El mapa de la violencia: INEGI

Palabra de Antígona


* Sonora, la gran oportunidad

Sara Lovera

SemMéxico, 24 agosto 2017.- La información producida por la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) es un instrumento fundamental para orientar las políticas públicas capaces de enfrentar la violencia contra las mujeres. La Encuesta deja en claro que más de 6 de cada 10 mujeres mexicanas sufrieron un acto de violencia a lo largo de su vida y revela, esta vez, como se da la violencia en ámbitos precisos como el laboral y el escolar.

La encuesta legitima algunas de mis preocupaciones; deja claro que la violencia contra las mujeres es un fenómeno estructural que no puede ser reducido a acciones exclusivas de emergencia, sino que deberán recibir una atención integral y sostenida como señala la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida sin Violencia; que requiere de una vigilancia abarcadora y plural de las mujeres y de los hombres conscientes; que es urgente establecer bases duraderas en muchos ámbitos para combatir la idea de que la violencia contra las mujeres es “natural”.

Ahora que visité Hermosillo, Sonora, me di cuenta, sentí que existe una gran oportunidad, con los instrumentos legales, los de la ENDIREH y los temas de debate, para reflexionar y dialogar sobre este gravísimo problema que mina la capacidad y el crecimiento de millones de mujeres; no es posible reducirlo a unos cuántos municipios, como ya escribí.

Sonora es el segundo territorio más grande del país, sus contrastes socioeconómicos son increíbles. Lo discutí aquí con una colega periodista sonorense muy destacada, Lourdes Galaz, viendo que las mujeres en Sonora vienen de historias de fortaleza y, sin embargo, una podría preguntarse dónde está ese 61.1 de aquellas que sufren violencia, no sólo en Ciudad Obregón o Cajeme, territorio indígena e histórico, hoy blindado por la fuerza pública debido a los fenómenos del narcotráfico, sino en múltiples espacios de esa entidad.

Las mujeres de Sonora viven –muy estudiada- la violencia laboral en las zonas de las empresas maquiladoras de exportación; peligra su integridad en la zona fronteriza; viven violencia familiar y de pareja en las zonas pesqueras como Guaymas y Puerto Peñasco; aislamiento y pobreza en las zonas serranas sin vías de acceso y comunicación; violencia específica en la agroindustria. Mujeres que han sido tradicionalmente transgresoras, me contaban los profesionales de la comunicación en un taller, que han contribuido a grandes cambios y que sin embargo, por ello son castigadas con la violencia e incluso el asesinato.

Eso me reafirma. Cómo se le hace para obviar esta realidad. En Sonora la gran oportunidad es empujar una política integral que atienda, prevenga, sancione todas esas expresiones de violencia en la entidad. No sé de qué tamaño puede ser el peligro de niñas y niños en las zonas de alto turismo como San Carlos, o los problemas de hacinamiento en las regiones industriales, y qué sucede en el entramado de los 11 pueblos indígenas, en las zonas ganaderas, donde su intervención es marginal.

Las sonorenses son como se dice “bragadas”; porqué, insisto, victimizar a 105 mil mujeres de Cajeme, el 10 por ciento de la población femenina, solo para hacerse ver, mientras millón y medio de niñas y mujeres quedan invisibilizadas. La única explicación que encuentro es que se trata de una estrategia muy antigua, al viejo estilo de la clase política, de los entuertos de partido y acciones para ser “considerada” y tomada en cuenta, -pienso en el 2018- por eso se hace alharaca.

Por cierto, esas prácticas muchas veces resultan. Llegar al partido o al sindicato con un tema “ganado” ayudará a una candidatura. Por supuesto, sobre todo si no se tiene trayectoria feminista. Son acciones que no están encaminadas verdaderamente a incidir, a transformar, se quedan en la superficie, son engañosas y pueden tener efectos de simulación o manipuladores. Sé de cierto que una de las protagonistas ha logrado sentarse con una de las jefas de género. Ahora pide más y en este concierto siempre hay medios que siguen el juego.

En Sonora no se declaró la Alerta de Violencia de Género, y se pedía o se pide para Cajeme, un escenario desde donde se hace política futurista. Seguramente porque hay historia; Sonora es la tierra de cinco presidentes de México, entre ellos Álvaro Obregón; Sonora es la tierra, dijo en su libro Héctor Aguilar Camín, de donde bajó la Revolución; Sonora ha dado al feminismo mexicano de mi generación dos candidatas presidenciales; al menos una fundadora del nuevo feminismo brillante; organizadoras de mujeres del campo y la ciudad; una responsable de CONAVIM, diversas y variadas, buenísimas militantes de la causa de las mujeres; una de las dos primeras senadoras, maestras armando un partido político alternativo; actrices, incluida la de símbolo más trasgresor, María Félix, pero también Columba Domínguez y Silvia Pinal.

Reflexionar sobre Sonora, donde gobierna la única mujer en el panorama político, me confirma que hay quienes, en mirada muy corta, quieren tener un lugar en la historia, así sea abandonando la oportunidad de sentarse a juzgar, valorar, intervenir en un proceso sustantivo para avanzar integralmente en erradicar la violencia contra las mujeres. No es la política de enfrentamiento sobre tan delicadísimo asunto, como se puede contribuir.

Debo decir, además, para informar al público que en la Declaración de las Alertas de Violencia de Género, el grupo de expertas no vota; tener un diagnóstico no obliga a la Alerta, así fue en Guanajuato, en Baja California y otras entidades, donde los gobiernos se han comprometido a tomar medidas integrales. Supongo, no lo sé, que en esos lugares la sociedad civil está vigilando y no se usa el tema para protagonismos políticos. Habrá que averiguar qué pasa, ya que los gobiernos estatales tienen que activar sus medidas integrales, y no sólo la emergencia, que no se debe dejar pasar, pero no es el motivo principal. Pero no se sabe, no se informa. Oí una entrevista donde la periodista no cuestionó, porque no sabe el significado de la Alerta, una medida de un artículo en toda un ley integral, que obliga a los tres niveles de gobierno a actuar.

Eso se oculta, no entiendo por qué, además de que como el reduccionismo que fustigamos, estar a favor o en contra del aborto, ahora se mide a la feminista por estar a favor o en contra de la Alerta, demasiada limitada la polémica y engañosa, bien dice la autora de la ley, se trata de un proceso de violencia que se anida en la vida de las mujeres en un sistema discriminatorio y excluyente. El reduccionismo tiende cortinas de humo y es sólo limitada y vulgar politiquería.

Y quienes están ahora en este tema, que puede dejar dividendos, materiales o simbólicos, ya se olvidaron de otras cuestiones sustanciales, que sin confrontación podrían discutirse con la única gobernadora del país, la situación laboral, el tema de la violencia familiar, la escuela, el hostigamiento sexual, todos los caminos de la violencia feminicida, hoy abandonados, por razones ininteligibles.



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