Mujeres

Otra vez en 19 de septiembre

Como en el 85, otra vez las costureras de una fábrica textil quedan atrapadas


* La solidaridad del pueblo mexicano ante la tragedia

Gabriela Ramírez

SemMéxico, Cd. de México, 20 de septiembre 2017.- El 19 de septiembre no era un día tranquilo para nadie, el recuerdo de la tragedia que ocasionó el sismo ocurrido 32 años antes estaba presente entre quienes vivieron esos terribles momentos, pero nadie esperaba, ni por asomo, que la historia volvería a repetirse otra vez en 19 de septiembre.

Habían transcurrido dos horas del simulacro de sismo cuando a las 13 horas con 14 minutos la alarma sísmica volvió a escucharse y tras ella el inicio de un sismo de 7.1 grados, apenas hubo tiempo de reacción, pero la tragedia volvería a las calles, el viento en algunas zonas se mezclaba con nubarrones de tierra, explosiones, cristales que caían de los edificios junto con paredes de concreto.

Las personas que pudieron bajaron hasta las calles, otras más se quedaron en los pisos altos resguardados en los marcos de las puertas viendo objetos caer o escuchando a la gente gritar, había pánico entre las mujeres y los hombres, de todas las edades, que terminaron en crisis nerviosas, incertidumbre.

Nadie lo esperaba, nadie imaginó el impacto del movimiento telúrico. Otra vez en 19 de septiembre ¿era una mala pasada? ¿una coincidencia infeliz?

El olor a gas llenó las calles, el humo, el polvo de los edificios caídos ensombrecía las avenidas. Las redes de teléfono se interrumpieron, buscábamos a nuestros familiares y amigos sin lograrlo, cada minuto parecía un interminable ¿estarán bien?

En las redes sociales casi de inmediato empezaron a circular las imágenes, fue la transmisión más rápida de una noticia estremecedora, incluso en vivo se logró captar el derrumbe del edificios y fábricas, con el grito de horror e incredulidad.

De inmediato, también, se suspendió el servicio de transporte colectivo que se mantuvo así por unas horas, y se interrumpió la llegada de vuelos al aeropuerto de la ciudad y más de 180 vuelos en unas cuantas horas fueron cancelados.

Las personas dejaron sus trabajos, salieron a la calle, intentaron llegaron a sus casas o las madres y los padres iban a las escuelas para recuperar a sus hijos e hijas. Las calles se convirtieron en un estacionamiento, personas intentaban dirigir el tránsito, pero lo cierto es que no había manera de moverse. Pedían a las y los conductores que apagaran sus autos para evitar algún incidente con las fugas. Otros sintonizaban estaciones de radio a todo volumen para que las personas cercanas pudieran escuchar lo que pasaba; edificios caídos en la Roma, la Condesa, la Del Valle, un kinder en Coapa, el puente peatonal en Periférico, la escuela Enrique Rébsamen…

En las calles se veía a personas encontrarse, abrazarse al comprobar que estaban bien y con vida. Mientras tanto en la radio no dejaban de pedir a la gente que liberara las calles, que estacionaran sus autos porque la ayuda a la zona sur de la ciudad no podía llegar.

Poco a poco las fuentes oficiales comenzaron a dar el número de personas fallecidas que aumentaba conforme pasaban las horas mientras elementos de bomberos o protección civil hacían recorridos por la ciudad.

La solidaridad surgió de inmediato. Mientras en la calle de Sonora unas personas llevaban a una señora con fractura de cadera al hospital Durango, vecinos de las casas comenzaron a ofrecer a la gente que pasaba caminando, agua, un baño o la clave de Internet para comunicarse con sus familiares.

Automovilistas, aun sabiendo que tardarían horas en cruzar la ciudad o en salir de las zonas afectadas, llevaban en sus coches a personas desconocidas para acercarlas a algún sitio.

La avenida de los Insurgentes fue de pronto un mar de gente. Caminar era la única manera posible de llegar rápido a las casas o escuelas o a los sitios donde se necesitaba ayuda porque había personas atrapadas en los edificios.

Las cadenas humanas se formaron al instante en las zonas de desastre, intentado sacar con vida al mayor número de personas. Otras más, llevaban picos, palas, cubetas, guantes, cubrebocas. Otras llevaban agua, lámparas, pilas, gasas. Y también botellas de agua y comida. Mujeres y hombres se sumaron a la tarea de rescate, levantan piedra por piedra, porque entre los escombros la esperanza sigue viva.

Igual en que en el 85, el silencio inundó la ciudad. Sólo las sirenas, algunos gritos de vez en cuando. La gente tardó en regresar a sus casas. No había luz, ni gas, en algunos ni agua y no se sabe cuándo se reestablecerá el servicio.
Otra vez las costureras

Como en el 85 otra vez más de una fábrica de ropa colapsó, ahí donde la mayoría de quienes laboran son mujeres y que en algunos casos siguen atrapadas, ahí está la brigada feminista rascando los escombros.

Los siete pisos de la fábrica textil, ubicada en Bolívar y Chimalpopoca, en la colonia Doctores, colapsó en solo segundos, el temblor ni siquiera se había detenido cuando una cámama de teléfono grababa el derrumbe, mientras quienes observaban gritaban con angustia. Minutos después ya se sabía era una fábrica textil, donde la mayoría eran trabajadoras.

Era una trágica fotografía de hace 32 años, cuando las mujeres, costureras de las fábricas de San Antonio Abad, encerradas, no pudieron alcanzar la calle y ahí murieron.

El lugar fue acordonado por la policía, pero la gente exigía entrar para ayudar, muchas y muchos eran sus familias, sus parejas, sus padres y madres desesperados que esperaban sin aliento tras la valla, impotentes observaban a quienes ya desde el primer momento removían escombros, así piedra por piedra, sin perder la esperanza, igual que en el 85, igual, decían las mujeres y hombres que tenían presente lo sucedido hace 32 años.

Casi 24 horas después al menos 14 mujeres fueron rescatadas, ellas tuvieron más suerte, pero nadie se da por vencido, siguen buscando.

La gente no podía creer lo que había pasado en sus casas. Desde aquellas en las que sólo se cayeron libros, cuadros, hasta las que quedaron inhabitables. ¿A dónde ir? Muchos se fueron con familiares, con amigos o a los albergues.

Todavía en la madrugada se derrumbaron más edificios. Fue una noche larga… y nos esperan más días y más noches largas.

El sismo también había tocado a Puebla, a Morelos, Hidalgo, Estado de México, Guerrero y Oaxaca… Las cifras oficiales hablan de al menos 45 edificios destruidos en la capital mexicana, donde se han rescatado a 94 personas sin vida, 71 más en el estado de Morelos, 43 en Puebla, cuatro en Guerrero y una mujer en Oaxaca.




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