Los caminos de Laura Riesco

Diana Miloslavich


* Nos devolvió esta mirada sobre lo que seguimos siendo en este país: Un país diverso, un país de todas las sangres

Diana Miloslavich Tupac

SemMéxico, Lima, Perú, 12 septiembre 2017.- Con Laura Riesco me unió una profunda admiración y amistad. Ambas de Junín, mezclamos nuestros mundos y afectos con una Ama Grande. La abuela de Laura era croata y, en sus últimos años, cuando escribía sobre su abuela, la animaba a terminar la novela que recuperaría el mundo perdido de la migración croata en Cerro de Pasco y La Oroya. De alguna manera, el mundo de mi padre y de su abuela.

Laura Riesco (1940-2008) es una de las voces más importantes de la narrativa latinoamericana. Su primera novela El truco de los ojos (1978) es una novela experimental. Laura irrumpió en 1995 en la narrativa peruana con su novela Ximena de dos Caminos y, como señaló Ricardo González Vigil, Ximena merece figurar al lado de Julius, como el dúo de niños mejor retratados de la literatura peruana, entrañablemente sensibles, imaginativos, nada maniqueos.

¿Quién era esta escritora? Nació en La Oroya, estudio en el María Alvarado, su estadía en Estados Unidos fue larga. Profesora de Semiótica y Teoría Literaria, logró una formación académica importante pues desde su autoexilio pudo escribir una de las mejores narraciones peruanas. Su tesis doctoral fue sobre Poemas Humanos de César Vallejo.

En 1999, una encuesta de la revista Debate sobre las diez mejores novelas peruanas, colocó a Ximena de dos caminos –con solo 4 años de publicada- en el tercer lugar, después de País de Jauja de Edgardo Rivera Martínez y de La violencia del tiempo de Miguel Gutiérrez.

Su sensibilidad y temática la emparentó con la mexicana Rosario Castellanos, que publicó en 1957 la novela Balún Canán, donde la autora recupera a través de la memoria, un pasado añorado y a la vez doloroso, su niñez entre dos mundos antagónicos que, no obstante, están en contacto: el de los blancos terratenientes y el de los indígenas que son explotados, abusados y discriminados.

Al igual que su protagonista, Rosario Castellanos fue hija de terratenientes, vivió su infancia en Comitán, Chiapas y estuvo al cuidado de su nana Rufina, quien abandonó la casa de la familia cuando el reparto agrario casi arruinó a los dueños de fincas y los Castellanos emigraron hacia Ciudad de México.

Riesco, con su novela, narra en tercera persona las vivencias de una niña blanca de cinco años en un campamento minero de la sierra del Perú, La Oroya. El hecho de que estas vivencias sean percibidas por una conciencia infantil impide que la novela se convierta en un alegato social o en un panfleto de denuncia; si bien estos aspectos no están excluidos, están profundamente imbricados con el dificultoso aprendizaje de la escritura de la niña.

Dos novelas emblemáticas de la literatura latinoamericana. Ximena y la hija de los Argüelles son al final de cuentas dos testigas de lo que siguen siendo territorios fracturados, caminos diferenciados, donde las niñas transitan y miran el mundo de los adultos y parte de la tragedia de nuestros pueblos.

Marco Martos la emparentó con Margarita Duras, y señala el desarrollo de lo que en el cine se denomina el “plano japonés” en la novela, el punto de vista de Ximena desde su altura física y mental del cual ve los hechos. Construye una relación entre la catástrofe a la que está asistiendo y sus imágenes cinematográficas.

Yolanda Westphalen Rodríguez señala que es una muestra de las diferentes alternativas que la nueva narrativa ha ido construyendo y expresan el resurgimiento de una narrativa de mujeres. Janet Diaz dice que buscó retratar nuestro conflicto cultural e identitario.

De alguna manera, Laura exorcizó lo que ella había vivido y nos devolvió esta mirada sobre lo que seguimos siendo en este país: Un país diverso, un país de todas las sangres como decía Arguedas. Laura, a su manera, lo resolvió.


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