Ni una más, ni otra madre que muera lento

Palabras sin Frontera


* No me gustaría ver a mi madre un día así, gritando por mí, suplicando justicia por mi asesinato

Lizbeth Álvarez Martínez

SemMéxico. Cd. de México. 6 de mayo de 2017.- Estuve en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, frente al auditorio Flores Magón, el punto donde estudiantes y diferentes colectivos decidieron reunirse para marchar contra el actual y conocido caso de presunto feminicidio de Lesby Berlín Osorio Martínez.
Llegué con el objetivo de recabar información para mi contenido periodístico: sosteniendo un micrófono, un cuaderno y grabadora para recabar testimonios. Íbamos al frente toda la fuente periodística junto con las alumnas.
Desde que inició la marcha pidieron que los hombres estuvieran atrás del contingente o a los costados. Algunos reporteros, entre murmullos, mencionaron: “¡Cómo quieren que hagamos nuestro trabajo!”.
Inició la marcha y las consignas. En el camino se iban uniendo más personas para exigir justicia no solo por Lesby, sino por Fernanda, Lilia y por todas las desaparecidas cuyos casos quedaron sin justicia.
Las organizadoras pedían a la prensa que caminara, que se fueran para atrás, que no estuvieran invadiendo el contingente. Llegó el punto en que un reportero le dijo a una de las custodias que para qué los invitaban si no los dejaban trabajar en paz. En un primer momento, pensé: solo estamos trabajando, no deberían de ser así con los compañeros.
Cuando llegamos a la zona donde fue encontrada Lesby, las feministas pidieron enérgicamente a los reporteros que se hicieran a un lado, que armaran un círculo para que no pasaran; que iban a tener su nota, pero que tuvieran respeto.
Empezaron a leer poemas las jóvenes universitarias. Yo seguía con el micrófono y grabadora, atenta, hasta que una de ellas rompió en llanto, bajé mis instrumentos y me uní como Lizbeth, no como reportera.
Desde mi posición profesional, me entristece la muerte de Lesby y de todas aquellas que han matado. Pero como Lizbeth me desgarra más escuchar a esas madres que han perdido a sus hijas, que jamás las han vuelto a ver y que “la justicia solo sea para ellos, para los hombres”, como ellas lo mencionaron.
Norma Andrade, madre de Lilia Alejandra García, un caso más, gritaba hasta que las venas se le saltaban de la cara; su hija desapareció hace un tiempo y fue encontrada muerta hasta Ciudad Juárez, Chihuahua. Ahora forma parte del colectivo Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social. Desde el asesinato de su hija está en constante lucha contra del gobierno, con un inagotable clamor de justicia y porque se detenga a su agresor.
Pensé por un momento en que no me gustaría ver a mi madre un día así, gritando por mí, suplicando justicia por mi asesinato; no me gustaría que mi mamá muriera lento. ¿Y cuantas madres no están muriendo así?
Cuando se hizo el círculo para ponerle flores y velas a la caseta telefónica en donde encontraron amarrada a Lesby, nos tomamos de las manos para cerrar el círculo; para que nadie lastimara el momento, ni siquiera la prensa.
Y es que, “para ser un buen periodista, se precisa ser buena persona”, como lo dijo una vez el maestro Ryszard Kapuściński… Es cierto, esta profesión necesita de personas antes que de marketing. No podemos ir vendiendo el dolor ajeno por ahí.


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