Los violadores están sueltos

Palabras sin frontera


* La marcha terminó, con la conciencia de que una más fue violada

Lizbeth Álvarez Martínez

SemMéxico, 18 septiembre 2017.- Volvimos a tener una cita. El punto de encuentro fue el Zócalo de la Ciudad de México para después caminar hacia las instalaciones de la PGR, e ir a exigir justicia por la muerte de Mara Fernanda Castilla, Lesvy, y por todas las desaparecidas y asesinadas.

La mayoría íbamos dentro de un cuadro que se hacía con un lazo amarrado con las manos de cientos de mujeres. Durante el camino se les invitaba a todas a que se metieran al cuadro; algunas rechazaban la sugerencia, otras accedían.

Al principio de la marcha me mantuve fuera, tomando fotos y gritando: “¡No, ya te dije no, mi cuerpo es mío, tengo autonomía!”…, después acepté la invitación de meterme al cuadro, porque antes de ser reportera y hacer la nota, soy mujer y me duele escuchar que nos están matando.


Puedo ser una cruz más

Hace unas semanas fui a realizar una entrevista. Al salir, le pregunté a los policías cómo llegar al Metrobús; sus explicaciones no fueron claras para mí. Empecé a caminar entre las calles.

Estaba segura de que alguna me conduciría hacia mi destino. Caminé y caminé; eran más de las 10 de la noche; me desesperé y abordé un taxi.

Le dije al conductor que iba hacia el sur. Me preguntó que por dónde nos íbamos. Le respondí que por donde fuera más rápido… lo noté raro, se frotó las manos y me dijo: “Ahorita llegamos”. Me volteaba a ver constantemente por el retrovisor, no dejaba de frotarse las manos y se agarraba la entrepierna. Sentí miedo. Cuando se detuvo en un semáforo, decidí bajarme; él no quería aceptarme el dinero con el que le pagaba; se lo aventé y me bajé.

Me quedé en la parada del camión, ahí había luz y pasaban personas. Después llegó una chica. Le pregunté si pasaba algún camión que me llevara al Metrobús, me dijo: “sí, aquí pasa, yo voy para allá”. Nos sentamos juntas en el camión. Entonces me sentí segura a su lado, sin necesidad de conocerla.

Pude ser una cruz antes, cuando sufrí acoso sexual y me atreví a gritarlo, pero esa es otra historia…


Todas dentro

Al estar dentro de ese cuadrado formado por feministas y no feministas, me volví a sentir segura, confiada, tranquila. El apoyo de todas se siente, el amor por cuidarnos, porque nada nos pase, porque podamos vivir tranquilas. Me encantaría que en cada esquina hubiera un cuadrado y colocarnos ahí cuando sintiéramos el peligro.


Él llegó a la cita

Llegando a la PGR, se leyeron testimonios, se realizó un performance simulando a mujeres asesinadas. Se colocaron diversos carteles pidiendo justicia al gobierno por la muerte de Mara, de Lesvy y de todas aquellas que ya no están entre nosotras.

En el lugar se encontraba un hombre vendiendo panqués. Pasado el tiempo, vi que varias mujeres lo empezaron a agredir, no entendía el porqué, todas fueron tras de él persiguiéndolo hasta el interior de la plaza comercial Reforma 222.

Me acerqué con una chica para preguntarle por el alboroto. Me explicó que el susodicho se llama Octavio, que había violado a una chica que actualmente se encuentra en un refugio, que “él es un violador”.

Corrí hacia el lugar de los hechos. Todas pedían a gritos que lo sacaran de la plaza y que se los entregaran.

Los elementos de seguridad del Centro Comercial decidieron resguardarlo hasta que llegara la policía capitalina. Una vez que llegaron las autoridades, lo sacaron por el estacionamiento sin que nadie pudiera hacer nada. Supuestamente fue llevado a la Agencia 50 del Ministerio Público.

La marcha terminó, con la conciencia de que una más fue violada, de que nadie hizo justicia y que los violadores todavía andan sueltos.

SEM/la/lr


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