El Ciudadano, gran ausente en el V Informe

Mujer y poder


* Regresamos a la época, que pensábamos superada, del “Día del presidente”

Natalia Vidales

SemMéxico, 4 septiembre 2017.- El “yo-yo” fue el antagonista del mensaje a la Nación del presidente Peña Nieto el sábado pasado, un día después de que un propio del Ejecutivo le entregara a otro propio del Congreso el V y penúltimo informe de gobierno. Como es sabido, desde el 2008 se modificó la Constitución derogándose la obligación de la entrega personal del informe por parte del Presidente a la Cámara de Diputados.

Tras esa reforma, acudía el Secretario de Gobernación y le entregaba al recién nombrado presidente del Congreso el texto del informe, pero en esta ocasión la apertura de sesiones del Congreso se realizó sin titular de la mesa directiva (por la crisis partidista por la que atraviesa la Legislatura) y el documento lo recibió el diputado Mauricio Farah -Secretario General del Congreso- de manos de uno de los subsecretarios de gobernación, Felipe Solís.

El evento duró menos de 5 minutos, en una especie de “lo entregas y te devuelves”, como si fuese enviado por Estafeta (lo cual, a este ritmo, tal vez así suceda en el VI informe).

El protagonista del informe, que debió ser el ciudadano… no fue invitado, con lo cual se acredita que regresamos en el tiempo a la época del priato, cuando el papá gobierno se encargaba de todo y el mexicano era una especie de testigo de la historia; en un “mira todo lo que hice por ti este año”.

Cuando en el año 2000 se inauguró la alternancia, se suponía que el poder pasaría del PRI a la gente, no simplemente a otro partido, como finalmente ocurrió con Fox. Y Calderón tampoco gobernó con los ciudadanos. Aquel, Fox, ciertamente que integró a su gabinete a personalidades de la sociedad civil reclutada por los head hunters (caza talentos), y así se integró el famoso gabinetazo donde de hecho sólo cuatro secretarios provenían del PAN: Creel, Barrio, Usabiaga y Martha Sahagún.

Pero Fox gobernó con las estructuras de poder real del viejo régimen y que en vez de erradicar -como lo prometió y que por eso se votó por él- se avino a convivir.

Se prefirió lo que, en un acto de autocrítica Luis Felipe Bravo Mena (hoy flamante Fiscal Anticorrupción al interior del PAN) llama “una terapéutica de reformas graduales en vez de una extirpación por cirugía traumática” (que es lo que urge).

Y enseguida, Calderón, según sus propias palabras, señaló que Fox inauguró la alternancia, pero que con él finalmente el PAN llegaba “por primera vez” a Los Pinos. Y a gobernar al estilo del partido en el poder (otra vez dejando fuera a la ciudadanía).

Así, habiendo quedado el cambio verdadero en mero cambalache partidista, regresó el 2012 el PRI al mando, en un retroceso, un absurdo lógico, histórico y moral y que sólo se explica por aquella displicencia del 2000 y del 2006 que el votante consideró suficiente oportunidad perdida. Así como el regreso del PRI fue culpa del PAN, no de los ciudadanos; así la culpa la tendrá el PRI, por falta de efectividad y de participación ciudadana en su gobierno, si el 2018 gana López Obrador. El sábado, en su mensaje a la nación, Peña Nieto previene a la ciudadanía de “ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado” como para que si gana AMLO y nos lleva la trampa nos espetará un “se los dije”.

La mera alternancia de hace 17 años no satisfizo a la sociedad porque no se tradujo en el poder de la gente: ni con la llegada del PAN y menos con el retorno del PRI. Pero para estas alturas ya cerca del electoral 2018 (“hace años que México no se encontraba en una encrucijada tan decisiva como la actual” dijo EPN en su envío), los ciudadanos esperábamos que todos los partidos estuviesen ya convencidos de la necesarísima participación ciudadana directa en el gobierno, pero siguen montados en el viejo estilo de la verticalidad oficial.

Y Peña Nieto nos dio una cátedra de ello en su V y penúltimo informe de mandamás.


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