Internacional

Cambios “sísmicos” en normas sociales para abatir violencia contra mujeres

Imkaan es una organización de mujeres negras y de minorías étnicas


* La asociación lucha contra la violencia de género en los Balcanes Occidentales y Turquía

Redacción

SemMéxico, Cd. de México, 4 enero 2018.- “Debemos crear cambios sísmicos en nuestras normas sociales” para acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas.

Así lo consideró Mirai Larasi, Directora Ejecutiva de Imkaan, una organización de mujeres negras y de minorías étnicas (BME), quien trabaja para responder y prevenir la violencia contra mujeres y niñas marginadas en Europa.

Imkaan es ahora socia del programa regional UE/ONU Mujeres, titulado “Implementando normas, cambiando mentes”, que tiene como objetivo poner fin a esa violencia en los Balcanes Occidentales y Turquía.

“He estado trabajando para acabar con la violencia contra las mujeres durante 23 años. Las mujeres de BME siempre han sido fundamentales para mi práctica, incluso antes de tener el lenguaje para describir la ‘interseccionalidad’”, explicó Larasi al portal de ONU Mujeres.

Dijo que de alguna manera entendió que los viajes de las mujeres y niñas de BME estaban siendo moldeados por la exclusión y la marginación de diferentes maneras.

“Me uní a Imkaan en 2009, y esto me brindó la oportunidad de enfocar mi trabajo principalmente en las mujeres y niñas de BME. Sin embargo, incluso antes de unirme a Imkaan, trabajé con colegas para desarrollar servicios especializados para mujeres de BME, por ejemplo, alojamiento en refugios para mujeres refugiadas que habían sufrido violencia”.

Consideró que es importante reconocer que aunque gran parte del mundo está cambiando, cada país tendrá sus áreas particulares de fortaleza y sus desafíos únicos.

Sin embargo, dijo que se sabe que cuestiones como la migración, los cambios en la política gubernamental y la reducción de las voces de la sociedad civil tienen un impacto en las formas en que las mujeres y las niñas experimentan violencia, su capacidad de buscar apoyo y reparación, y el nivel o falta de la responsabilidad del Estado.

En tales circunstancias, señaló que el trabajo puede ser más difícil, más marginado y, a veces más arriesgado al mismo tiempo, incluso más crítico.

“A menudo se habla de mujeres minorizadas, pero a menudo se nos impide, de varias maneras, que hablemos por nosotros mismas”, y señaló que la mera existencia de Imkaan es un desafío para esa forma de operar.

Por ejemplo, “trabajamos con nuestros miembros para asegurar que las mujeres y niñas minorizadas estén en la agenda de políticas de una manera que no nos estigmatice y margine aún más”.

Y dijo que también trabajan para apoyar la sostenibilidad de los servicios críticos que salvan vidas dirigidos por mujeres de BME para mujeres de BME.

Consideró que algunos de los desafíos a los que se enfrentan en los Balcanes occidentales y Turquía también son desafíos globales, incluida la falta de leyes efectivas, una implementación deficiente, recursos inadecuados y una discriminación arraigada contra algunos grupos de mujeres.

Por ejemplo, citó la falta de armonización entre las estructuras legales y de políticas puede dar lugar a protecciones para algunas mujeres, mientras que otras, incluidas las refugiadas, las mujeres de “minorías étnicas”; o las mujeres LBTQI, quedan relegadas.

El programa regional tiene el potencial de contribuir a un “cambio gradual”; a nivel nacional y regional, dijo y añadió que crear un espacio para que las mujeres marginadas hablen, desafíen e influyan es una parte esencial de esto.

SEM/ga/lr


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