Mujeres

Malevolance retrata a las mujeres encargadas de la memoria

Mujeres que saben nombrar el dolor, columna vertebral de la puesta en escena


* Artistas de México y Colombia hablan de las víctimas de desplazamiento forzado

Olga Rosario Avendaño

SemMéxico, 9 octubre 2017.- El desplazamiento forzado que ocasionan las bandas criminales en este país es una realidad; sin embargo, no se quiere reconocer ni nombrar, por ello la plataforma de creación escénica Udana retoma el tema y va desmoronando cada uno de los elementos de este fenómeno y sus repercusiones entre las víctimas de comunidades tanto de México como de Colombia.

Las integrantes de esta compañía de danza-teatro hicieron una investigación del fenómeno del desplazamiento forzado en ambos países por la violencia y con ello montaron la puesta en escena Malevolance, diferentes formas de salvarse a sí misma. En esta obra se habla de la fortaleza de las mujeres por recuperar la memoria de la ciudadanía víctima del desplazamiento forzado.

Una de las voces cantadoras es la de Ceferina Banques, ella ha hecho diversas composiciones para evocar la paz en su país, pero también fue víctima de desplazamiento forzado de su natal Guamanga y en ese tiempo hizo composiciones con respecto a su condición.

En esta puesta en escena, las participantes (la mayoría mujeres, salvo el músico, Andrés Solís) dialogan sobre la importancia de nombrar las cosas, la importancia de recuperar los cuerpos en sitios donde los criminales los desaparecen, pero sobre todo lo importante que es recuperar la memoria, es decir, que las consecuencias del desplazamiento forzado no se olvide y se le recuerde a la ciudadanía y a las autoridades.

Udana es una palabra en sánscrito y quiere decir, diálogo inspirado y justo eso es lo que hacen las integrantes de esta compañía, dirigida por Sandra Milena Gómez; las funciones se presentan en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico los días sábados a las 19:00 hasta el 25 de noviembre. En esta obran, las integrantes (mexicanas y colombianas) dialogan sobre lo que pasa en comunidades de Colombia y también en este país, por ejemplo, en Michoacán.

Del caso de Colombia, la obra narra sobre el caso de Minelia, la llamada loca del pueblo, una mujer que decidió quedarse después de una masacre registrada dentro de un templo católico en Bojayá. Las actrices recrean esos momentos en que unos 300 civiles quedan en medio de militantes de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) y paramilitares. La guerrilla lanza un cilindro de gas con dinamita en contra la población civil que se refugió en el templo, mueren la
mayoría, los pocos sobrevivientes toman una lancha, pues el poblado está a unos pasos del río.

Sin embargo, Minelia reconstruye los cuerpos, cuando el cura del templo vuelve, la loca del pueblo le dice “aquí están los cuerpos de los muchachos”. Minelia, “dentro de su locura tiene una gran humanidad” dice Sandra Milena Gómez, actriz y bailarina de origen colombiano, quien en entrevista agrega “esta mujer armó los cuerpos como pudo y se dice que mientras los armaba les decía levántense”.

En aquel momento las partes de los cuerpos quedaron dispersos por el templo, pero ella “puso los brazos en las piernas, las manos en la cabeza, las piernas en la cabeza”, dice otra de las actrices en los momentos que se desarrolla la obra.

Durante la entrevista Sandra comenta, que aun y con la locura de la que se le tacha a Minelia, sabe de la importancia que tiene los cuerpos y por ello poco a poco los va armando, incluso, se dice “que algunos sobrevivientes le pedían agua y ella se las daba”.

Y así, esta obra desarrolla diversas etapas de la violencia y el desplazamiento forzado en comunidades colombianas, pero sobre todo de cómo las mujeres ven la violencia y son ellas las que han hecho una recuperación de la memoria histórica, ellas son las que escriben poemas a las personas asesinadas. También recuperan los cuerpos que flotan en los ríos y los entierran, a pesar de las amenazas en contra de sus propias vidas. En las comunidades indígenas de Colombia, al igual que en México, es importante tener el cuerpo para darle sepultura y que el alma de la persona descanse, por ello, la búsqueda incansable de los cuerpos de sus seres queridos.

En el caso de Colombia, “son las mujeres quienes sacan su dolor a partir de la poesía y el canto”, comenta Sandra.

Además de la poesía, las mujeres se han dedicado a escribir alabados, una especie de cánticos que sólo se usaban para los rituales fúnebres, pero que también se han construido desde el dolor derivado de la violencia y que sirven para externar sus sentimientos acerca de esto, y ahora los cantan y escriben en todo momento que su corazón se los pide.

A lo largo de la obra que dura aproximadamente hora y media, sale a escena Sara Alcantar, ella es originaria de Michoacán, de una comunidad pequeña, dice, donde sus abuelos se han dedicado a hacer los guacales donde se guarda la fruta, ella aprendió a hacerlos; en su niñez ella y su hermana gemela bajaban y subían las montañas de aquellas tierras, sin embargo, un buen día les dijeron “que ya no podían ir al cerro” porque habían llegado criminales a apoderarse de ranchos y tierras, era peligroso.

Sara cuenta el dolor que le provoca no ser libre por las tierras michoacanas, donde junto con su hermana disfrutó de la pasividad del pueblo, pero hay más dolor en ella cuando cuenta la historia de una mujer, madre de diez hijos. Una noche, llegaron los criminales y al esposo, junto con su familia les dijeron que se saliera del racho, él se resistió y fue asesinado. Ella a deshoras de la noche tuvo que huir, junto con sus hijos al pueblo cercano para salvar sus vidas, se fueron “con lo que traían puesto” cuenta.

Por su parte Laura Loredo, originaria de la Comarca Lagunera, concretamente de Gómez Palacio, ubicado en el norte del país, asistente de dirección y producción, comenta que ella ha dejado de ir a su tierra, la última vez que fue difícilmente durmió, pues las balaceras a la orilla del río eran constantes. La juventud en aquella parte de la República Mexicana difícilmente puede salir a divertirse o andar libremente por las calles, porque temen que los y las desaparezcan o asesinen. Muchos, como ella, han tenido que emigrar a otras ciudades, allá “ya no se puede vivir”.

Loredo menciona en la entrevista que la violencia ha estado muy cerca de su familia, “la relación con mi tierra cambió con la llegada del narcotráfico” pues a partir de este fenómeno es “cuando se habla de Gómez Palacio. Hay historias crudas de secuestro en la familia. Qué rudo dejar el lugar de donde eres porque ya no puedes vivir”.

Ambas artistas consideran importante que en México el desplazamiento forzado se nombre y se vean las consecuencias que éste trae, porque las personas son revictimizadas, primero porque tienen que salir de sus comunidades y después porque llegan a lugares donde son señaladas y empiezan a dudar de ellos, incluso se piensa que es posible que estén involucradas con el narcotráfico; “terminan viviendo en los cinturones de miseria”, difícilmente encuentran trabajo.

En esta obra también participa María Fernanda Carrillo Sánchez, directora del documental “Cantadoras. Memoria de vida y muerte en Colombia”, quien en México ha visibilizado el tema del feminicidio a través del documental.

Sandra comenta que el Centro de Memoria Histórica de Colombia, el mayor trabajo de recuperación de la memoria, lo han hecho las mujeres.

SEM/oa/lr

https://www.youtube.com/watch?v=Jl7TC5BKSE4


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