40 años construyendo otro modo de ser

Mujeres y Política


* Una vida fructífera llena de actos de sororidad

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 7 diciembre 2017.- Hace 40 años, un grupo de mujeres, estudiantes y maestras, se cuestionaron sobre si las mujeres querían o no liberarse. Así empezaron a leer, a estudiar, a discutir, a analizar y a encontrar respuestas y fueron esas jóvenes mujeres las que decidieron integrar el Grupo de Estudios sobre la Mujer Rosario Castellanos. Su militancia a favor de los derechos de las mujeres las llevó a determinar en la educación el motor de la transformación de las otras mujeres.

El objetivo se habría de consolidar con los años. Ahí en el seno de esa organización surgió, yo diría, uno de los más exitosos programas de educación que ha permitido transformar la vida de otras mujeres, jóvenes cuya circunstancia de precariedad les hacía vislumbrar un destino adverso, quizá violento, sin ningún otro fin que el de cumplir con el mandato de la maternidad, el de aguantar los designios divinos.

Me refiero al Fondo de Becas Guadalupe Musalem, nombre que adopta de una de las fundadoras del grupo, quien de manera prematura dejó este mundo. El Fondo es hoy un emprendimiento independiente, con personalidad jurídica propia y diferente al del Grupo de Estudios sobre la Mujer Rosario Castellanos.

Lo escribí hace años y lo repito ahora. Este sistema de atención a las jóvenes de comunidades indígenas, debería ser replicado por el verdadero responsable de la educación de las niñas y niños, de las mujeres y de los hombres: el Estado.

Cuando escuchamos a las jóvenes, que suman más de cien, y que han sido tocadas por esta iniciativa y cómo esa oportunidad les cambió la vida, es cuando nos damos cuenta de cómo el feminismo es detonante de la evolución de las mujeres.

Pero habría que decir que no fue lo único que hicieron, insisto dando un valor a su tarea, podría ser lo más importante, porque cambiar, transformar la perspectiva y el futuro de una niña y de quienes viven a su alrededor no es cosa menor, es otra forma de ser humano y libre, diríamos parafraseando a Rosario Castellanos.

Otros emprendimientos fueron la creación de la Casa de Mujer, ahí las conocí en la calle de Libres 301, aunque también las vi actuar en el Foro que se ubicaba en la calle de Independencia y Mier y Terán, donde se discutían esos temas antes poco hablados, tanto en el
ámbito privado como en el público en Oaxaca. Pero la Casa de la Mujer se convirtió en el referente, en el lugar donde muchas mujeres fueron atendidas, cuando no existían las instancias públicas que ofrecieran atención médica, psicológica o legal, a quienes vivían
violencia machista.

Con las integrantes de la Casa de la Mujer, las periodistas de la década de los noventa en Oaxaca hicimos fuerza para realizar diversas tareas para sensibilizar y capacitar a otras y otros. Tania Melchor comandaba la nave de la comunicación en la ya, para entonces Asociación Civil, y como ella lo cuenta, era una nave que parecía perderse en el espacio, porque hacer una nota periodística desde la perspectiva de género era simplemente impensable. ¡Por Dios a quién se le ocurría hablar de placer y erotismo para las mujeres! A ellas, solo a ellas.

En ese entonces recuerdo a un editor del medio en el que trabajaba y que me decía que hacer notas de mujeres era perder el tiempo, que no eran noticia sino “chingaderas”. Y como eso que yo enfrentaba en la redacción, el resto de las periodistas de entonces tenían que aguantar la misoginia pura de muchos editores y jefes de redacción.

Un tema fundamental para esta organización de mujeres, destacadas en varios ámbitos, lo fueron también la salud sexual y los derechos reproductivos. No se trataba solo de exigir aborto libre y gratuito, sino de mostrar cómo las instituciones violentaban los derechos humanos de las mujeres. Con ellas conocimos a una feminista hoy recién desaparecida, María del Carmen Elu, impulsora de la iniciativa Por una Maternidad sin Riesgos, una iniciativa de las mujeres que después se convertiría en parte fundamental de las políticas públicas de salud.

Cómo olvidar la forma en que el Grupo de estudios sobre la Mujer planteó una propuesta metodológica encaminada a disminuir el riesgo de muerte materna: ¿Quién ya se olvidó de Paso a Paso se cuida el Embarazo? Y ahí estaban Angélica Ayala, Martha Aparicio y Ximena Avellaneda Díaz y otras mujeres.

No quiero pasar por alto el trabajo con las invisibles, las olvidadas de todas las personas, las transgresoras a las que la sociedad destierra y entierra, me refiero a las mujeres presas. Hoy todavía es noticia “descubrir” que las mujeres delinquen porque son forzadas por la pobreza o por alguien en específico. Sí de nueva cuenta, fue este grupo el que puso sobre la mesa el tema, a través de un trabajo de investigación admirable y comprometido realizado por Concepción Núñez Miranda.

Sus emprendimientos fueron audaces en los tiempos, hace poco ni crean que mucho, en que se planteaba mirar a las mujeres desde una perspectiva distinta, una mirada que todavía no se acaba de comprender a pesar de las muchas formas en que se ha demostrado la desigualdad, como la violencia machista, feroz y aterradora contra mujeres de todas las edades.

Por todo ello, celebran sus 40 años de vida. Una vida fructífera llena de actos de sororidad y de reconocimiento a quienes como ellas nacieron con cuerpo de mujer pero con menos oportunidades.


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