Reportajes

Este 8 de marzo #Nosotrasparamos, no más desigualdad laboral

*Trabajan mujeres, sí, pero en desventaja.


* *Tienen bajos salarios, carecen de seguridad social y son acosadas en el trabajo.

Redacción

Alicia Mendoza, María García y Gabriela Ramírez
SemMéxico. Cd. de México. 6 de marzo de 2017.- Las mujeres trabajan, de eso no hay duda; sin embargo, lo hacen en condición de desventaja. En el sector formal en donde por cada mujer hay dos hombres, obtienen un menor salario; enfrentan obstáculos para ascender a puestos directivos y experimentan segregación laboral y acoso. En el sector informal, son mayoría y carecen de todo tipo de servicios y seguridad social, para ellas y sus hijos.

Las mujeres enfrentan una probabilidad cuatro veces mayor, de abandonar sus estudios y no trabajar, que los hombres, sobre todo porque en la generalidad, siguen siendo las únicas que se dedican al cuidado de las y los hijos y las labores domésticas.

Esta realidad, parece no haber cambiado en la última década, de acuerdo con el informe “Construir un México inclusivo: políticas y buena gobernanza para la igualdad de género” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

El informe indica que, de revertirse las brechas salariales y laborales entre hombres y mujeres para 2040, la fuerza laboral femenina se traduciría en un aumento aproximado de 1 mil 100 dólares del PIB per cápita.

De acuerdo con el informe, el 47 por ciento de las mujeres en edad productiva trabaja, en contraste con el 82 por ciento de los hombres.

Carmen Ponce, economista, especialista en temas de género, aseguró que en el caso de las mujeres en el trabajo informal, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) , ellas laboran en micronegocios urbanos no registrados ante la autoridad tributaria, como el comercio ambulante; pero no solo.

“Las otras modalidades de la informalidad son las empresas o instituciones que no le dan acceso a la seguridad social a sus trabajadoras y trabajadores; abarca la agricultura de subsistencia, el servicio doméstico remunerado de los hogares, así como todas las variedades de trabajo que, aunque ligado a unidades económicas registradas o formales, las mujeres desempeñan su labor bajo condiciones de desprotección laboral”, expresó.

La especialista explicó que esta precariedad laboral, genera desigualdades. “Actualmente, por cada 100 hombres en condiciones de pobreza hay 117 mujeres ellas tienen los salarios más bajos”, señaló.

Dijo que hay diferencias entre quienes cumplen una jornada laboral de más de 48 horas a la semana, el 19.4 por ciento son hombres y el 41.5 por ciento son mujeres.

“¿Esto en qué se traduce? En bajos salarios y en que son trabajadoras sin prestaciones sociales, sin escalafón sin sindicato y seguridad social”.

En cuanto al ingreso, dijo, sucede lo mismo: quiénes ganan un salario mínimo, el 21.9 por ciento son hombres y 24.4 por ciento son mujeres; en contraste, cuando son más de 5 salarios mínimos solo el 8 por ciento son mujeres, y 10.8 por ciento son hombres.

Frente a la desigualdad salarial, la diputada Flores Estela Rentería, del PRI, presentó el 2 de marzo una iniciativa para combatir la brecha salarial de género, que busca adicionar el artículo 86 de la Ley Federal del Trabajo y garantizar que en todos los centros de trabajo sea colocada la información salarial de manera pública, física o en sus sitios virtuales, para que no haya incertidumbre sobre el carácter igualitario del salario.

“La iniciativa tiene como objetivo combatir un problema no menor, combatir la brecha salarial de género, un asunto que apremia, un asunto que nos ofende y que nos recuerda que de nada sirve o de poco sirve tener aquí (en el Congreso) paridad entre hombres y mujeres si eso no impacta allá afuera a las mujeres que más lo necesitan y en las que hemos generado tantas expectativas en beneficio de su desarrollo en todos los ámbitos de la vida social y económica de nuestro país”, señaló.

Explicó que la iniciativa se deriva de lo que la propia ley señala, pero que en México no se cumple, a trabajo igual, salario igual. “Si bien es cierto que toda mujer puede constatar si su trabajo es igual al del varón, no puede revisar si el mismo caso ocurre con su salario, lo cual ha generado una brecha de género en México, que acorde a la información de la OCDE asciende al 17 por ciento”, expresó. La iniciativa fue turnada a comisiones.

La senadora Diva Gastelúm, presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género en el Senado, coincidió que en el ámbito laboral hay pendientes para las mujeres.

“En el tema laboral, sí es verdad que no hemos hecho lo suficiente por las resistencias que tenemos. Con la reforma laboral que el presidente (Enrique) Peña impulsó, logramos algunas cosas: el tema del acoso sexual y el hostigamiento laboral; pero yo me pronuncio porque tengamos una reforma transversal con perspectiva de género, ya que todavía no la hemos alcanzado”.

Incluso aseguró que esta reforma transversal a la ley laboral con perspectiva de género, debe abordar el tema de la brecha salarial entre hombres y mujeres.

“Esa es la brecha que tenemos que cerrar. Tenemos que acabar con esta desigualdad laboral”, expresó.

Pero mientras en el Congreso se ponen de acuerdo, la realidad en las empresas es dura para las mujeres, donde muchas viven, no sólo la brecha salarial, sino distintos tipos de violencia y acoso laboral.

Kristhal Vergara relató que trabajó en una franquicia de comida rápida donde el lema principal era: “¿Qué no puedes? Si no puedes, renuncia”.

“Necesitaba y quería ganar más y me dijeron que tenía que aprender otras cosas para poder subir de puesto. En una ocasión el gerente en turno me obligó a hacer un inventario dentro de la cámara de refrigeración, yo no me di cuenta cuando él cerró desde afuera una de las dos puertas, dentro forcejeamos porque intentó abusar de mí, terminé con los brazos llenos de moretones porque no dejé que me hiciera algo”. Después renunció.

Alejandra cuyo nombre real no quiere que aparezca, contó que laboró en la Secretaría General del Instituto Politécnico Nacional, donde vivió un acoso laboral por lo que terminó renunciando.

“Cuando me integré a trabajar en la Secretaría General del IPN me dijeron que había muchos proyectos que realizar, en un primer momento se me dejó trabajar para cumplir los objetivos, los cuales implicaban apoyar a las demás áreas de la Secretaría.

“Conforme el tiempo pasaba noté que me distanciaban de mi jefe inmediato y se me prohibió hablar con el sobre el trabajo que venía realizando, nunca me dieron una explicación, solamente me enteraba por voces de otros, a nivel de chisme, que ya no me tenían confianza porque yo hablaba con los del “equipo contrario”.

Dijo que después comenzaron a enviarle tarjetas y oficios firmados por el Secretario del área en donde se le informaba que dejaba de coordinar algún proyecto, que ya no era parte de un comité o que entregara el trabajo realizado a otra persona, sin decirle cuál era el motivo, hasta que dejaron de asignarle trabajo.

Tanto Kristhal como Alejandra han sido víctimas de lo que se conoce como acoso laboral o “mobbing”, y forman parte del 52.5 por ciento de las mujeres trabajadoras que ha sido acosadas por su jefe, según datos de Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres (ENVIM) 2011.

El 42.1 por ciento de las mujeres víctimas de acoso laboral, que en ocasiones puede llegar hasta el acoso sexual en el trabajo, laboran en una fábrica o taller; el 31.3 por ciento en una empresa privada o banco; el 29.1 por ciento en una institución pública; el 17.8 en un comercio y el 17.5 por ciento trabajan en el servicio doméstico.

En 2012 OCCMundial, sitio líder en México para encontrar empleo, encuestó a más de 2 mil profesionistas para obtener cifras sobre el acoso laboral o “mobbing” en México, y encontró que el 51 por ciento de las personas encuestadas habían sido víctimas de acoso laboral en algún momento de su vida.

La Organización Mundial de la Salud define “mobbing” como una situación de violencia o acoso recurrente dirigida hacia una persona con el objetivo de aislarlo de un grupo laboral; se caracteriza por conductas crueles y hostiles que se convierten en una tortura psicológica para la víctima. Algunas manifestaciones pueden ser: rumores, difamación y calumnias, aislar o excluir a una persona, insultos o motes, ignorar o no dejar participar a una persona y amenazar.

Indica que las consecuencias para las víctimas de este tipo de abuso se traducen en problemas psicológicos como angustia y depresión; físicos como pérdida de peso, dolores de cabeza o insomnio; laborales como caída del rendimiento, absentismo, y sociales como problemas familiares y pérdida de relaciones interpersonales. La mayoría de las mujeres no denuncia.

Si en tu lugar de trabajo has sido objeto de conductas agresivas recurrentes, es momento de actuar para ponerle fin y evitar que afecte tu vida profesional y personal.

Este 8 de marzo #NosotrasParamos es un llamado para visualizar las diversas violencias que vivimos las mujeres en distintos espacios, el trabajo es uno de ellos. El Paro Internacional es una llamada para decir ¡Ya basta! al acoso laboral, al acoso sexual en el trabajo, a la brecha salarial y a la desigualdad en la realización de trabajo doméstico y de cuidado.



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