Ya basta en Hermosillo

Hoy realmente las cosas han empeorado con el actual alcalde


* Columna Mujer y Poder

Natalia Vidales


SemMéxico. Sonora. 13 de mayo de 2017.- La autoridad municipal es, en primera instancia, la encargada de prestar, entre otros servicios, el elemental de seguridad pública y de policía preventiva para la protección de la población. Así lo establecen categóricamente tanto el artículo 115 de la carta magna, como el 136 de la Constitución de aquí de Sonora, y para ese efecto las alcaldías cuentan con los mayores recursos para cumplir.

Las otras policías, las estatales y demás son subsidiarias de las autoridades citadinas. Sin embargo hemos visto que esas obligaciones municipales no se cumplen. Los Ayuntamientos podrán alegar mil cosas para justificar su quehacer -- siempre señalando que hay avances-- pero la realidad de su incapacidad se impone: aquí en Hermosillo, para poner uno de los actuales peores ejemplos, se pasó en apenas unos años de una ciudad tranquila a una altamente riesgosa.

Independientemente, hay que decirlo, del ir y venir de colores partidistas, pero hoy realmente las cosas han empeorado con el actual alcalde al no mostrar ninguna preocupación --ni ocupación mayor-- por la justificada alarma de los hermosillenses: los niños ya no pueden salir de casa a la tienda de la esquina o al parquecito de las colonias sin que ellos mismos y sus padres no teman que les ocurra algún robo en el menor de los casos, a alguna agresión mayor en el peor de ellos, lo cual también es una forma de secuestro.

En otras ciudades del país se ha tenido que ejercer el mando único o los mandos mixtos donde los gobiernos de los Estados se encargan de la seguridad pública municipal por falta de resultados de los gobiernos de la ciudad. Y aunque Hermosillo ya llegó a niveles inaceptables de inseguridad los ciudadanos se preguntan hasta cuándo se tomará esa decisión. Aunque el mando de las policías municipales le corresponde al alcalde, conforme a la fracción XX del artículo 79 de la constitución local, la gobernadora tiene el derecho y la obligación de ordenarle a esas policías las acciones necesarias para enfrentar casos de desorden en esa materia, como el que aqueja a Hermosillo. Independientemente de que es ella el mando supremo de las fuerzas del Estado.

Un hecho de apenas ayer destaca, otra vez, el grado al que se ha llegado; en esta ocasión le tocó a una persona conocida por su actividad política, como a tantos más del anonimato que simplemente pasan a la estadística de los casos no resueltos: Francisco Vázquez Valencia, alto funcionario del PAN fue asaltado a mano armada a media mañana al salir de un supermercado y descalabrado al oponerse a lo que sería su secuestro. En esos casos hizo lo correcto, entregar su billetera, pero forcejear por su libertad: ya una vez secuestrado todo empeora.

El panista no adujo el hecho a algún motivo político, mensajeó que le ocurrió lo que a cualquiera puede sucederle y agradeció las numerosas muestras de apoyo en las redes, pero increíblemente recibió algunos textos de gusto por la agresión. Uno dice: “ahora sí se quejan porque fueron atacados” en un ominoso giro político. Como sea no debe descartarse un móvil de ese tipo porque Vazquez Valencia es un serio aspirante a la alcaldía de su natal Huatabampo (hoy también sumida en la tristeza de un Ayuntamiento sin rumbo).

Ante un hecho como el sucedido y tras la reiteración de miles más cotidianos en Hermosillo no contribuye en nada, desde luego, un ambiente hostil hacia las víctimas (que como lo dijo el afectado puede pasarle a quien sea). Aquí se trata de dos cosas: de solidarizarse con los ofendidos y de denunciar la falta de acción municipal. Esas son las tareas que nos corresponden a los ciudadanos.


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