Internacional

Del frío del Ártico al hielo de Siberia, pasando por la selva: ventanas al mundo

Diversidad de mujeres cineastas


* Las girasoles del film son un puñado de valientes prostitutas organizadas como trabajadoras

Redacción

Escrito por Eulàlia Lledó, doctora en filologia romànica
SemMéxico/La Independent. España. 16 de junio de 2017 Una de las maneras de ver la enorme diversidad de las cineastas (y, por extensión, de las mujeres) y la riqueza poliédrica del cine es alimentarse de documentales. En la última edición del DOCS Barcelona Festival se ha podido ver una gran variedad.
Por ejemplo, Angry Inuk (Canadá, 2016) de la directora inuit Alethea Arnaquq-Baril. Angry Inuk enfoca el mundo desde un punto de vista diferente a la mayoría de los documentales sobre focas, puesto que consigue que nos lo miremos desde los ojos del pueblo inuit; le da voz. Las focas son uno de los pocos alimentos a su alcance y usan sus pieles para abrigarse (se aprovecha todo, como del cerdo). La contienda está entre si sólo las tienen que cazar para su autoconsumo —tal como postulan los grupos animalistas (que tal vez hacen campañas aprovechando la simpatía por las focas; animales que no están en peligro de extinción)— o, si para poder subsistir, deben poder comercializar más pieles (¿cuántas; hasta qué punto?). Gran dilema. Muestra zonas oscuras en ambos lados lo que dificulta llegar a una certeza. E incita a reflexionar, obligación de todo documental.
Por ejemplo, Amazona (Colombia, 2016) de Clare Weiskopf. Del frío del Ártico al bochorno de la selva. Muchos viajes. El primero, por la compleja vida de la madre de la directora. El segundo, por una Colombia fascinante y feraz de ríos caudalosos. El tercero, y se agradece que la hija y directora sea sutil, por la compleja relación entre madre e hija (a punto también de ser madre: pare durante la filmación). El cuarto, por el intento de dilucidar qué es eso de la maternidad, en qué consiste ser una buena madre. Gran dilema. A veces es mejor no hacer caso de las sinopsis brindadas por las web: no se trata de una madre que abandonó hijas e hijo, sino de una madre que piensa y siente crudamente que la libertad es unipersonal y pasa por ser dueña de su propia vida; que no se puede vivir la vida a través de otras personas, por muy hijas que sean; que si un hijo se droga es su elección y responsabilidad y no culpa de otra persona, por muy madre que sea. Este hilo nos hace viajar atrás: también es un retrato perfecto de la manera de vivir y de la filosofía de la gente hippy.
Más bochorno en Girasoles de Nicaragua (Nicaragua, 2017) de Florence Jaugey. Las girasoles del film son un puñado de valientes prostitutas organizadas como trabajadoras. Gran dilema. Entre, por un lado, la asquerosidad abyecta que es la prostitución (en más de un 90% producto de la esclavitud y el tráfico) y el insulto a la dignidad de todas las mujeres sin excepción (¿por qué tan pocos hombres se sienten agredidos por ella?), y, por otro, qué hacer para mejorar la vida y la dignidad de las obligadas a hacerlo y cómo evitar las vejaciones y vulneración de derechos mientras no abolimos este abuso. Como fortalecerlas. Muestra también cómo han conseguido que el Tribunal Supremo encargase a una serie de trabajadoras sexuales que actúen de mediadoras judiciales, y no sólo para resolver conflictos de su actividad (una vez más, no hay que dar mucho crédito a los resúmenes). Además, es un retrato espléndido de la contradictoria Nicaragua actual. Con detalles impagables: la costumbre de vestir cuatro tallas más pequeñas (incluidas policías y militares) o —una no se tiene que levantar jamás de la butaca antes de que pasen los créditos y se abran las luces— como han usado algunos versos de la gran sor Juana Inés de la Cruz para su himno. En Nicaragua no eres nadie si no tienes himno.
Si no tienen suficiente y quieren volver a pasar frío, aunque de un director (Audrius Stonys),Woman and the Glacier (Lituania, Estonia, 2016) documenta el duro y helado día a día de la glaciaróloga lituana Aušra Revutaite (¡ay, los resúmenes!: han preferido dejarla en el anonimato) que ha pasado treinta años en la cordillera de Tian Shan cerca de Kazajstán a 3.500 metros de altitud estudiando el cambio climático. La acompaña sólo la distraída compañía de un gato y un perro inmersos en una intensa relación de amor-odio. El telón de fondo es una naturaleza colosal y grandiosa, inmutable pero muy viva.
Otra opción es ir a la extrema Rusia con la directora Olga Delane y ver Siberian Love (Alemania, 2016). El dilema entre la vida en Berlín o en la fría aldeuela natal de la cineasta. Un documental no suficientemente conseguido porque Delane, sin duda con buena intención militante, interroga a familiares y entorno con preguntas en muchas ocasiones anacrónicas y fuera de lugar y que además llevan implícita la contestación. De todos modos, es bonito constatar el acierto de muchas respuestas a pesar de responder a peticiones equivocadas. Y sobre todo el contraste entre las patriarcales, lapidarias y sentenciosas respuestas de los hombres y las matizadas y casi interrogativas contestaciones de las mujeres, curiosas respecto a cómo es la vida en Berlín de la directora y pariente.

Comment Box is loading comments...