Exigen disculpa de García Morales

Autoridades estigmatizan a las víctimas llamándolas delincuentes para que la sociedad crea que aquí solo la paga el que la debe.


* Lo menos que hoy merecen los familiares de estos jóvenes es una disculpa del titular de Seguridad Pública.

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 6 de febrero de 2017.- Grave falta, al menos de sensibilidad, demostró la semana pasada el titular de Seguridad Pública de Sonora, Adolfo García Morales, cuando enseguida de la masacre de cinco jóvenes ocurrida en el sector de Las Minitas de Hermosillo, calificó el hecho como un “acto producto de la delincuencia organizada, ya que al parecer en el lugar se dedicaban a la venta de droga” … aunque en el lugar no se encontraron ni drogas ni armas.

Y resulta que el padre de Marcos Vinicio, una de las víctimas, no acepta en lo absoluto que su hijo --graduado de técnico en informática y encargado del pago de la nómina de una empresa constructora-- fuera un delincuente o un adicto. Y urge a las autoridades para que “limpien su nombre” haciendo una investigación de los hechos en vez de sacar conclusiones precipitadas.

Marcos Vinicio era, además, el responsable padre de un hijo de 5 años y de una niña de 3, y quien utilizaba su tiempo libre para jugar futbol en el Centro Hábitat de la colonia en compañía de cuatro amigos más. Uno que quedó lesionado, y tres asesinados por un solitario sujeto armado con una AK-47, la medianoche del pasado martes (no en altas horas de la madrugada como se divulgó para ajustar el horario de la malvivencia).

En un acto de cuerpos presentes y de desagravio en la explanada del propio Centro Hábitat se les dio el adiós a los cuatro jóvenes vecinos del sector entre la consternación y los comentarios de familiares, amigos y residentes relativos a su inocencia, y a lo injusto del prejuicio tanto de las autoridades, como de algunos medios de comunicación y en las redes sociales donde, como suele suceder, fueron sentenciados en la plaza pública.

Ya se volvió una mala costumbre ministerial -y que ha logrado permear en la sociedad- anticipar que los homicidios en la ciudad y en el Estado ( y que van al alza) se deben al crimen organizado, a los ajustes de cuentas y a los cárteles de las drogas. Y, así, cómodamente, mediante ese carpetazo esos expedientes se van a la estadística, como si aun tratándose de ello merecieran permanecer impunes sus autores. Y a las víctimas, estigmatizarlas de delincuentes para que la sociedad crea que aquí solo la paga el que la debe…aunque todos la temamos, sin advertir que mañana o pasado puede ocurrirle a cualquiera y que así será tratado por los las autoridades ¿competentes?

El padre de Marcos asume que su hijo y amigos se encontraban solo circunstancialmente en la vivienda de otro de los asesinados, un ex convicto de robo de vehículo, lo cual, desde luego, no los convierte a aquellos en miembros de la “delincuencia organizada” como lo prejuzgó García Morales, lastimando la honra de las víctimas y de sus familiares. Además, cuando el funcionario señala que “al parecer” se dedicaban a la venta de droga en ese lugar, indica lo que ya es vox populi en Sonora: que la policía ya sabe dónde se ubican los “tiraderos” y las “tienditas” de droga pero que los deja trabajar a cambio de sobornos…hasta que sucede un hecho de sangre que se pretende lavar juzgando parejo.

Lo correcto es, al menos, primero investigar --como lo exige este dolido padre de familia-- y luego emitir algún juicio fundado en más elementos probatorios que en un común denominador. ¡Vaya! Al menos averiguar el perfil de las víctimas antes de sacar conclusiones. De esa manera, además, puede prevenirse que otros asesinatos por diversos móviles puedan disfrazarse como ejecuciones de la mafia.

Lo menos que hoy merecen los familiares de estos jóvenes es una disculpa del titular de Seguridad Pública por tan pronta sentencia dictada en contra de quienes, además, ya no pueden defenderse porque están muertos, aunque en este caso el padre de uno de ellos se haya decidido a levantar la voz por la memoria de su hijo.
#Columna #Sonora #Justicia



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