La normalidad de vivir en #FeminicidiosEmergenciaNacional

La república feminista


* México es el país más violento en estado de paz

Rita Imelda Fernández González

SemMéxico, Cd. de México, 11 octubre 2017.- La tragedia que sacudió a la Ciudad de México, Oaxaca, Morelos, Puebla, Hidalgo y Chiapas vino acompañada de una sacudida social que llevó a miles de personas a desbordarse en las calles para ayudar a quienes pudieran estar atrapadas entre escombros, o para despejar calles y carreteras quebradas. Pero pasada una semana y después de un regreso obligado a una, fingida, paz de retomar la cotidianidad nos ha llevado a pensar cómo trazar caminos que inviten y lleven nuevamente a la sociedad a volcarse a reconstruir este país, pero políticamente.

Hoy somos el país número uno en corrupción. Sin embargo, la corrupción no es como la plantean los medios de comunicación de abajo hacia arriba, es decir responsabilidad de las personas de a pie. Allí se equivocan, la corrupción en este país viene de arriba hacia abajo. Es el sistema el que en la mayoría de las ocasiones obliga a las personas a la corrupción con tal de acceder a la justicia o hacer breve un trámite básico, dilema muy diferente sobre las y los servidores públicos, políticos y empresarios deshonestos que fomentan y reproducen la corrupción cuyo efecto se vuelve de cascada dado el mayor nivel social e impacto que tienen.

Pero más preocupante aún es la gran posibilidad de ser asesinado por ser defensor o defensora de derechos humanos, del medio ambiente o por el sólo hecho de ser mujer, somos el país con más muertes violentas que cualquier otro en supuesta paz.

Pero quiero recalcar que hoy somos un país feminicida.

La violencia feminicida es derivada de una estructura de violencias que se dan en lo social y en lo personal. En el primer ejemplo están la violencia política, la violencia en el trabajo, en las escuelas y universidades, la violencia en instituciones públicas y la violencia en la comunidad. En el ámbito de lo personal están aquellas violencias que vivimos en nuestras familias y con nuestras parejas. Definiciones que han sido reconocidas por el Estado mexicano y se pueden encontrar en la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia para las Mujeres y su homóloga para la Ciudad de México. Las que aún no se elaboran son la mediática y política.

Ahora bien, ejemplos de estas violencias hay muchos, por todos lados encontramos desde micromachismos políticos como considerar a Zavala siempre en relación con su esposo y no en función de ella y sus decisiones políticas. Ejemplos de instituciones como las reformas que permiten condiciones de desigualdad como la reciente aprobación de la objeción de conciencia, así como la violencia institucional producida por las instancias de impartición o procuración de justicia que permiten la impunidad. En nuestra normalidad la impunidad es una constante, por ejemplo, sólo el 2% de delitos denunciados en temas de violencia contra las mujeres llegan a una sentencia, el nivel de ineficiencia del sistema es gravísimo y eso se demuestra en el número de feminicidios que tenemos en el país.

El feminicidio ya no es cuestión de zonas, como en 1990 pensábamos que lo era Ciudad Juárez, hoy sabemos que eso pasa desde Yucatán hasta Baja California y que estas problemáticas en muchas ocasiones también se involucran con temas de delincuencia organizada como tráfico y trata de personas y por tanto son competencia no sólo de una institución sino de una red de instituciones y niveles de gobierno, que muchas veces están desarticulados y por tanto no logran atinar respuestas a problemas multidimensionales. Hoy tenemos políticas públicas bien intencionadas, pero que no han logrado parar la violencia; la primera son las Alertas de género y la segunda los Centros de justicia, ambas tienen problemas de coherencia interna, externa y pertinencia.

Además, la violencia mediática que produce y reproduce violencia contra las mujeres desde los medios de comunicación que mantienen contenidos sexistas, misóginos, que cosifican a las mujeres, que reproducen y promueven estereotipos de amas de casa o modelos al servicio y atención de los hombres ya sea para satisfacer una necesidad sexual o un servicio. Esta violencia ni siquiera se toma en cuenta y mucho menos se tienen políticas públicas para eliminarla.
Razones para salir a exigir un país mejor sobran, formas y espacios para trabajar el cambio también, todas son importantes. Urge reconstruir no sólo el mapa urbano de las ciudades devastadas se debe reconstruir desde los cimientos una nueva organización social y política digna de un pueblo tan solidario en los momentos de crisis.

Desde el movimiento feminista y de mujeres se está convocando para establecer un diálogo que permita establecer puntos de partida para la construcción un país libre de violencia contra las mujeres.

Para más información pueden buscar en Facebook la página Dialogo Feminista 2017 ante el #FeminicidioEmergenciaNacional.

Sobra decir que la construcción de un país que luche por obtener justicia en cualquier ámbito beneficiará a todos los sectores del país, porque eso se traducirá en un Estado que sí garantice la justicia y el respeto a los derechos humanos de toda la población.

Rita Imelda Fernández
@RitaIFdz


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