Periodistas mercenarios en Sonora

Mujer y Poder


* Cada vez más, los comunicadores dejan de lado su conciencia para recibir un beneficio económico.

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 6 de junio de 2017.- Nos duele, nos duele mucho en verdad utilizar la palabra ¨mercenarios¨ para identificar a periodistas que han olvidado su compromiso social en aras únicamente de un beneficio personal.
Nos duele… pero es necesario hacerlo, como parte de la reflexión por el Día de la Libertad de Expresión que se conmemora este siete de junio.
El mes pasado, en mayo, Mujer y Poder celebró su doceavo aniversario. Doce años de salir a luz, cada mes y puntualmente, con artículos de opinión que impacten y coadyuven al logro de esa sociedad ordenada y justa que anhelamos.
Como parte de la celebración, tuvimos nuestra Mesa de Diálogo y en ella a un invitado muy especial: el Secretario de Seguridad Pública Adolfo García Morales, quien habló, claro, de ese tema prioritario, la seguridad.
Entre otras cosas, que se pueden leer en esta misma edición, dijo que los medios de comunicación promueven una distorsión de la realidad ¨pues es el tipo de información que más vende¨. Y comentó que sociedad y gobierno deben unirse para atacar esa indebida tendencia. Y sí, estamos sin duda, de acuerdo con él.
Pero hoy, ante esta fecha significativa para quienes practicamos el periodismo, no podemos dejar de cuestionarnos: ¿cómo hacerlo cuando muchas veces, ahí están los ejemplos, es la propia autoridad la que corrompe al periodista?
En Sonora, cada vez más, los comunicadores dejan de lado su conciencia para recibir un beneficio económico. Se venden. Por unos pesos –muchos en ocasiones- dedican sus columnas o textos completos y comentarios al descrédito y al desprestigio, a promover rencillas, divisiones, discriminaciones, que no ayudan en nada al clima de paz que desearíamos tener, sino a una consigna pagada o a una fobia personal.
La corrupción periodística la propician algunas autoridades en la búsqueda de una percepción favorable a su beneficio político o de grupo, sin importarle las consecuencias que están a la vista en las redes: la agresividad, las ofensas, el odio entre clases, que se ha alimentado de mensajes indebidos, de esas plumas y voces que han olvidado el compromiso tan grande que tienen al llegar a la mente de los lectores, radioescuchas y televidentes.
Hay una descomposición social terrible, que asusta y que podemos percibir en los comentarios de las redes sociales sí, pero también en las actitudes personales, en el diario vivir. Y esos periodistas que han desviado su misión, alimentan a ese monstruo sin ningún remordimiento. Cuentan con la libertad de expresión –que celebramos este mes- y la utilizan negativamente, a su antojo. No levantan la voz en pro de justicia, de solidaridad, de honestidad sino a favor de ingresos netamente económicos, olvidando su gran responsabilidad como formadores de opinión e influencia.
Son los periodistas mercenarios. Esos que, desafortunadamente, abundan en la capital sonorense. Con la complicidad de las autoridades.


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