Los datos sobre la violencia aterran y preocupan a las mujeres

Opinión


* Una agenda común

LA OPINIÓN

Rita Imelda Fernández
SemMéxico, 26 junio 2017. Hace casi una semana participé en el Laboratorio Político Feminista convocado por Gema Joven y Avanzafem, al encuentro acudieron cerca de treinta mujeres que en su mayoría eran jóvenes con estudios superiores. En ese encuentro pude darme cuenta de que existe una gran necesidad de las mujeres por compartir sus vivencias, por platicar con otras sobre sus experiencias desde que se han asumido feministas o por lo menos desde que han decidido plantarle cara al machismo que vivimos todos los días con nuestras amigas, familiares, parejas, trabajos. Ya sea desde el ámbito personal-subjetivo o bien desde un posicionamiento social- político.
También encontré que la mayoría coincide en la necesidad de articular la vida política feminista no solo para sumar más mujeres feministas a nuestras causas, sino de sumarnos a una causa común que es la resistencia y afrontamiento a la violencia contra las mujeres y la violencia generalizada que se está agudizando en el país, por el crimen organizado, la trata de personas con fines sexuales y de explotación, el asesinato de periodistas como el caso de Miroslava Breach o Javier Valdez, de defensores y defensoras de derechos humanos, de ambientalistas, de indígenas por el derecho a la tierra, de las madres y padres de desaparecidos.
Tan solo de 2015 a la fecha expertos en seguridad han mostrado repuntes de violencia hasta en un 500 por ciento, baste recordar que el pasado mes de mayo se colocó como el más violento en los últimos 20 años en México ya que registró dos mil 186 homicidios dolosos lo que indica que cada hora se cometieron tres asesinatos en el territorio mexicano, que cada día hay siete feminicidios, o que por ejemplo en el Estado de México en 13 meses se han registrado más de dos mil desapariciones de mujeres principalmente niñas y adolescentes con nombres y familias destruidas como el caso reciente de Valeria.
Estos datos aterran y preocupan a la mayoría de las mujeres no solo por la posibilidad de vivir en carne propia una agresión, también existe una preocupación marcada, un miedo constante a que alguna hija o familiar sea víctima de violencia machista, trata, desaparición, violencia sexual.
Lo más grave y preocupante es que el Estado parece no ver lo que sucede, las Alertas de Violencia de Género no han funcionado con la urgencia requerida, pero tampoco ha funcionado la estrategia de seguridad nacional, ni las fiscalías especializadas ya sea para atender crímenes contra periodistas o desapariciones, o casos de tortura. Diagnósticos, mesas, foros, encuentros con organizaciones de la sociedad civil vienen y van y el estado no logra dimensionar los problemas que enfrenta, sus datos son superficiales, no tiene diseños claros de política pública que puedan ser seguidos y evaluados.
Las feministas reconocen estos vacíos, pero también reconocen vacíos en el propio movimiento. Aunque ya existen algunas fisuras que podrían permitir el ingreso y transformación del Estado hacia uno más igualitario estas no son suficientes. La primavera violeta que se vivió el año pasado con marchas multitudinarias no tienen el impacto necesario sin una agenda y un plan de acción que transmita no solo a las feministas sino al resto de la sociedad la urgencia de transformar nuestra realidad, de salir por un momento de nuestros privilegios para hablar por las otras y otros.
Twitter @RitaIFdz


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