Mágica y desparpajada: la Maribel Otero

Era agrónoma, militante de la agricultura ecológica, enemiga de la mutilación de las mujeres durante su trabajo en África, antropóloga y maestra de Reiki.


* En Nicaragua participó en la formación de los primeros colectivos populares feministas.

LA OPINIÓN

SemMéxico. Nicaragua. 9 de febrero de 2017.- Conocí a la Maribel Otero por insistencia de la Maga. Ella hace lo mismo que yo hago con los buenos libros, quiero que todo mundo los lea, y los ando prestando y recomendando. La Maga, quiere integrar en su círculo a la gente que ella ama, a ratos o por largo tiempo, nos quería en ese tiempo a la vez, y nos juntó. La Maribel estaba terminando su tesis de antropología, sobre los brujos de Masaya, y yo escribía sobre Sutiaba. Y nos entendimos de entrada, la visité en su casa de Masaya, donde colaboraba con un colectivo de mujeres, y después pasamos un fin de año en mi casa con Jan y la maga, o sea su perrita, porque amaba a los animales, y las bautizaba como a sus mejores amigas. La Ana Magaly, una poodle mimada, que tenía pánico de mi perro, un rottweiler y dulce, grandote, y fue todo un trauma. En Holanda a la Anita, le había ladrado un perro grande, y pasó en terapia algunos meses. Aquí ninguna, nomás los encerrábamos por turnos, y ¡parte sin novedad!

Esa noche, comimos, nos emborrachamos y a media noche protagonizamos un duelo de flamenco, yo con falda verde volada y bordada de lentejuelas, y ella en shorts. Paro el concurso, porque dijo que si no le daban a ella una falda había truco en la competencia. Le dieron la falda, no se quien ganó aquella noche. Lo que yo sí gané entonces, fue una amiga queridísima, lúcida, solidaria y con una vida asombrosa. Trabajando en la cooperación estuvo en Santa Cruz, Bolivia. Nacida en Toro, Zamora, España, volvió a donde dejó el ombligo los últimos años de la década pasada, cuidar a su mamá, a envolverse en grupos de mujeres locales, y cultivar con Jan, sus berenjenas, fresas, chiltomas y demás frutas y vegetales.

Era mágica, desparpajada, agrónoma, militante de la agricultura ecológica, enemiga de la mutilación de las mujeres durante su trabajo en África, antropóloga y maestra de Reiki, que puso en práctica al lugar donde iba, sea este Masaya o Botsawana, Mali, Masaya, Matagalpa o África. A Bolivia llegó con su esposo Jan Van Putten, holandés, a trabajar con el campesinado, y de allí vino a Nicaragua.

En los muchos mensajes que pusieron sus amigos en su Facebook, un joven boliviano, ahora profesional, cuenta que un día ella lo atrapó robando. Él le dijo, enana de mierda, y ella le contestó: pero no te olvides que te quiero. La semana pasada contó cuánto, el resto de su vida mientras trabaron juntos, ella lo influenció ella para bien.

En Nicaragua participó en la formación de los primeros colectivos populares feministas. Cuando era tan difícil separarse de la sujeción a las tareas del partido, que se llamaba revolucionario, y orientaba dejar de lado la lucha contra la violencia, la igualdad de oportunidades, o el aborto seguro para no enojar a los hombres de los frenes de batalla. Estuvo en Masaya, en Matagalpa y fue parte de toda esa vorágine, que se encuentra, y desencuentra, pero se renueva, y siempre ha tenido a mujeronas que no dejan caer las banderas feministas. Embarcada en promover la autonomía de los grupos de mujeres de Amlae, la organización de mujeres de los oficialistas 1980; y en alianza con ellas, ayudó a formar el Centro Jurídico de Masaya. Trabajó en apoyo logístico de los grupos salvadoreños y hondureños. Cristina Hijar, mexicana, describió la cualidad de Maribel y Jan para apapachar gente en tiempos muy duros y difíciles, cuando parece que el futuro se cae, lo hizo con ella y su pareja en 1983.

En el África, y cito un periódico local de Zamora, España, se registra su trabajo como parte de la cooperación española en el área subsahariana, “desarrollando programas de apoyo a la mujer en materias de educación, economía, organización y salud, y dentro de esta última poniendo especial énfasis en el tema de la ablación, en Mali, Mauritania, Senegal y Guinea-Bissau”. Maribel denunciaba la ablación como un tipo de violencia de género «de la que no se habla», porque «culturalmente está aceptada y se podría decir que está «legalizada» por asuntos religiosos.

En cuanto a la agricultura, en Masaya ensenaba a criar cabras en establos pequeños y pastoreo abierto. Pero además de enseñar técnicas, sabiendo que la agricultura es una actividad humana, y requiere de balance entre actores hombres y mujeres, denunciaba en un foro registrado en el diario de Zamora, que “en muchos países de África y en América Latina, las tareas más duras las realiza la mujer, pero el hombre no reconoce este trabajo. Resulta que regresé hace un año y me he dado cuenta de que la situación femenina en el ámbito rural en Zamora es lamentable, pues mientras que trabajos más duros, como la recogida, los hacen las mujeres, siguen siendo obreras agrícolas frente a los hombres, que manejan las máquinas”.

A mí, cuando la conocí, me dio la impresión de que se había recorrido el mundo, por todo lo que contaba. Con Jan tenían una relación envidiablemente igualitaria, se dividían el tiempo cuando trabajaba uno, para que el oro hiciera voluntariado. Jan trabajo con los niños en riesgo de Matagalpa, Nicaragua, y fundó la asociación La Amistad para intervenciones con niños en riesgo. Maribel era experta en ese trabajo de hormiga. Grupos de reflexión, en un momento fui parte de un intercambio sobre movimientos sociales a propósito de las opciones del feminismo en Nicaragua, pero sobre todo amaba la agricultura ecológica y soñaba con el acceso de las mujeres a la tierra. En una pequeña finca modelo en Masaya, la vi trabajando con decenas de campesinas aprendiendo mejores técnicas de agricultura sostenible.

La despido con las palabras de su compadre, Martin Reynolds‎ de Botswana. “Maribel, personificaste la alegría, la generosidad, y un coraje decidido, y la rebeldía juvenil, con un sentido de desafío duradero encantador y entrañable. Pocas han dejado una marca tan fabulosa en tantas vidas. Sí, nos has dejado muy afligidos, pero también nos has dejado inmensamente enriquecidos con nuestra buena suerte de haber jugado contigo. Yo, por mi parte, honrando a Maribel como le gustaría, voy por lección cuatro de alfabetización, ya Daniela escribe su nombre y sabe leer que: la educación es un derecho de las mujeres.


Comment Box is loading comments...