Periodismo y Género: ponerse en lugar del otro

Anotaciones


* A veces la insistencia de una gota puede taladrar una piedra

LA OPINIÓN

Norma Loto
SemMéxico, 9 enero 2017.- A veces la insistencia de una gota puede taladrar una piedra. En este sentido no sería ingenuo pensar que quienes ejercemos el periodismo estamos dentro de una maquinaria donde se crean y reproducen las tramas dominantes, y que ocasionalmente tenemos la oportunidad de incorporar buenas prácticas para dar un giro rupturista.
Años han pasado desde que varias organizaciones iniciaron un camino para ayudar a los medios de comunicación para que en sus relatos incluyan el trato respetuoso de las mujeres y la interpelación de las desigualdades.
Sin embargo, el 2016, al igual que en anteriores años, dejó un cúmulo de casos de violencia machista y en paralelo los relatos periodísticos dejaron otro cúmulo de relatos sensacionalistas. Por eso, creo que falta aún un largo derrotero para la construcción de un trato digno y respetuoso de las violencias a las que estamos expuestas las mujeres históricamente. Esas violencias que se inician en las construcciones desiguales que se enseñan y se aprenden.
Hace muchos años, la madre de una víctima de femicidio me dijo: “a mi hija el marido la mató porque ella le era infiel”. En ese momento pensé y quería gritar: ´no hay nada que justifique una femicidio o cualquier tipo de mal trato´, pero no dije nada. ¿Cuánto daño le haría ese comentario a la víctima, a esa madre y a su hijo? Y tampoco lo utilicé para mi relato. Realmente no era necesario: esa apreciación no hubiese aportado nada al enfoque de género a mi nota. Y además, no era justo sacar provecho de la desesperación de esa mujer. Aunque estemos a un segundo del cierre de edición, siempre hay que pensar que en cada caso de violencia machista hay victimas directas y víctimas colaterales (el círculo íntimo) y que un enfoque sensacionalista de la noticia les hace más daño.
Estimo que el periodismo debe buscar su esencia y ser un servicio para la sociedad. Sabemos que los periodistas están insertos en la mecánica mercantil de los medios, pero aún así pienso que nuestra profesión puede interpelar aunque sea en pequeñas gotas, que caigan, molesten y perforen la piedra. Por eso a los manuales y decálogos que han sido suministradas en diferentes latitudes, sumo algunas aportaciones para que el tratamiento de la violencia contra las mujeres tenga un enfoque de lo que es: una violación a los derechos humanos.
- No existe la violencia de Género “al revés”: muchas veces hemos tenido el infortunio de leer o escuchar: “Un caso de violencia de género al revés”, para referir un acto de violencia de una mujer contra un varón. La violencia de género, se basa en la construcción cultural que refiere a la relación entre los sexos donde las mujeres las más afectadas por las estructuras de disciplinamiento.
Entonces, el/la periodista que cubre un hecho de violencia machista está informando sobre una violación a los derechos humanos, así lo reconoce Convención Interamericana para Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la Mujer, de Belem Do Pará, la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales.
- Proteger siempre a la niñez: Este año en Argentina, según el Observatorio Adriana Marisel Zambrano, desde enero hasta octubre de 2016, 294 hijas e hijos quedaron sin madre, 173 son menores de edad. Entonces, cuando armamos el relato debemos pensar en los hijos e hijas que quedan detrás de cada historia, porque ellos tendrán un futuro. Como periodistas, debemos recapacitar que muchas veces el framing de la noticia, además de exponer erróneamente la intimidad de la víctima, se comete la injusticia de manchar su honor. Eso no es de buen periodismo. El periodismo que cuenta historias humanas pensará con todos los sentidos y por eso nunca deberá olvidar que en nuestro público adyacente están los niños y que violencia machista es una forma de maltrato infantil.
- Tener conciencia de las condiciones asimétricas entre los medios y las víctimas: muchas veces nos llegan testimonios reveladores y desgarradores a nuestra mesa de trabajo. Pero, ¿es conveniente (por más valor periodístico-comercial) publicar la totalidad de ese dato? . No siempre es óptimo divulgar todo el descargo de la víctima o de su círculo cercano. Debemos pensar que los periodistas y los medios estamos en una situación asimétrica frente a la sociedad y que la víctima ya está vulnerada en toda su integridad. Incluso muchas veces brindan su testimonio a los medios con el fin de resguardar su vida o tal vez buscan que su vivencia anime a otras mujeres a denunciar. Sin embargo, no siempre los medios son una solución. Solo basta con recordar el caso de Ana Orante, que tras sufrir y denunciar 40 años de malos tratos, fue a la TV española para brindar su testimonio. ¿Ella creería que la TV la ayudaría? Pero no fue así:
Ana salió al aire con su testimonio, y al llegar a su casa su victimario le prendió fuego.
- Cuidar de la selección de voces para armar la noticia: muchas veces por hacer honor a la pluralidad de voces, el periodismo da lugar a “la vereda del frente”, dando voz por ejemplo a hombres que sufren o han sufrido violencia por parte de una mujer. Se debe recordar que en los temas de violencia machista no se debe armar el relato como si fuese un enfrentamiento de dos mega equipos futbolísticos. La violencia contra las mujeres es un problema que fue naturalizado culturalmente y perpetuado a lo largo de la historia.
A lo largo de las décadas hemos sido testigos de los cambios en nuestra profesión periodística, y así por ejemplo, pasó de ser panfletario a tener una pretendida objetividad. Ahora, podemos ser parte de otro cambio: hacer un periodismo con enfoque de derechos humanos.
Pensemos en sentido histórico: los medios y el periodismo fueron colaboradores para procesos de interrupción de democracias, luego han legitimado golpes de estado, también crearon y exterminaron idolatrías, y han co-construido las asimetrías de género; entonces estoy segura que puede empezar a relatar el mundo de otra manera para que las mujeres tengan una vida digna y sin más burocracias para su emancipación.



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