestra jurisdicción, dentro de nuestra capacidad de accionar. 

Creerle a la víctima es tomar acción […] Es la puerta que abre, el camino hacia la verdad, al menos. Porque la verdad y la justicia son dos cosas diferentes. Cuando yo hablo de justicia no es porque no tenga esperanzas en este mundo. Al contrario, tengo la esperanza, pero siempre he dicho que la justicia es que nunca […] ningún niño tenga que pasar por un abuso sexual […]. Es un acto que te ha hecho pedazos la vida. Lo que no entiendo es qué nos falta para creer si nosotros como mujeres hoy por hoy somos vulnerables. Se cometen feminicidios más que nada en el mundo, somos las más violadas, las más abusadas, no estamos en la misma posición de derechos. Todavía tenemos un camino que recorrer, todavía estamos en la lucha de la igualdad, de la equidad. Por qué no creemos, si las estadísticas dicen que a las que más abusan sexualmente es a las niñas, las mujeres. 

[…] Si nos ponemos a revisar nuestras propias historias de vida y podemos encontrarnos con que nos han acosado, nos han abusado o nos han hecho de todo desde que somos niñas, ¿por qué no puede venir a contarte algo tu hija y no se la crees? […]  ¿Qué nos hace falta que nos pase para que entonces accionemos? ¿Por qué tienes que enseñarles tú a tus hijos a enseñarles a quedarse callados, porque a ti te enseñaron que quedarte callado es lo único importante, que es lo mejor que puedes hacer?

 

#MeToo y Armando Vega Gil. Sus decisiones no deben hacernos claudicar

De Armando Vega Gil no lo conocí, pero puedo decir que su forma de decir: “Soy inocente”, fue muy violenta […] El acto de Armando Vega Gil, no tengo palabras bonitas para decirlo, pero, de verdad que se cagó en el MeToo. No tengo otra expresión para decirlo […]. Él, y otras personas que han sido señaladas [de abuso, violación o acoso sexual], hubiera tenido todo el derecho [de defenderse], porque era un señalamiento anónimo […]. 

[…] Hay que tener bien armadas este tipo de acusaciones, para que el movimiento no pierda veracidad. Y si hay 100 víctimas que no dan la cara, hay una que sí […]. Creo en el movimiento, por eso lo cito en mi tuit y marco copia al movimiento [cuando publicó su caso], pero debemos entender que como sociedad evidentemente ya somos más escépticos y necesitamos claridad no variedades. [El suicidio de Vega Gil] fue una exhibición pública, fue un cierre teatral, muy magistral, muy dramático, digno de una puesta teatral. De ese tamaño fue su mensaje. Fue impactante y lo logró. Logró también vulnerar de sobremanera en México al movimiento […]. 

Para las mujeres y hombres que se animen a hablar a través del #MeToo, chequen las bases […] la información […]. Tienes que checar si encajas en ese tipo de denuncias. El mío encaja perfectamente, porque soy una víctima con rostro que señala a su abusador con rostro, y que da datos duros de cosas que sí pasaron y que están documentadas. Entonces, es rastreable mi caso. No tiene que ser el de cualquiera, porque hay niñas o niños que fueron abusados a los cuatro años y su configuración de los recuerdos es diferente. También hay niñas que tienen muy presente [lo que les sucedió], y empiezas a sacar datos y haces un trabajo. 

Yo hice un trabajo muy profundo para darme cuenta de todas las áreas en las que estoy muy dañada por Fernando Martínez y que se han vuelto a presentar una y otra vez, y también para reconstruir la historia y entender por qué me pasó, [saber] en dónde estaba mi vulnerabilidad, aparte de ser niña […], y también entender mi espacio en el mundo como víctima, y ahora como sobreviviente. Estoy dando pasos para accionar, para invitar a la gente a activarse en sus propias vidas, para no quedarse en la inercia de las cosas, en el silencio del tiempo, perdidos o echando gritos en los desiertos. Eso es lo que a mí me impulsa, y decisiones como las de Armando Vega no deben de hacernos claudicar […]. 

Yo tenía ocho años, me abusaron sexualmente. Toda la sociedad me dijo que “qué asco” tocarme. Me quedé en el silencio; me traicionaron, me quedé sola. No tuve amigos; lloraba todo el tiempo. Sentí una soledad y una tristeza tan profunda que me dieron ganas de morirme, pero nunca […] a colgarme de un árbol enfrente de un parque. No entiendo. Tiene que haber otras cosas. No digo que sea culpable; sin embargo, la gente tiene que darse cuenta que hay otras razones; que eso no es culpa del #MeToo. 

[Hay] cientos de miles, millones de víctimas que no nos hemos suicidado, [a pesar de experimentar] señalamientos, soledad, injusticia, rechazo, aislamiento, acallamiento, discriminación, vulnerabilidad, tristeza, depresión, angustia, ansiedad y todo lo demás. Y, aparte, éramos chiquitos. Y, aparte, volteas a ver a tus padres y están tristes y te sientes culpable de ver a la gente que más quieres entristecida por algo que te pasó a ti. Todo esto junto, y no nos fuimos a suicidar. 

 

Sexualidad: llamar las cosas por su nombre para evitar abusos

Una niña, un niño no tiene por qué llegar a decirte algo elevado sexualmente […] como los adultos […] Cuando un adolescente te dice “Me hicieron esto, me tocaron” o me abusaron o como te lo vaya explicando, hay que poner mucha atención en las palabras que se utilizan […] y, por supuesto, creer a la víctima. ¿Por qué […] un adolescente o un joven o un niño […] o una niña, por ejemplo, en mi caso, de ocho años, iba a mentir acerca de que me estaban abusando? 

Yo no tenía ni idea de lo que era el sexo, en mi caso. Yo no me imagino a niños más pequeños que tienen otros elementos o que quizá no los tienen para poder hablar acerca de un abuso […]. Tenemos que ser puntuales con los niños. No estamos en momento de tener reservas. Desgraciadamente, las cosas están para que estemos alertas, porque somos el número uno en abuso sexual infantil en el mundo. No estamos en momento de decirle manguera al pene y coño a la vagina. Estamos en el momento de llamar a las cosas por su nombre y evitar que nuestros hijos crezcan en el abuso, en el dolor, repitiendo patrones y figuras descompuestas que de pronto tienen otras personas que han padecido este tipo de experiencias y que —hasta hoy— los tienen inmersas en círculos en donde ya no son víctimas sino victimarios, como el caso de Fernando Martínez.

 

Abuso sexual: el delito no debe prescribir 

Al ver el impedimento que tengo de señalar en materia penal o civil a este personaje después de lo que me hizo, todo porque ya pasó el número de años, voy a tener una junta en el Senado, para luchar para que este tipo de delitos no prescriban. No puede ser que no haya un Estado de derecho para estas víctimas. Actualmente, la legión se pronuncia y pide perdón por los abusos de Fernando Martínez, […] pero nunca especifica de qué abusos estamos hablando. Estamos hablando de abusos sexuales. Y luego manda a [la agencia estadunidense] Praesidium […] a revisar el caso. Para reinvestigar, será. Pero la contratandiciendo que les importante tantísimo saberlo cuando ya lo sabían. ¿Por qué? Porque pueden venir ellos a violentar los niños mexicanos y a impartir sus normas y su concepción de justicia en un Estado en donde no tenemos quien nos defienda. Como víctima estoy en la total indefensión por parte del Estado. Eso me vulnera muchísimo ante una legión de este tamaño, porque cualquier víctima puede experimentar miedo a raíz de eso. 

Otra de las cosas que me interesan es la recomendacióndel Comité de los Derechos de los niños de Naciones Unidas para que se investiguen los casos de abuso sexual clerical y religioso, porque no hay que olvidar que somos el número uno en abuso sexual en este país. Creo que no podemos ponerle más atención a los casos que salen de violencia familiar que a los casos que salen del clero. Merecen igual investigación y premura, que la ley trabaje en forma expedita, que dé resultados, que se atienda, porque los niños también —esta es una realidad— tienen menos miedo de hablar y […] eso favorece a los tiempos de la ley. Sin embargo, debemos entender que no siempre fue así […].

Hoy hago público mi caso. Pese a que mis padres lo conocían, intentamos hacer muchísimas cosas en 1992, 93, cuando yo destapo todo lo que me está sucediendo con este señor. Sin embargo, eso no valió de nada, porque hubo alguien que coartó que mis padres fueran a actuar de otra manera. Por supuesto, aprovechándose justo de la sotana. Cuando tú eres joven, como mis padres, que tienen otro tipo de educación, todavía sentían un respeto profundo […] Ahorita ya no vemos las cosas igual. 

Es importante que víctimas como yo, o como los “8 magníficos”, como les llaman a las víctimas de Maciel, es la oportunidad de ser validados. Y muchas víctimas más, porque todavía faltan las que vienen en camino, por este tipo de personajes que han aprendido a silenciar a las personas, porque “Diosito te lo va a agradecer”. La virgen María calló y aguantó que le dieran de palos a su hijo en su cara; calló en la obediencia. Entonces, tú debes de callar igual. Aguas. Estamos ante una situación alarmante, porque ahí juegan con los criterios, con la moral, con la gente de buena fe. 

Como le dije a una persona, que [señala] que los legionarios se están burlando de mí, porque ellos están tranquilos. Fernando Martínez sigue oficiando misas y haciendo su vida normal, pese a que yo lo he señalado, y [que] es una burla hacia mi persona. Y yo le [contesté]: se reirán de Dios, de la fe de la gente, de los niños del mundo, del dolor humano, de la justicia, de la verdad, del papa y su tolerancia cero. Se ríen de los justos, de los buenos, de los fieles creyentes, de los heridos por sus abusos. Fernando Martínez [se ríe] con celebrar misas, celebrando haber sido abusado en su infancia y de la impunidad, que también él es víctima de su propio dolor, de lo que terminó por convertirse.

De mí no se ríe nadie, ni ellos ni nadie, porque la verdad está de mi lado y mi mundo es más sublime que ese y que ellos. Hoy tienen que construir para poder encajar, porque en el mundo de nosotros, de la gente, que seríamos incapaz de perpetuar el dolor y el abuso de cualquier persona, no encajan. Ellos son los inadaptados no nosotros. Nosotros estamos por el camino adecuado, con todo y defectos. 

 

Las otras víctimas 

Sí tengo contacto con otras víctimas. No van a hablar. Están de forma anónima. Tienen miedo. No les enseñaron a hablar. Hay que entender. A nadie nos enseñaron a hablar de esto. Estas cosas son privadas. Las cosas nadie tiene por qué saberlas, como si fueran malas, como si tu hubieras hecho algo malo. Aparte, de pronto, algunos comentarios de la gente dan miedo, los cuestionamientos. Yo estoy lista para contestarles, aunque no me guste lo que me pregunte […] A que me digan que la culpa es mía, porque yo de chiquita soy puta y me gusta que me violen. Ya estaba mentalizada, y que este tipo de cosas las iba a escuchar. 

Cuando decidí salir, dije: va. [De todos los comentarios], losque más me dolieron fueron de los cercanos, no de los distantes, porque no los conozco. Pero de los cercanos que crees conocer a las personas, sus escalas de valores; de pronto, no las reconoces. Es muy doloroso. Definitivamente no es para cualquiera […] Me han hecho preguntas tremendas: ¿Cómo te tocó? Pues sí me abusó, ¡claro que me tocó! Lo que quieres es que yo te diga cómo me tocó, cómo me lo hizo. Y yo no estoy dispuesta a entrar en ese terreno, porque eso sí es mío. 

Yo digo con todas sus letras lo que yo viví: un abuso sexual […] y no lo he puesto otro nombre. Claro, sé cómo la gente lo puede tergiversar. El abuso sexual es muy amplio, y yo puedo decir que fue abusada sexual, ampliamente, en todas las áreas. Todo lo que tuvo que hacer ese señor para tocarme es monstruoso y hasta hoy me duele. Es lo mismo que les duele a estas víctimas, porque también ellas fueron traicionadas, su corazón fue roto, sus infancias fueron marcadas, también han de ver repetitivamente la imagen de Fernando Martínez una y otra vez en otras cosas, en su vida. 

Quizá van a otro ritmo que yo, y quizá cuando ellas estén listas, evidentemente, aunque sea desde la confidencialidad, podrán dar al menos su testimonio. De pronto, yo no puedo, digamos, traicionarlas en lo absoluto. Al contrario, me siento respaldada por ellas. Me han mostrado su apoyo, me sostienen mis dichos. Siempre están como detrás de mí, alentándome, diciendo cosas bellas, que siga con esta labor, y siempre me dicen: “Tú eres la que pones la cara y tú eres la que está recibiendo los golpes de nosotras, y no tenemos como agradecerte para que hayas abierto esa puerta”, porque también las hizo emerger […]. Si el hecho de que yo emergiera ha ayudado a otras u otros a emerger con mi labor, por mi parte tengo más de lo que tenía en 1992, 93. Es más de lo que tenía. 

Hoy, al menos, Fernando Martínez está señalado como abusador sexual y saben que él hizo algo y no va a morir en la condecoración ni en el aplauso. Yo decía, ¿cómo es que ese señor esté tan tranquilo, recibiendo aplausos de parte de toda una legión, cuando es un abusador? Al menos, la gente ya sabe quién era Fernando Martínez. 

 

La niña de ocho años que habla, la mujer de 35 años que reflexiona 

Lo he dicho todo. [Estoy] agradecida por los espacios [medios de comunicación] y, por supuesto, tengo la plena confianza. Pero siempre repito que el trato de la información sea lo mejor posible para que el mensaje llegue funcional para la sociedad. Que la gente comprenda los espectros del abuso, que no es único, que es un espectro muy amplio, y que puedan entender mi visión. Mi visión actual sí, pero cómo configuré todo cuando tenía ocho años. Que a la hora de juzgarme o de señalarme o de cuestionarme, no se olviden que, en el lugar de los hechos, mi mente es de una niña de ocho años. En la configuración y el desentrañamiento de los hechos, mi mente es de una mujer de 35 años. Es diferente. 

Mientras eso quede palpado en la publicación, yo creo que estamos haciendo la labor adecuada [para] hacer emerger a las mujeres. ¿Cómo es posible que yo sea la primera mujer para hablar de un caso de estos, cuando hay muchísimos más? […]

Lo que buscamos es emerger en la equidad. ¿Por qué [los hombres] nos tienen que abusar, por qué somos mujeres?Entiendo el feminismo como la búsqueda de la equidad de género, en toda su amplitud. De vivir en plenitud como cualquier ser humano. El hecho de ser mujeres no tiene por qué ponernos en una situación de vulnerabilidad, ante los derechos y las obligaciones […] [Debemos] poner de moda la sororidad, una palabra interesante […] Creo firmemente en el feminismo, porque lo conozco. 

 


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