El Trump nuestro de cada día

Mujeres y Política


* Trump es un ejemplo apenas de las miles de personas que como él, pululan por el mundo

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 30 enero 2017.- Un mundo de locos. Un loco pone de cabeza la economía del mundo de un solo manotazo. Un loco puede idear construir un muro para dividir a las naciones, separar familias, parientes, amigos y amigas. Un loco puede sancionar las libertades.
Ese loco tiene nombre. Se llama Donald Trump. Es el presidente de Estados Unidos de Norteamérica. Y como otros, se despierta cada día pensando a quién fregar. Calificado como racista, clasista, sexista, xenofóbico, por consiguiente misógino, y todo lo que conlleve creer que se es superior por el color de la piel y, en este caso, por el poder del dinero.
Sin duda es vergonzoso. Pero Trump es un ejemplo apenas de las miles de personas que como él, pululan por el mundo. Cada día tenemos noticias de cómo la discriminación provoca miseria, hambre, enfermedades y guerras. De ese tamaño, sobre todo porque el orden se ha invertido y es más importante el poder económico y político que las personas.
Lo políticamente incorrecto en el actuar de Trump, a quien como se dice, le vale lo que digan los demás, se disfraza con promesas y actos de corrupción por parte de muchos políticos que dicen actuar políticamente correctos.
Es decir, gente como Trump gobernando el mundo ha existido siempre. Y es su prepotencia y machismo, aunado al poder económico y el hecho de gobernar a la que dicen es la potencia más importante del mundo, lo que hoy pone en serio riesgo la paz, la tranquilidad, la vida de miles de millones de personas.
En específico a quienes por razones de pobreza han tenido que emigrar al vecino país del norte. Hace algunos años, trabajando con comunidades migrantes conocí todo tipo de historias vividas por los hombres que por diversas razones han sufrido los efectos de la discriminación y que, en el caso de las mujeres, se profundiza por el lamentable sexismo y la misoginia. Y va de la violencia sexual ejercida por delincuentes, asaltantes de caminos y/o polleros, hasta por agentes migratorios tanto mexicanos como norteamericanos.
Mujeres y hombres que, como ya sabemos, se esfuerzan cada día haciendo los trabajos que el pueblo estadounidense no realiza o no quieren realizar, porque consideran que la población migrante es más apta, pues son en la mayoría de las veces, los trabajos de cuidado y limpieza.
Sé que hay preocupación. Trump es tan ruidoso que ha roto la tranquilidad entre ambas naciones, ha extendido la liga hasta donde más da y sigue colgando sobre una vulnerada relación política entre México y esa nación sus afanes xenofóbicos contra la población mexicana y la centroamericana.
Como población nos toca cerrar filas, se ha dicho. Y sí, es tiempo de mirar hacia adentro. Cosa que realmente hace buena parte de la población, así que ahora toca a las autoridades hacer su parte. Y como dice Evo Morales, le toca al gobierno mexicano extender la mirada hacia los países del sur.

Vivir en el contraste

En estos primeros días del año, los municipios donde se invalidaron las elecciones, el gobierno de Oaxaca nombró administradores, todos hombres. Sin duda la política interna oaxaqueña discriminatoria (hablando de Trump) hacia las mujeres se cocina con “naturalidad” desde la Secretaría General de Gobierno, desde donde –dicen quienes saben- se despachan recursos y documentos oficiales en apoyo de algunos munícipes que contra toda reglamentación no quieren a las mujeres en las sindicaturas ni tampoco en las presidencias municipales. No sería extraño, recordemos que el hoy Secretario de esa dependencia, fue uno de los orquestadores que se opusieron a la paridad entre mujeres y hombres en la fallida reforma electoral y que dejó en indefensión a las mujeres de municipios que se rigen por sistemas normativos internos.
Y es de contrastes si consideramos que el gobernador Alejandro Murat se comprometió esta semana en que el feminicidio no va a pasar más en Oaxaca. Ahí está ya hecho el compromiso, veremos de qué está hecho el mandatario para enfrentar al machismo, la misoginia que llevan a la violencia cotidiana en Oaxaca.
Eso implicará que cada hombre y algunas mujeres se saquen al Trump que llevan dentro. Uno de esos casos es el lamentable suceso protagonizado por el conductor de noticiarios locales, Jaime Velásquez, contra una trabajadora de la policía vial en Oaxaca de Juárez.
Pero este es solo un botón de muestra. Todos los días, a lo largo y ancho del país, lo que tenemos es un Trump misógino y sexista por doquier. Basta con un centímetro de poder sobre la otra, para ejercer ese poder maltratador y discriminatorio. Un poder tan fuerte que puede estar cubierto por corrupción y la impunidad.
De ahí que, el anuncio de Murat tendrá sobre sí los reflectores, pues veremos de qué se trata, de más de lo mismo o de algo distinto.


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