Europa, al borde de romper con EE.UU.

Escaramuzas Políticas


* El Congreso estadounidense aprobaría este martes medidas que buscarían parar de golpe los gasoductos Nord Stream 2 y Turk Stream

GLORIA ANALCO

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca no detuvo los planes de los halcones de guerra, quienes han convertido a Estados Unidos, desde hace 20 años, en un destructor y devorador de países.

Estados Unidos ha gustado de presentarse a sí mismo como una amenaza mortal e intenta ser un enemigo de cuidado, y también infligir el mayor daño, siempre buscando golpear a la cabeza.

Y ahora, después de ocupar múltiples países y crear una necesidad de más presupuesto para la guerra del que han podido obtener, las fuerzas neoconservadoras se aprestan a ir tras la conquista del mercado de los hidrocarburos en Europa, siempre llevando por delante la voz cantante de la guerra.

Para ello, el Congreso estadounidense, infestado de neoconservadores de ambos partidos, aprobará este martes medidas que buscarían parar de golpe los gasoductos Nord Stream 2 y Turk Stream, dos ambiciosos proyectos rusos que fortalecerían la seguridad energética de Europa y Turquía, respectivamente.

Bruselas, siempre dispuesta a acudir al llamado de Washington, esta vez se encuentra afilando sus armas para derrotar la intención de EE.UU. de imponer un paquete de sanciones contra personas y compañías que inviertan en la construcción de gasoductos realizados por Rusia.

La Unión Europea no está dispuesta a aceptar un paquete de sanciones que no tome en cuenta sus intereses, y el cual tiene amplias posibilidades de ser aprobado, ya que una versión anterior del proyecto de ley fue votada a favor por 97-2 el mes pasado.

Una fuerte confrontación entre ambas partes parece inevitable, la primera de consideración desde los días de George W. Bush, que los había dividido por la guerra de Irak.

Europa no puede prescindir, bajo ninguna circunstancia, del gas ruso por ser barato y tenerlo al alcance de la mano, razón por la cual las intenciones de Washington corren el grave riesgo de estrellarse de lleno en el muro que Bruselas está levantando para oponérsele.

En este proyecto, que busca arruinarle a Moscú la exportación de 55 mil millones de metros cúbicos anuales con el gasoducto Nord Stream 2, que se extendería desde la costa rusa hasta Alemania, coinciden plenamente los neoconservadores y el presidente Donald Trump.

Ambos se acercan en sus pretensiones al priorizar el apoyo a las exportaciones de energía de Estados Unidos hacia el Viejo Continente para crear empleos –promesa en campaña de Trump- y fortalecer la política exterior estadounidense en términos de una globalización imperialista, como es concebida por los neoconservadores.

A la hora de redactar el proyecto de ley, los senadores estadounidenses pusieron en tercer lugar, además de los dos antes señalados, que priorizar las exportaciones de energía de EE.UU. también permitirá “ayudar a los aliados de Estados Unidos”.

Los expertos europeos, aquellos que no le hacen el juego a los estadounidenses, aseguran que el gas de Rusia siempre acabará siendo más barato que cualquier licuado, además de que el gas licuado es más caro que el que Rusia suministra a Europa, y actualmente, el 88 por ciento del gas que abastece a Europa llega por tuberías y no por barco que tal sería el caso con el estadounidense.

Las exportaciones estadounidenses ya han comenzado modestamente en este año con un barco cargado de gas natural licuado (GNL) a Polonia, como un primer intento de mostrar a Europa que puede surtir sus necesidades de energía, pero nadie duda que sufrirán gravemente la competencia del gas ruso.

Bruselas ha empezado a considerar que el paquete de nuevas sanciones, próximo a ser sometido a votación, es un pretexto de Estados Unidos para promover su propio gas, ya que las compañías estadounidenses tratan de exportar el GNL a Europa y suplir a Rusia en ese abastecimiento.

Para no parecer demasiado entrometido en las decisiones europeas sobre dónde adquirir su gas, el punto de vista estratégico estadounidense es que el flujo de gas licuado barato en Europa rompe el monopolio de la empresa rusa Gazprom y obliga a bajar los precios.

Hasta hace muy poco había reticencias por formalizar la construcción del Nord Stream 2, lo cual se atribuía más a motivaciones geopolíticas hacia el gasoducto, influida Europa por Estados Unidos, pero repentinamente eso ha dado un viraje.

Ahora, en cambio, la Unión Europea parece estar dispuesta a utilizar la legislación europea para evitar que las medidas estadounidenses sean “reconocidas o aplicables” en su territorio, y también preparan medidas de represión conforme lo permite la Organización Mundial del Comercio.

Para los observadores, Europa no sólo se está alejando de Donald Trump, con quien no parecen congeniar como lo hiciera con Barack Obama, sino también de los Estados Unidos, luego de percibir el monto de pérdidas económicas causadas por las primeras sanciones a Rusia.

La Unión Europea ha llegado a la conclusión de que las sanciones políticas no deben estar de ninguna manera vinculadas a los intereses económicos, y están experimentando una especie de despertar, el cual pudiera propiciar un deterioro considerable de las relaciones trasatlánticas.

Estados Unidos ha establecido una política de cerco militar contra Rusia, por medio de la OTAN, abasteciendo cada vez más de armamento, pertrechos y tropas a amplias zonas en las inmediaciones de ese país. Ahora ya sabemos que también lo ha hecho con fines comerciales.

gloriaanalco@gmail.com


Comment Box is loading comments...