La Caída

*Ahora mismo las y los trabajadores de La Jornada están en verdadero peligro.


* Foto: Lula Vásquez. La empresa que se siente paladín del periodismo independiente, quiere someter a los y las trabajadoras a admitir la pérdida de sus derechos.

SARA LOVERA

Palabra de Antígona

SemMéxico, 20 febrero 2017.- La Caída fue un libro espectacular de Albert Camus donde se plantea el grave problema humano de la pérdida de conciencia o la conciencia de que nada que se haga cambiará el rumbo en una sociedad que, como tal, ha perdido los valores básicos del ser humano: el amor, la solidaridad, la lucha por la sobrevivencia.
Algo así siento muchas veces cuando observo la respuesta social a problemas urgentes en nuestra hora. El asunto de la caída real de los salarios de millones de personas; la impunidad y la violencia como signo de nuestras relaciones, la corrupción encubierta por los poderes; la enorme insensibilidad frente a la trata de niños y niñas; el “ahí se va”, cuando siguen aumentando las muertes maternas y el feminicidio.
Y también, hacer como si no pasara nada a sectores precisos. Tenemos más de 15 años viviendo la persecución a la libertad de expresión en medio de una crisis de los medios tradicionales, la pérdida de profesionalismo en el periodismo y la creciente cantidad de mensajes tremendistas, en una sociedad que no cree en casi nada y sectores que han perdido la fe en el valor de los medios, como vehículos para enlazar al poder con el pueblo, y al pueblo para hablar mediante esos medios con el poder.
Tenemos perseguidos y medios que atienden sus intereses únicamente. La crisis es tal, que ahora mismo las y los trabajadores de La Jornada están en verdadero peligro, en un callejón contradictorio: la empresa que se siente paladín del periodismo independiente, quiere someter a los y las trabajadoras a admitir la pérdida de sus derechos y, por otro lado, trabajadores y trabajadoras, que piensan en salvar la empresa, creen que en efecto representa un medio “independiente” y están conspirando contra los derechos laborales conseguidos hace casi 30 años.
Increíble que las autoridades de un diario fundado con la gente, construido como una especie de cooperativa, donde son cientos los dueños y accionistas, cuyo nombre nació de la adhesión a las y los trabajadores, que en los años 80 fueron sometidos por el capital a la reestructuración productiva, y que ahora, se vuelve contra su propia historia.
Hay indicios y hechos ofensivos. Algunos directivos ganan igual que el presidente Enrique Peña Nieto, y como ha sido costumbre, yo lo viví, hay personas que, para quitárselas de encima, les mantienen su salario, no importa de cuánto, con tal de que no escriban contra la línea de la dirección. Y hay sectores que siguen pensando que en La Jornada aún se informa de cuestiones que no se informa en otros medios y hay que sostenerla ¡A sangre y fuego!
En fin, que estos hechos me revelan contra casi 50 años de ejercicio periodístico, me hacen pensar que hay izquierdas que no responden a los derechos de las personas, que hay un aparato que ayuda a pensar que vivimos en un mundo que nada tiene que ver con la realidad.
Mis colegas de La Jornada tendrán que armarse o de valor y defender sus derechos, poniendo un nuevo acento a esta nuestra hora.




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