Haciendo deporte con un stripper en la imaginación

Palabras sin frontera


* Cuando las mujeres se vuelven madres, pareciera que se vuelven asexuadas

Lizbeth Álvarez Martínez

SemMéxico, 10 noviembre 2017.- En algunos lugares huele a ponche, es ese aroma que avisa que tienes que sacar el arbolito de navidad, pensar en los regalos de la familia y amistades, o tan solo reflexionar sobre lo que hiciste durante el año que se va y de los sueños que vienen con el próximo.

Toca el turno de preparar la celebración en el salón de High Impact Liz Studio, ese lugar donde todos los días de la semana hay activación física, sudor, esfuerzo, gritos, motivación, ahí donde un grupo de mujeres se distraen de las labores domésticas, de la jornada de trabajo, de la tarea de los hijos, del cuidado de los nietos, de la pareja sentimental, entre otras cosas.

Durante varios años se ha intentado hacer una posada distinta, desde romper la piñata llena de dulces tradicionales, hasta una cena de tres tiempos en compañía de música de mariachi.

En la próxima celebración se pretendía hacer algo novedoso, varias de ellas lo propusieron y las demás lo aceptaron: un stripper, ¡sí!, llevar un chico que nos bailara en la cena navideña, que hiciera juegos y hasta ahí. Una de ellas, de sobrenombre “mariposa”, era la encargada de averiguar precios, juegos, horas y demás. Cuando se tuvo la información, la mayoría seguía con la idea, quizá hasta con la ilusión de tener un evento de esa magnitud.

Hablo de la dimensión del evento, porque quizá solo en las despedidas de soltera se puede ver a un hombre así, con mini ropa, eso sí, la próxima esposa tiene la fortuna que sus amigas le organicen dicho evento con todo y chico.

Y no es que las mujeres no pueden ir a un centro de entretenimiento y ver este tipo de espectáculos, pero pareciera que cuando te casas, le perteneces al esposo en cuerpo, alma y pensamiento. Cuando se vuelven madres, pareciera que se vuelven asexuadas.

Pasados los días, algunas de ellas desistieron de la idea, hubo diversos comentarios, pero el principal fue que varias personas lo podían tomar a mal, en el sentido de que entonces ya no era un grupo deportivo sino de libertinaje, mal porque algunas son esposas y mamás, sus familias no lo aceptarían o no lo verían con “buenos ojos”.

Me surgieron varias preguntas ese día: ¿Las mujeres no tenemos derecho a ver hombres sin ropa que no sea tu marido o pareja en turno?, ¿No podemos pagar por diversión erótica?, ¿No podemos contratar un servicio así, sin necesidad que te vayas a casar?

La decisión fue que no habría stripper, para evitar malos comentarios de sobre nuestra manera de divertirnos, porque la sociedad mexicana vive bajo ciertos estándares socioculturales establecidos por valores y costumbres, que la mayoría de las veces no permiten tener un punto de vista positivo sobre este tipo de diversiones, sobre todo en mujeres.

A pesar de este fallido intento de diversión, lo que sí habrá será una gran cena en compañía de todas esas mujeres, que día a día intenta buscar un espacio para ellas mismas, para salir de la rutina y empoderarse poco a poco.

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