El gobierno tiene daño estructural y es necesario demolerlo

La república feminista


* ¿El pueblo mexicano, ese que hoy ha mostrado su lado solidario y organizado, seguirá permitiendo la corrupción?

Rita Imelda Fernández González

SemMéxico, Cd. de México, 25 septiembre 2017.- A una semana del sismo, las calles han sido tomadas por la gente, las personas se han desbordado llevando víveres, herramientas para el rescate de atrapados, para cuidar a los animales de compañía, para ayudar a personas adultas mayores, infantes, hombres y mujeres en episodios de crisis y ansiedad y para curar heridas. La generación anterior, esa que vivió el sismo del 85 nos pide paciencia, cautela, el problema no se resolverá pronto, aun con todos nuestros esfuerzos aún falta mucho camino por recorrer.

Las personas que se quedaron sin una casa porque se colapsó el mismo día del sismo o que se ha vuelto inhabitable por fallas estructurales en sus cimientos tendrán que buscar refugios, reconstruir su patrimonio. Por ello, se deberá resolver demoler, reconstruir y reparar las fallas en edificios públicos, en las calles y en las banquetas. Para esta reconstrucción existe el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y el Fondo de Reconstrucción de Entidades Federativas Por medio de este Fondo, la Federación se hace cargo del costo de la reconstrucción de 100% de infraestructura federal y hasta 50% de la estatal. Los recursos son administrados a través de un fideicomiso a cargo de Banobras, y de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación, para 2017 se tiene presupuestado seis mil 35 millones de pesos, para el caso del estado de Oaxaca, además se cuenta con un seguro contra catástrofes por 786 millones Además existe según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) un bono catastrófico contratado con el Banco Mundial para casos de desastres naturales, que en casos de sismos asciende a 150 millones de dólares que beneficiará a Oaxaca y Chiapas, de acuerdo a las normas de contratación.

Como se puede ver los montos mencionados parecen ser suficientes para cubrir las necesidades de la población. Sin embargo, a lo largo de nuestra historia estos fideicomisos se han caracterizado por su opacidad y en muchos de los desastres naturales hemos visto que las comunidades afectadas nunca llegan a recibir indemnizaciones o la reconstrucción de sus viviendas.

Pero este 2017 parece que será distinto en medida que la ciudadanía logre mantener la organización, la toma del espacio público y de las decisiones. Así como ha defendido de granaderos, militares y gobierno la demolición de edificios hasta no acabar con la última esperanza de vida, así debemos defender los recursos públicos para atender el desastre provocado por los últimos sismos que han afectado a Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Ciudad de México, Morelos y Puebla.

La participación ciudadana es necesaria, yo diría vital, para decidir qué empresas o proyectos de construcción deberán entrar en las comunidades. En Oaxaca, por ejemplo, descubrieron que los sistemas de construcción tradicionales demostraron nuevamente su resistencia, fueron pocas las viviendas vernáculas -construidas con estructura de madera de canelillo, bajareque, otate y tejas- que sufrieron daños y estos son reparados de manera sencilla y conocida por sus habitantes.

En la Ciudad de México grupos de jóvenes profesionales en arquitectura e ingeniería están proponiendo la construcción a partir de botellas de PET, el asunto es si el gobierno permitirá e impulsará este tipo de proyectos o mantendrá su política de compadrazgos y encubrimiento para dar a empresas como OHL o Higa los contratos para la reconstrucción, pero lo más importante es ¿El pueblo mexicano, ese que hoy ha mostrado su lado solidario y organizado, seguirá permitiendo la corrupción? ¿Dejará que esa corrupción, la misma que mató a mujeres y hombres en edificios que no cumplían los requisitos mínimos de obra siga imperando?

Rita Imelda Fernández
@RitaIFdz


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