Incierto futuro de las mujeres.

Mujeres y Política


* Algunas han sufrido amenazas, incluso de muerte, otras como a las síndicas no les han respetado el cargo para el que fueron electas

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 16 enero 2017.- La semana pasada planteaba las cifras alegres del ascenso vertiginoso e histórico de las mujeres al poder municipal.
Pero durante la semana se presentaron al menos cinco casos, de otros que no sabemos, de mujeres que han sufrido como se denomina ahora a la clasificación violencia política de género. Es decir, el resultado del enojo de algunos señores porque las mujeres ocupan cargos políticos y no las quieren ahí por ninguna circunstancia.
Algunas han sufrido amenazas, incluso de muerte, otras como a las síndicas no les han respetado el cargo para el que fueron electas y como si fuera correcto les han ofrecido una regiduría, a otras simplemente no las dejan tomar posesión. Ellas son la presidenta municipal de San Pedro Atoyac, Irma Aguilar Raymundo; la síndica de Pinotepa Nacional, Yareli Cariño; lo mismo que Erika Molina, de Santo Domingo Zanatepec; Francisca López Sabino en Valle Nacional tiene el mismo problema y este viernes por la madrugada fue advertida la agente municipal de El Mesón, San Andrés Cabecera Nueva, Socorro Bruno López.
Las agresiones que desafortunadamente van incrementándose deberían poner en alerta a las autoridades, pero en serio, para no lamentar hechos irremediables y de los cuales se había advertido desde meses atrás por parte de organizaciones y de las propias mujeres electas.
La historia de violencia contra las mujeres en posiciones de mando es larga en Oaxaca, en Chiapas y en Guerrero, además claro de otros casos lamentables como el de Tiquicheo, Michoacán, donde María Santos Gorrostieta, ex alcaldesa, fue asesinada en noviembre de 2012, luego de salvar la vida en dos atentados anteriores o el caso de la presidenta municipal de Temixco, Morelos, Gisela Mota hace justamente un año.
En 2004 fue asesinada la candidata del PRD a la presidencia municipal de San José Estancia Grande, Guadalupe Ávila Salinas, unos días antes de la elección. Hoy por cierto esa población de la costa chica de Oaxaca es gobernada por una mujer, Carmela Parral Santos.
El recuento es largo y terrible.
Lo cierto es que para algunos señores presidentes municipales una síndica simplemente les representa un obstáculo para sus aviesos fines, malos fines, perversos fines, actos de corrupción sin duda. Porque quien está a cargo de una sindicatura es, dice la definición: “el (en masculino) encargado de vigilar y defender, el interés municipal y representar jurídicamente al ayuntamiento, así como vigilar el manejo de la gestión de la hacienda pública municipal, ocasionalmente realiza funciones de auxiliar del Ministerio Público”.
No es poca cosa eso de vigilar, fiscalizar y controlar los ingresos, gastos, recursos y obligaciones de la Administración Pública Municipal, además de la representación legal del Ayuntamiento. Significa que deberá estar de acuerdo con lo que dispone el o la presidenta municipal. Significa firmar y no siempre, en el caso de las mujeres, en específico ellas, están dispuestas a permitir que los recursos públicos se dilapiden o malgasten. No están dispuestas a permitir actos de corrupción. A falsificar documentos, a permitir gastos inadecuados, no programados.
Los hombres en el poder son los primeros que deben aprender sobre la igualdad de género, que dista mucho de la trillada frase de “yo quiero a todas las mujeres”, como luego dicen algunos munícipes despistados, ignorantes y, también misóginos.
La presencia de las mujeres en los puestos de poder sin duda “trastoca” el orden establecido por los hombres, lo que ellos sobreentienden y los acuerdos que toman entre “caballeros”. Con la mayoría de las mujeres no se puede “negociar” de la forma tradicional.
Entonces algo tiene que cambiar y son ellos quienes tienen que cambiar. Porque lo que sí no va a pasar es volver al pasado, es echar reversa, hacer que las mujeres vuelvan a sus hogares, donde sí tienen manga ancha para administrar, como luego dicen y, hasta afirman, que son buenas administradoras de la casa.
Cambiar la idea del mundo tal cual ha sido en miles de años es la acción más difícil a la que muchas mujeres se enfrentan, la mayoría de ellas desde el activismo; a partir de la institucionalización de las políticas de género una suma importante de mujeres están en esa tarea, a veces convencidas, otras no tanto, pero que han emprendido políticas públicas ordenadas desde los mismo planes de gobierno; hay legisladoras que en el proceso han decidido contribuir con medidas legislativa que han dado un sesgo importante a las leyes mexicanas, eso ha sido indispensable para la creación de muchas instituciones que atienden las múltiples demandas de las mujeres. No siempre tenemos los resultados que quisiéramos, no siempre, eso es lamentable, pero es parte del camino.
Y construir el camino requiere de la presencia de las mujeres en los gobiernos, en los tres niveles de gobierno, en las cámaras de diputados y la de Senadores, no es opcional si lo que queremos es una sociedad igualitaria.
Eso es lo que deben entender los hombres, porque de lo contrario, como dicen las expertas, la humanidad se perdería de la experticia de las mujeres en todas las ciencias,
incluyendo la política. Estamos hablando de que las mujeres tienen un lugar en la vida, más allá de la casa, de lo íntimo o lo privado.
Los hombres tienen que cambiar y una inmensa mayoría de mujeres deben entender que no es normal ningún tipo de violencia, incluyendo la política; debemos aprender que nada va a cambiar de nuestras vidas, incluyendo la situación económica que hoy enfrentamos, si las mujeres son excluidas de la toma de decisiones más importantes de un país (eso me recuerda la decisión de sustituir a la Secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, para que vean que en todos los niveles se cuecen habas).
Tenemos que romper con la creencia de que solo ellos pueden hacerlo, como piensan algunos de los presidentes municipales que siguen minimizando la visión de las mujeres y que ante la resistencia han puesto en riesgo la vida de ellas, porque sostienen que no son humanas, que son “damas” de un tablero de ajedrez que pueden mover con sus propias manos de acuerdo a sus estrategias y esa estrategia es sostener un sistema político sin las mujeres. Eso, reitero, no ayuda a la humanidad, así de simple.
@jarquinedgar




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