Extraordinarias

“Estoy a años luz de pensar que me acerco a las certezas o a las verdades”: Teresa del Conde

*El pasado jueves 16 de febrero falleció Teresa del Conde Pontones.


* * Docente en la UNAM desde 1975, Del Conde fue funcionaria del Instituto Nacional de Bellas Artes, directora del Museo de Arte Moderno.

Angélica Abelleyra

SemMéxico. Cd. de México. 17 de febrero de 2017.- A los 82 años, cumplidos un mes y cuatro días antes, el pasado jueves 16 de febrero falleció Teresa del Conde Pontones (1935), la historiadora y crítica del arte que marcó huella en el panorama cultural mexicano al retratar, desde un punto de vista analítico, el quehacer artístico de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días.
Lo hizo con un sesgo asequible para los diversos públicos que la leían o escuchaban: llámese su legión de alumnos en la UNAM, su casa de estudios; para los artistas que visitaba en sus talleres y de los que hacía investigación para catálogos y exposiciones; hacia los periodistas que la consultábamos para algún tema relacionado con el quehacer artístico de México y allende fronteras.
Siempre generosa, la doctora en historia ofrecía sus opiniones y críticas en la prensa –como entrevistada o columnista, primero en el suplemento Sábado de unomásuno y luego en La Jornada y en la revista Vuelta- entorno de los tópicos que le apasionaban: el sicoanálisis, el geometrismo mexicano, la generación que bautizó de “la ruptura”, así como sus autores nodales: los pintores mexicanos Frida Kahlo, Julio Ruelas, Francisco Toledo, Rufino Tamayo y Manuel Felguérez, entorno de los cuales publicó libros. O ese conjunto de autores que no constituían un grupo compacto como tal en los años 60 a 80 de la centuria pasada pero que Del Conde acompañó con escritos y apuntaló en exposiciones: Irma Palacios, Manuel Marín, Gabriel Macotela, Roberto Turnbull y los cuatro hermanos Castro Leñero (Alberto, José, Francisco y Miguel), por citar algunos.
Docente en la UNAM desde 1975, Del Conde fue funcionaria del Instituto Nacional de Bellas Artes, directora del Museo de Arte Moderno, integrante del Instituto de Investigaciones Estéticas-UNAM, miembro de número de la Academia de Artes, Medalla de Oro del INBA y Premio UNAM. Sobre todo ello fue amante de la escritura, pasión que dio origen a una cuarentena de libros y a una serie de cartas que intercambió con el también extinto Jorge Alberto Manrique. Este gusto epistolar dio origen a un volumen delicioso, Cartas absurdas (Ed. Grupo Azabache, 1993), donde reina la frescura de ideas, la múltiple ironía, las filias y fobias ante lo escrito “en corto” y se supone no será puesto bajo el ojo extranjero.
Su primera afición artística fue el dibujo. Desde niña hacía trazos de lo que veía y ya como adulta seguía dibujando en medio de juntas académicas, o no. Pero muy joven se percató que su destreza no estaba en ese tipo de líneas sino en aquellas con una liga en la palabra escrita. Así dio origen a libros emblemáticos, en su mayoría con varias reimpresiones: Las ideas estéticas de Freud (Grijalbo, 1987), Frida Kahlo, la pintora y el mito (UNAM, 1992), Arte y psique (Plaza y Janés, 2002) y Una visita guiada. Breve historia del arte contemporáneo de México (Plaza y Janés, 2003). Además, en calidad de entrevistadora (al alimón con su maestro y colega Jorge Alberto Manrique) charló con la galerista Inés Amor -la célebre impulsora de la Galería de Arte Mexicano que marcó los vaivenes del arte plástico en el país durante el siglo XX. Esta labor indagatoria hizo nacer el libro Una mujer en el arte mexicano. Memorias de Inés Amor (UNAM, 1987), convertido en material obligado de consulta sobre aquel pasado cultural.
“La meta de un pintor genuino no llega a alcanzarse nunca, es como el mito de Sísifo: hay que empezar siempre, una y otra vez, con la esperanza de acercarse a la meta”. Quizás estas palabras de Teresa del Conde respecto de los demás le hayan caído como anillo al dedo, cuando buscó esa meta como profesional de la historia y crítica del arte. Y de hecho lo hizo de la mano de su pleno sentido del humor, sus amados “güisquis”, el canto, su pasión por el cine, las lecturas, la fotografía y esa especie de “orgasmo” que experimentaba al ver a “obras con aura” de los maestros antiguos, llámense del Settecento veneciano o Lucien Freud, ejemplos que trajo a México en exposiciones durante su gestión al frente del MAM.
Alguna vez, Del Conde comentó de su maestro Ernst Gombrich, el célebre teórico del arte inglés: él ha sido determinante en mi formación “por su sencillez, parangonable a su erudición; por la frescura con la que expresó sus ideas, porque nunca se tomó demasiado en serio y por su extraordinaria simpatía”. Algunos rasgos del Sir británico sin duda los tuvo Teresa del Conde. Que en paz descanse.
(*) Periodista cultural independiente. Colabora en Canal 22 y en Laberinto, de Milenio.
aabelleyra@gmail.com


Comment Box is loading comments...