Las reglas del PAN

Mujer y poder


* El triunfo del PAN en Nayarit y las alcaldías de Veracruz, lo coloca rumbo al 2018 con once gubernaturas

Natalia Vidales

SemMéxico, Hermosillo, Son., 13 noviembre 2017.- Sobre aviso no hubo engaño: luego de perder las elecciones presidenciales en 2012 el PAN inició toda una reflexión acerca de las causas y de los desvíos que provocaron esa derrota y se dispuso a corregirlos.

Dos de los errores más advertidos que se cometieron durante la estancia del PAN en Los Pinos fueron: primero, la inclusión en el partido de improvisados sin el perfil del panista original. Y, dos, que en aras del pragmatismo electoral se postulaba a candidatos atractivos en las urnas, pero sin garantía personal de compromiso con las mejores causas del PAN.

En lo sucesivo, y para revertir el fracaso, a quienes se encontraran en alguno de esos dos supuestos no serían admitidos en las filas del partido; no se les apoyaría para nuevas posiciones; o serían expulsados.

Y esa decisión vino a consolidarse con la llegada al PAN nacional de Ricardo Anaya: quien se
propuso recuperar buena parte de la confianza ciudadana que se extravió por aquellos yerros; así, quienes se convirtieran en colaboracionistas de otros partidos o del gobierno en turno apoyándolo en decisiones en contra de los ciudadanos, y de las cuales el partido se hubiera pronunciado, no tendrían ni cabida ni apoyo en sus pretensiones electorales.

Tras la victoria en las urnas del año pasado cuando el PAN ganó siete de las 12 gubernaturas en disputa, se refrendó el concepto de que sólo con el ejercicio de los mejores gobiernos en esas entidades, y las restantes ya en su haber, podría convencerse a los ciudadanos de que el PAN regresaba por sus fueros como un partido decente, al servicio de la gente, y alejado de la corrupción podría recobrar el apoyo popular rumbo al futuro.

Aunque en las elecciones de este año el PAN no ganó en el Edomex ni en Coahuila, su triunfo en la gubernatura de Nayarit y en más de la mitad de las alcaldías de Veracruz, lo coloca finalmente rumbo al 2018 con once gubernaturas (el PRI tiene 14), lo cual es inédito.

El mando nacional del PAN tiene la responsabilidad histórica de conducir ese regreso a sus mejores causas y para ello la ruta dispuesta por el panismo del país es, una vez que se reconocieron los errores cometidos aquí ya señalados, avanzar ahora por el camino correcto rumbo a las próximas elecciones.

Nadie en su sano juicio puede –y menos al interior del PAN– criticar las acciones en ese sentido. Salvo claro, y cada cual en su papel, los otros partidos. Y es en ese sentido donde se inscribe la reciente renuncia al PAN por parte de una diputada local (Célida López Cárdenas), luego de pretender la candidatura para senadora, algo imposible cuando previamente colaboró
con otro partido para concesionar el alumbrado público de Hermosillo a una empresa privada a
cambio de protección a su esposo, investigado por actos de corrupción por el régimen actual.

Nada que ver, como mañosamente lo dice, con su condición de mujer sino por su condición de persona que ha dejado chantajearse por anteponer intereses personales a los de la población.
Así de claro.

A ella le resultó fácil acusar al CEN del PAN de misoginia (sin respetar su significado), por no valorarla cuando simplemente se trata de congruencia con las nuevas reglas del PAN –válidas tanto para hombres como para mujeres– para ser una oposición real y rescatar la esencia política que lo llevó a ganar la Presidencia (y por esos errores perderla después).

Por supuesto que muchos periodistas residuales del priato califican ese hecho como falta de respeto a la decisión personal de cada diputado, sin pena ajena alguna, luego de que si en algún partido reina una disciplina férrea es en el PRI. Pero esa es otra historia.

Nota de la redacción: los conceptos torales de este texto fueron tomados del libro “Acción Nacional, Ayer y Hoy”, de Luis Felipe Bravo Mena, actual fiscal anticorrupción al interior del PAN.


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