Y de remate, en Cataluña, una república feminista

Textura violeta


* El nacionalismo más fuerte es el español, que celebra cada 12 de Octubre con su supremacía bélica

Drina Ergueta

SemMéxico, 17 octubre 2017.- Luego de un absoluto silencio en los medios bolivianos sobre un proceso que en Europa venía tornándose día a día más candente, en la última semana en Bolivia han aparecido no sólo noticias sino también algunos artículos de opinión referidos al proceso independentista catalán, calificándolo de irresponsable, regresivo históricamente hablando e inclusive fascista.

Desde la lejanía geográfica, y seguramente debido a la mayor capacidad mediática del Estado español para llegar con su discurso, se han reproducido argumentos provenientes solamente de una de las partes. Es justo que se cuestione lo que se da por sentado y que se conozcan al menos algunas de las razones de la otra.

Uno de los principales argumentos contra la revuelta de la autonomía más rica (21% del PIB) del Estado español es que se trata de un nacionalismo exacerbado, retrógrado y, como este fin
de semana dijo el expresidente boliviano, y actual vocero nacional en la demanda internacional
por la recuperación del litoral perdido, Carlos Mesa, “que en lo íntimo se apoya en una forma de
supremacía”. A ver, hay muchos nacionalismos, no todos son fascistas y también están los que
se hacen desde una posición de inferioridad, ¿es supremacista el nacionalismo antiimperialista
nicaragüense frente al norteamericano?

Se habla de nacionalismo catalán cuando en el Estado español el nacionalismo más fuerte es
precisamente el español, que celebra cada 12 de Octubre con su supremacía bélica. ¿No hay
nacionalismo en Estados Unidos? Francia, Alemania, Perú, Chile y donde se mire, ¿no tienen
una política con mayor o menor exacerbación de lo nacional?

Y ¿Qué de Bolivia? ¿Qué es la demanda marítima si no es una demanda de país, desde un nacionalismo boliviano, señor Mesa? En 1879 con la Guerra del Pacífico y posterior Tratado de Paz de 1904, Bolivia perdió un territorio que hoy todavía se reclama y es una reivindicación transversal que aúna a los y las bolivianas. En 1714, tras la Guerra de Sucesión, Cataluña perdió sus fueros, es decir perdió la soberanía sobre su territorio y recuperarla es una demanda de hace 300 años.

La historia se escribe desde distintas ópticas. Chile, por ejemplo, tiene su versión y Bolivia la suya. No parece justo que sólo se conozca la chilena.

Cataluña es, sin duda, la región más moderna del Estado español, la vanguardia en investigación científica, la que mayor tejido empresarial tiene, la más laica, la más abierta a recibir personas refugiadas..., la gente no es estúpida ni es borrega. El independentismo no es absoluto, pero parece mayoritario y ha ido en aumento en los últimos años, no sólo por razones emocionales o patrióticas sino también prácticas, por las constantes demandas económicas que consideran son incumplidas, que frenan y repercuten de forma regresiva.

Desde hace siete años y cada 11 de septiembre, estas demandas han llevado a la calle a dos millones de personas, todas juntas al centro de Barcelona, en manifestaciones denominadas por la prensa internacional como la “Revuelta de las sonrisas” por su carácter pacífico, cívico y hasta festivo.

Para saber si hay mayoría, el pasado 1 de octubre se llevó a cabo un referéndum, ilegalizado desde el Estado español, pero aceptado plenamente, por sus garantías en censo y organización, por entidades y observadores internacionales. Se llevó a cabo a pesar de la represión policial que dejó cerca de 900 personas heridas, hecho certificado por la prensa internacional, organizaciones de médicos y de derechos humanos. Esto también hay que contarlo.

Que Cataluña se convierta en un “estado en forma de república” es una proclamación hoy en estado de suspensión, a la espera de negociación o de intervención desde el Estado español (posiblemente violenta). El día en que se hizo esta extraña proclamación, desde una de las formaciones políticas independentistas se reivindicó que fuera además una “república feminista”, es decir sin rey y que garantice la igualdad en la diversidad de todas las personas. El colmo, para algunos.


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