Aunque Usted no lo Crea: Está Prohibido Bailar en Sonora

Mujeres y Poder


* Se necesita un permiso especial para que la clientela baile en un local

Natalia Vidales

Natalia Vidales
SemMéxico, 19 julio 2017.- Si usted acude con su pareja a un bar aquí en Sonora que cuente con música programada o en vivo y, lógicamente, se les ocurre ponerse a bailar al son que están escuchando, resulta que si el negocio no tiene un permiso especial, se le acercará la mesera o el vigilante del establecimiento para decirle que no puede hacerlo. Así tal cual: que está prohibido; que el negocio no tiene licencia de la autoridad –porque no se la dan aunque la tenga solicitada– para permitirle a la clientela que baile. Que, por favor evite una multa y tome asiento y nada más escuche la música.

El término “licencia”, deviene en México de las mercedes otorgadas por el conquistador español. Así estamos hoy en Sonora: la especie evoca la época de cuando incluso se prohibía la entrada a las mujeres a los bares. De cuando se anunciaba a la entrada de esos lugares que se restringía el acceso a uniformados, a personas armadas, a tatuados y a mujeres de mala nota.

Pero aunque eso ya no tiene nada que ver con el ¡Otro Sonora Ya! (¿o sí?), la prohibición de bailar continúa.

Se requiere de permisos muy especiales y restringidos que la Dirección General de Alcoholes concede a cuentagotas como si fuese el gran problema en vez de propiciarlo como una forma de convivencia social.

De hecho, como ciudadanos habría que preguntarnos: ¿Cómo o por qué tengo que pedir permiso para ponerme a bailar –sin importunar, desde luego– en el lugar que quiera? ¿En cuál Artículo lo prohíbe la Constitución?

Hoy la titular de alcoholes, Zaira Fernández Morales, se limita a aplicar la ley tanto como su antecesora, Imelda González igual lo hizo al no permitir y sancionar el baile en ciertos lugares como siempre ridículamente se ha hecho. Porque resulta que unos sí tienen permiso y otros no.

La facultad de expedir esas licencias se ha tomado como un acto discrecional, potestativo, y no con base en quien cumpla con los requisitos: Usted sabe, estimado lector, lectora, el clásico “tú sí ($$), tú no” de los gobiernos autoritarios y corruptos dizque de antaño. O, peor aún, por mera ignorancia o inercia antepasada.

Probablemente nuestra gobernadora, Claudia Pavlovich, no sepa o no esté informada de que los inspectores de alcoholes les permiten –excediendo sus funciones– a los propietarios de esos centros diurnos y nocturnos –sin permiso de pista de baile– que la clientela pueda hacerlo únicamente contiguo a sus mesas, pero no en un espacio con otras parejas, como si fuese algo vergonzante.

Suponemos que para estas líneas Usted lector, lectora se estará preguntando, como nosotros, de qué se trata todo esto. ¿Cuál es el problema de que la gente baile?

Por supuesto que no es permisible bailar donde y como sea (aunque no sería mala idea en una época como la actual en la que habría que contrarrestar la violencia con algo más que con declaraciones políticas del combate al crimen: nadie ha matado a nadie durante un pasodoble o en una quebradita), pero… ¿Por qué no permitirlo con más laxitud? ¿Qué daño social o qué delito se provoca bailando? ¡Ninguno! Pero, en lugar de promover algo tan sano como el baile… ¡Lo prohíben!

Pero eso sí, expiden a diario permisos en cada esquina para la venta de bebidas embriagantes. Y, claro, los tabledance a todo lo que dan.

Ordene, gobernadora, que la gente decente también baile con toda libertad en Sonora. El baile es sano para la mente, para el espíritu y para el cuerpo. ¿Y se prohíbe en Sonora? Qué incongruencia.




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