La senaduría

Mujeres y política


* Desde el año 2000 no hay ninguna Senadora por Oaxaca.

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 29 mayo 2017.- La desigualdad de género en política ha provocado que desde el año 2000 no haya ninguna Senadora por Oaxaca. La última, de las únicas tres privilegiadas que han ocupado un lugar en el Congreso de la Unión por esta entidad, tuvo un escaño en la 56-57 legislaturas, Cirila Sánchez Mendoza. Por lo que en la Cámara Alta no hubo presencia alguna oaxaqueña en las últimas seis legislaturas. El próximo año en las elecciones federales y luego de la reforma electoral del 2014, que aprobó la paridad, se prevé la posibilidad de al menos una senadora por Oaxaca.
Hay varias mujeres perfiladas: la actual diputada federal Mariana Benítez Tiburcio y la diputada local y ex diputada federal María de las Nieves García Fernández, ambas del PRI. La diputada federal Karina Natalia Barón Ortiz podría ser la candidata de Morena o la dirigente estatal de Morena, Nancy Ortiz Cabrera
por ese espacio en la Cámara Alta y tal vez por el PRD podría buscarla Eva Diego Cruz; es posible que Maribel Martínez sea otra aspirante por el Partido del Trabajo. Así la pareja del ex candidato a la gubernatura por ese partido y hoy Senador Benjamín Robles, hace su lucha en el cada día. En el PAN, otra candidata remota podría ser la diputada local y ex diputada federal Eufrosina Cruz Mendoza, todo lo cual depende de la militancia y claro de la ingeniería política con la que llegarán los partidos políticos en 2018.
Nada está escrito, es verdad y faltan algunos meses para esas definiciones, pero desde hoy las agitadas aguas políticas han provocado un remolino en verdad.
Así, la rumorología plantea que en el PRI se vislumbran otras posibilidades: una de ellas la actual Secretaria de la Mujer Oaxaqueña, Miriam Liborio García, quien tendría como suplente nada más ni nada menos que a Ivette Moran. La fórmula, que tiene un propósito, la segunda sustituiría a la primera, una especie de juanita-juanita, según los dichos de la militancia priista que no ve con buenos ojos esa posibilidad.
A este lugar quería llegar. No son raros los ímpetus de las parejas de los gobernadores o presidentes interesadas en la política. No está mal cuando el interés es legítimo. Está mal cuando no hay una carrera política que las respalde, excepto la del compañero, porque se presta a toda clase de interpretaciones, generalmente malas, muy malas: sostener el poder político patriarcal y más todavía ante el panorama de la desigualdad en materia de candidaturas, la militancia del PRI ha esperado largamente para ese momento y se sentirían desplazadas nuevamente. Antes por privilegiar esos cargos para los hombres, hoy para otras mujeres sin militancia y que tiene alguna relación de parentesco con los señores del poder.
Ese desplazamiento ya se ha vivido antes, así lo declararon las priistas de cuño que vieron con templanza el ascenso de las hijas, hermanas y esposas de políticos del PRI en la planilla del hoy edil capitalino, José Antonio Hernández Fraguas.
Por lo pronto Ivette Moran tiene los reflectores sobre ella, cada día “compite” en la prensa local con su pareja, el mismísimo gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, recorre la entidad, se hace visible, la gente la conoce desde su trabajo al frente del DIF Estatal, pero también por su notoria injerencia fuera de ese ámbito de manera conciliadora o no.
Tenemos ejemplos en el pasado inmediato. Martha Sahagún, siendo esposa del entonces presidente, dejó entrever ese interés. Se vio con todas las posibilidades de hacerlo. Se vio al espejo como quien dice.
En Puebla, Martha Erika Alonso, secretaria general del PAN y esposa del ex gobernador Rafael Morano Valle, también desea ocupar el cargo de candidata al gobierno de esa entidad en 2018, ocasionando que el viento blanquiazul se agite en aquella entidad. Eso, en tanto, él busca ser el candidato del PAN a la presidencia mexicana.
Un caso distinto es el de Margarita Zavala, quien también quiere ser candidata panista a la Presidencia, con la salvedad de que ella tiene una carrera política, pero enfrenta el mayor obstáculo en su pareja, el ex presidente Felipe Calderón, a quien se responsabiliza de la guerra civil no declarada que ha costado miles de vida en este país, un escenario donde las manos limpias ya no existen.
En fin, de concretarse algunos de estos hechos, sin duda, se confirma que la paridad numérica, como dicen las expertas, solo beneficia a las de una clase social y no a todas las mujeres y, por lo visto, menos a las militantes de los partidos.
Lo que sí es cierto es que esta vez habrá senadora o tal vez senadoras por Oaxaca, lo que terminará con una larga sequía política en el Congreso de la Unión.



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