¿El Fin de Peña Nieto?

Mujer y Poder


* De perder el PRI en el Edomex, donde nunca ha perdido, se trataría de una especie de destierro a Peña Nieto.

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 2 de junio de 2017.- Este domingo que viene se sabrá, a ciencia cierta, si realmente la ciudadanía --particularmente la del Edomex, la más numerosa del país-- repudia o no al presidente Peña Nieto. Porque es en las urnas y no en las encuestas o en los análisis políticos, donde la opinión pública se manifiesta.

Votar por el candidato del PRI en ese Estado, por Alfredo del Mazo, el delfín local y primo de Peña Nieto, significaría que las cosas no están tan mal para el presidente como nos las han pintado y que, para los más observadores, su problema ha sido más bien un asunto de comunicación pésimamente manejado. Si bien el país no ha avanzado como se esperaba con el regreso del hijo pródigo, el PRI, el 2012, hay un grueso de la población que detecta que tampoco estamos tan mal. Veamos porqué: la inflación --con todo y el gasolinazo-- está contenida; el empleo y los sueldos se han incrementado, así como los servicios de salud y la educación pública; la pobreza en México –aún cuando, por supuesto, hay mucho por hacer- no significa miseria. Pese a ello… se percibe otra cosa y eso, consideramos, se debe a la manifiesta corrupción que ha caracterizado a este sexenio y a la inseguridad.

De perder el PRI en el Edomex, donde nunca ha perdido, se trataría de una especie de destierro a Peña Nieto primero porque se trata de su cuna natal; y segundo porque entonces no tendría dónde refugiarse cuando salga (por la puerta trasera) de Los Pinos.

Aunque exista una franca animadversión en contra del presidente que debería de traducirse en votar en contra de su pariente y del PRI en general, la compra-venta del voto en el Edomex puede hacer la diferencia: ahí la pobreza y la de muchos simples oportunistas hace irresistible vender el voto, sobre todo si en esta ocasión se encareció por la necesidad del comprador y se pagará hasta en dos mil pesos por cada uno: una familia de cuatro o de cinco personas con credencial para votar con fotografía puede acumular así lo que para ellos es una pequeña fortuna.

El consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, pidió al cierre de las campañas dos cosas -una imposible-: que los actores políticos respeten las leyes electorales “que nos hemos dado los mexicanos”; y otra probable y deseable: que la ciudadanía salga a votar. De suceder esto último y como ya es sabido no hay fraude que valga. Nadie tiene para comprar la mayoría de los más de once millones votos del padrón electoral del Edomex. Y se espera una reacción cívica imparable.

El problema está en que si pierde el PRI… gana MORENA; es decir: López Obrador con su discurso antisistémico y mesiánico que promete un camino fácil al progreso e incluso a la felicidad (en vez del día a día del trabajo y la productividad como rumbo real a la mejoría). Muchas personas ya se cansaron de la realidad y prefieren las promesas y el canto ensoñador de las sirenas.

De ser así AMLO ganaría, a su vez con su delfina, la maestra Delfina Gómez quien, viviendo de atrás alcanzó y superó a la abanderada del PAN, Josefina Vázquez Mota, en las últimas semanas. Sería una sorpresa que ganara, pese haber sido la única nominada democráticamente.

El PAN, sin embargo, consideramos se llevará sin dudas la gubernatura de Nayarit, muy probablemente también la de Coahuila y un sinnúmero de alcaldías y diputaciones en Veracruz, donde el año pasado inauguró la alternancia en la gubernatura echando al tricolor del Palacio de Gobierno e ir tras el exmandatario Javier Duarte por la madre de todas las corrupciones.

Y, con eso, el PAN con su líder nacional, Ricardo Anaya, tiene lo suficiente (aunque le faltaría lo sobrado) para batirse con MORENA el año que viene rumbo a Los Pinos.



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