10 años de guerra: Parir bajo el sicariato

10 años de guerra: Parir bajo el sicariato


* Además de sufrir de la violencia de grupos criminales, niñas, jóvenes y mujeres secuestradas por el narco son revictimizadas por autoridades y sociedad.

LA OPINIÓN

Omar Feliciano*
SemMéxico, 30 noviembre 2016.- Claudia Gómez de 35 años y con seis meses de embarazo, circulaba en la Carretera Federal Acapulco-México en compañía de su hija Fernanda. Un comando armado la atajó y la ejecutó. Ya había sufrido un ataque en su hogar. En Tamaulipas, Brenda Hernández quedó atrapada en el fuego cruzado en un enfrentamiento y murió a consecuencia de las heridas. En Tierra Caliente las niñas han sido botín de guerra de cárteles como el de los templarios: “Se llevaban a siete u ocho chiquillas y no se sabía de ellas hasta por tres días”.
Los cuerpos de las niñas y las mujeres son botín de guerra: violadas, torturadas, asesinadas, desaparecidas de la memoria. “Todo detonó cuando el narco abusó de nuestras esposas e hijas”, aseguró José Manuel Mireles, al contestar sobre por qué se organizaron como autodefensas en Michoacán: “ Llegaban a tocar a la puerta de las casas y decían: ´me gusta mucho tu mujer, ahorita te la traigo, pero mientras me bañas a tu niña porque esa sí se va a quedar conmigo varios días` y no te la regresaban hasta que estaba embarazada ”.
El número exacto de mujeres violadas y niñas embarazadas por el abuso no puede saberse. Muchas familias callaron por miedo a las amenazas. Las primeras familias que denunciaron fueron asesinadas. De acuerdo con una entrevista de 2013, en el último trimestre de 2012 fueron atendidas en ese estado 40 niñas embarazadas producto de violación , todas entre 11 y 14 años. Según los datos del informe Niñas y Mujeres sin Justicia. Derechos Reproductivos en México, en Michoacán de agosto de 2012 a diciembre de 2013 no hay un solo aborto por violación autorizado por la procuraduría local y llevado a cabo por la secretaría de salud del estado.
Es decir, además de sufrir de la violencia de grupos criminales, estas niñas son revictimizadas al ni siquiera considerarse una interrupción legal, en una sociedad que las estigmatiza debido a su embarazo y muchas veces las obliga a dejar su comunidad, en medio de la vergüenza y el acoso. Las 40 niñas de las que habla el doctor Mireles en su entrevista tenían derecho a un aborto y ni siquiera se les consideró. Sus historias en su propia voz faltan por ser contadas en un recuento de los saldos de la guerra del narco.
Otra forma en la que las mujeres ven afectadas sus vidas debido al crimen organizado es el abandono de centros de salud debido a las amenazas que sufre el personal de salud. La magnitud del fenómeno se desconoce, pero hay decenas de reportes de abandono de centros de salud en Guanajuato ; en Sinaloa hay comunidades sin clínicas por hasta seis meses; en Guadalupe Victoria, Puebla se registraron cinco agresiones a personal de salud en dos meses durante 2013.
Sayak Valencia propone el término Capitalismo gore como “una herramienta de análisis del paisaje económico, sociopolítico, simbólico y cultural mexicano afectado y reescrito por el narcotráfico y la necropolítica (entendida como un engranaje económico y simbólico que produce otros códigos, gramáticas, narrativas e interacciones sociales a través de la gestión de la muerte). En este análisis, Sayak Valencia ha denominado al crimen organizado y al narco como sujetos endriagos. Ella usa la figura literaria del Endriago, un ser mezcla de hombre, hidra y dragón para representar un tipo de subjetividad bajo el capitalismo neoliberal que es la cristalización de la masculinidad hegemónica en su versión más tóxica, donde la violencia como práctica y herramienta forma parte de la industria de la droga y la subcultura del narco.
Estos sujetos endriagos están animados por la impunidad, el poder y un coctel formado en sus hígados al combinar cocaína y alcohol (como se atestigua en los corridos alterados). Al combinarse el alcohol y la cocaína en el hígado se genera cocaetileno, que aumenta los efectos eufóricos de la cocaína, por ende, la sensación de invulnerabilidad y poder. Los comportamientos antisociales, violentos y agresivos asociados han sido documentados por estudios .
El México del narco ha hecho más difíciles las vidas de las mujeres. Sujetas a la agresión impune, a la revictimización del Estado, enfrentan una versión de la masculinidad hegemónica altamente tóxica que rige sobre la vida y la muerte de quienes considera sus súbditas en estos feudos de impunidad.
* Omar Feliciano es responsable de Medios Digitales de@GIRE_mx. @tipographo
Tomado de http://www.animalpolitico.com/

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