Bomba política PAN-PRD rumbo al 2018

Mujer y Poder


* Ricardo Anaya, del PAN; y Alejandra Barrales, del PRD, anunciaron que van juntos por la presidencia el 2018

NATALIA VIDALES

SemMéxico. Sonora. 22 de mayo de 2017.- Tienen razón muchas personas en disgustarse cuando ven que ideologías opuestas, que partidos políticos tan distintos, se unan solo pragmáticamente con fines electorales; les parece un contrasentido que siendo a veces tan diferentes como el agua y el aceite se mezclen meramente en pos del triunfo si respetar sus propios idearios. Sin embargo sucede y funciona.

Pero entonces, ¿por qué la ciudadanía lo acepta y vota por esas alianzas?. Lo lógico sería que, al menos, los simpatizantes de uno u otro partido se abstuvieran de votar por esos engendros, pero no es así.

Las razones son varias y cada vez más válidas; primero, porque también el votante es pragmático: si cada cual por su lado no logra imponerse; si solo uniéndose --así sea en una rara relación- una fuerza con otra se puede lograr vencer a un tercero que con malas mañas logra ganar una y otra vez las elecciones, pues hay que recurrir a la sentencia de que la unión hace la fuerza: el fin justificaría los medios.

Pero, más allá de eso, todos los partidos comparten algunos comunes denominadores y pueden suscribirse compromisos con base en ellos y dejar de lado las diferencias. Finalmente existen directrices constitucionales inamovibles que ninguno ni otro pueden modificar: la forma de gobierno, la propiedad privada, la economía mixta, los derechos laborales y cientos más que están por encima de quien gane las elecciones; se trata de mínimos legales preestablecidos a los cuales todas las ideologías han de sujetarse. Las diferencias, en realidad y si le rascamos tantito vemos que no son insalvables.

Además tenemos el concepto de las coaliciones en los gobiernos: en las sociedades tan fraccionadas y diferentes, como la nuestra, donde ninguna tendencia predomina por completo ni mucho menos, se requiere que exista la mayor representación política de las mismas al interior de los gobiernos so pena de perder gobernabilidad. En las segundas vueltas electorales, tanto como en el llamado voto útil los ciudadanos renuncian de momento a sus particulares convicciones o gustos por las corrientes más comunes posibles a las propias.

Acá en Sonora, en 1991 pese haber ganado Manlio Fabio Beltrones, del PRI, con tan amplio margen que hacia innecesaria coalición de gobierno alguna, incluyó en su gabinete a un miembro del PRD, Clemente Ávila Godoy en la Subsecretaria de Educación; y a Hilario García Galindo, del PAN en la Dirección General de Alcoholes, lo cual le permitió mantener en calma a esas oposiciones y, como consecuencia, gobernar sin mayores reclamos. Muy listo, ¿verdad?

Ayer, las cúpulas nacionales del PAN y del PRD anunciaron una coalición y llamaron a un frente amplio --más allá de ellos mismos-- para ir juntos el mayor número de instancias políticas y sociales posibles por la presidencia el año que entra. Se trata, lo dejaron perfectamente claro, de ganarle al PRI y/o de evitar que López Obrador, de MORENA, por su parte llegue a Los Pinos.

Lo dijo hace unos días en una conferencia Diego Fernández de Cevallos: solo hay dos caminos el 2018: uno, decidirnos a fortalecer las instituciones; o, dos, entregarnos a un mesías.

Es cierto, AMLO ha estado a punto de ganar la presidencia en dos ocasiones, pero parece que, de último minuto el votante recapacita y entiende que no hay caminos fáciles ni atajos para el desarrollo; que hay que mantener lo conseguido a base de tanto esfuerzo; que solo se mejora con trabajo y productividad. Que no hay de otra y que quien lo diga nos está engañando.




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