Internacional

Luiza buscaba trabajo y terminó de esclava sexual

Pobreza y violencia son los principales caldos de cultivo para la trata: ONU Mujeres


* Ahora trabaja para Podruga, organización que combate la trata y otros tipos de violencia hacia las mujeres

Gloria Analco

SemMéxico, Cd. de México, 31 julio 2017.- El caso de Luiza Karimova es sólo uno de los 21 millones de personas que son víctimas de la trata de personas en el mundo.

Mujeres, niñas, niños y hombres se encuentran en manos de traficantes y todos los países están afectados por la trata, señala un informe de ONU Mujeres.

Ante la celebración, el 30 de julio, del Día Mundial contra la Trata de Personas, el organismo de la ONU ha dejado bien sentado que la pobreza y la violencia son los principales caldos de cultivo para la trata.

El segundo negocio ilegal más lucrativo a nivel mundial utiliza todo tipo de estratagemas para capturar personas e introducirlas en un mercado que supone la más denigrante forma de esclavitud moderna.

Eso le sucedió a Luiza Karimova, originaria de Tashkent, Uzbekistán, quien un día dejó a su hijo con su familia y viajó a Osh, Kirguistán, en busca de un trabajo, pero ahí fue vendida como esclava sexual y traficada a Dubai, por medio de una celada.

En Osh, una mujer le dijo acerca de un trabajo de camarera en Bishkek, donde junto con otras mujeres las detuvieron en un apartamento, llevándose sus pasaportes, las fotografiaron para supuestamente nuevos documentos de empleo y las subieron en un avión rumbo a Dubai con identificación falsa.

“Nos llevaron a otro apartamento lleno de mujeres. Entonces nos enteramos, debíamos ser esclavas sexuales y hacer lo que los clientes quisieran. Al día siguiente me enviaron a un club nocturno y me dijeron que tendría que ganar al menos 10 mil dólares al final del mes”, contó Luiza.

Transcurridos 18 meses, un día que salía del club nocturno vio un coche de la policía que iba acercándose, en vez de huir como hacían las demás, se dejó atrapar, y fue deportada a Osh.

Como su identificación era falsa, pasó un año en la cárcel a pesar de que presentó un informe a la policía sobre lo que le había sucedido, la cual logró capturar a tres de los traficantes.

Pero una vez que estuvo fuera de la cárcel, se encontró en las calles avergonzada y desempleada, entonces volvió a la industria del sexo.

“Yo estaba trabajando en saunas locales cuando gente de la organización Podruga me encontraron y me ofrecieron trabajo. No estaba segura de que encajaría, pero poco a poco comencé a confiar en ellas”, dijo.

Durante los dos últimos años ha trabajado con Podruga, una organización con sede en Osh, Kirquistán, que cuenta con el apoyo de ONU Mujeres, y que tiene como objetivo poner fin a la violencia contra las mujeres y también aquellas que son sometidas al tráfico sexual y de drogas.

“Estoy trabajando con Podruga como una trabajadora de extensión. Me casé de nuevo, y mi marido sabe todo sobre mi pasado y no me juzga. ‘Sigue adelante y no mires atrás’, me dice. Ahora somos una familia, eso es todo lo que importa”.

Luiza Karimova, que utiliza este nombre falso para proteger su identidad, todos los días, va en misiones de divulgación, visitando saunas y otros lugares en Osh, para hablar con las trabajadoras del sexo, convencerlas de apartarse, entrega preservativos y las advierte sobre los peligros de contraer el VIH, aportando medidas de salud y seguridad, asistencia legal y otros tipos de apoyo.

“Con frecuencia me encuentro con chicas que sueñan con ir a Turquía y Dubai para ganar más. Les digo: ¡Por favor, no vayan!. Les cuento cómo me vendieron a la esclavitud sexual, donde todo el dinero fue a los proxenetas que abusaron de nosotras. A uno le gusta usar un hierro caliente. ‘No hay nada bueno para ti allí’, les digo”.

Dice Luiza que para detener la trata de mujeres y niñas, “tenemos que informar a la gente sobre las consecuencias de la trata de seres humanos y cómo detectar las señales”.

SEM/ga/lr


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