El increíble despido de Judith la periodista sindicalista

Miradas de reportero


* Judith Calderón ha sido promotora, defensora, propagandista de su periódico, La Jornada, a veces hasta atosigar a sus interlocutores.

Rogelio Hernández López

No es creíble que haya razones éticas, legales ni legítimas para que la huelga haya derivado en el despido de Judith Calderón y de Leonardo Mondragón.
Y más increíble es que hayan sido acusados penalmente en una fiscalía federal por “privación de la libertad” de otros trabajadores del periódico.
El periódico que se ha ganado reconocimientos por defender los derechos humanos, resultará todavía más lastimado por estas acciones que parecen inverosímiles al grado que la demanda penal alcanza al hijo de Judith, quien ni siquiera trabaja allí.

Etica
En varios sentidos para este reportero es sobrecogedor abordar este asunto públicamente, porque muchas personas de La Jornada son pares de oficio y me brindan su amistad; porque también creo que deberían procurar su permanencia tanto como su credibilidad.
La razón mayor es que este diario, como muy pocos entre los más de 350 que existen en México, había alcanzado a ser una referencia editorial ética necesaria.
La Jornada, en amplio sentido todavía puede recuperar su perfil de ser uno de los diarios más éticos, porque desde los profesionales del periodismo que lo fundaron decidieron ser honestos y enfocar sus informaciones por causas sociales, dar voz pública a quienes carecían de tribunas y entre otras causas encausarse por la izquierda.
La Jornada no engaña con su línea editorial ni con las anacrónicas sentencias morales de que el periodismo debe ser imparcial, objetivo y plural. Eso es honestidad y así ha aportado mucho al debate nacional. Todavía es un periódico de referencia. Esto es lo ético que le ha dado credibilidad. (Otro tema, por ahora, es el manejo de informaciones que impone el mercado de la publicidad y el manejo de los recursos).
Judith
Desde que conozco a Judith Calderón hace 30 años cuando era reportera de laborales, ha sido promotora, defensora, propagandista de su periódico, La Jornada, a veces hasta atosigar a sus interlocutores.
En los últimos 7 años, Judith como secretaria general de su sindicato, ha tenido que repetir en esa responsabilidad porque ni reporteros ni editores quisieron asumir tal tarea que, por lógica, conlleva riesgo de confrontación con los directivos. Ella hizo lo que le imponía su cargo, se puso al frente en una huelga que se decidió por mayoría de sindicalizados; era su deber y obligación.
A partir de 2010 Judith se dio tiempo para combinar sus labores en el Sitrajor con la fundación y operación de la Casa de los Derechos de Periodistas (CDP). Hemos compartido allí otra causa: defender la integridad de colegas periodistas. En esta modesta agrupación se han atendido, acompañado, auxiliado, capacitado a más de 700 colegas mujeres y hombres, varios de ellos en riesgo extremo.
Ella es la presidenta de la CDP y como tal es extremadamente cuidadosa con el manejo de los recursos públicos que financian las operaciones de esta asociación civil. Por ejemplo mudó nuestra oficinilla a un local del sindicato de cine para ahorrar un poco de, la de por sí, renta baja que nos cobraban en la Casa de la Solidaridad. Cuida hasta los últimos centavos. En cambio, de su salario como correctora de estilo de La Jornada he visto varias veces que apoya, sobre todo a mujeres periodistas en dificultades o bien a cada reunión llega cargando galletas, café, fruta para el personal o para las reuniones, “para que la Casa no gaste en eso”. Yo le digo en serio y en broma que su comportamiento es como si fuera “La mamá de todos”.
En este trayecto también he confirmado que la conocen, respetan y apoyan muchos sindicalistas de telefonistas, electricistas, de otros oficios y de medios de prensa. Distintos partidos de izquierda le han propuesto en varias ocasiones ser candidata a legisladora como periodistas sindicalista. Y ella decidió mantenerse en su periódico, en su sindicato, en sus causas como la CDP. Por esto y muchas otras cosas más creo que ha sido tratada injustamente por quien haya tomado esa decisión a sabiendas de atizar un conflicto laboral con los combustibles penal y político.
Los despidos, ilegales
Uno de los abogados laborales más reconocidos por los sindicatos, Manuel Fuentes Muñiz interpretó así los despidos:
“Es muy grave lo que ocurre en el periódico La Jornada. Los principales dirigentes sindicales, su secretaría general, Judith Calderón y el secretario de organización, Leonardo Mondragón han sido despedidos fulminantemente; pesa sobre ellos además una denuncia penal que ya conoce la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México en el expediente CI-FBJ/BJ-1/UI-1 S7D/03464/07/2017 después de haber encabezado un movimiento de huelga el 30 de junio pasado.
Son muy graves estos hechos de penalizar las relaciones laborales después de una huelga que fue declarada inexistente 55 horas después de haber sido estallada; después de una resistencia legítima de la mayoría de sus trabajadores para evitar el recorte de sus prestaciones en más del 45% y sus salarios. Los huelguistas, después de la declaratoria de inexistencia, tuvieron que regresar a laborar con un acuerdo suscrito entre la empresa y sindicato de que no se ejercerían represalias de ningún tipo; sin embargo, el conflicto se agrava ahora, ante una respuesta desmesurada de la administración de ese medio periodístico”.
Lo político
Entre las reacciones políticas, desde el día siguiente, destacan las de sindicatos mexicanos y académicos:
“Llamamos a los directivos del diario a corregir su rumbo, a reinstalar inmediatamente a los dirigentes sindicales, a retirar las acusaciones penales y a reabrir el diálogo con el sindicato” anotaron en una carta pública la Unión Nacional de Trabajadores; Nueva Central de Trabajadores; Coordinadora Nacional de Sindicatos Universitarios, de Educación Superior, Investigación y Cultura; Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, Sindicato de Trabajadores de la UNAM, Sindicato Mexicano de Electricistas, Sindicato Independiente de Trabajadores de la UAM, Frente Auténtico del Trabajo, otros 22 sindicatos además de los aadémicos: Alfonso Bouzas, Arturo Alcalde, José Luis Contreras, Patricia Juan Pineda, Héctor de la Cueva, Eduardo Díaz y una decenas de ONGs como CILAS, Red de Mujeres Sindicalistas, CENPROS.
En comunicado aparte la Federación Internacional de Periodistas (FIP) resaltó:
“En su accionar antisindical, la empresa ha violado el convenio 87 (“Convenio sobre libertad sindical y la protección del derecho de sindicación”) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado por el Estado mexicano”.
Judith Calderón y Leonardo Mondragón apoyados por colegas y sindicalistas recopilaron firmas para exigir “reinstalación y el cese a la represión” en el hemiciclo a Juárez de la Alameda Central y era altamente probable que con el respaldo de sindicatos nacionales instalasen un plantón.
¿De verdad no hubo alguien entre los directivos de La Jornada que haya visualizado otra opción para disipar el conflicto que se inició por mala conducción del diario? Lo perjudicial no será sólo para Judith la periodista, sindicalista, defensora de periodistas y otros miembros del Sitrajor, sino que lastimará más a este diario necesario en México.


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