Mujeres

La partería: una práctica originaria y contemporánea para la vida

En Guerrero lanzan este miércoles 3 de mayo la Campaña Estatal: ¡Vamos por la partería!


* Se le denomina partería a la capacidad de acompañar y facilitar el parto

Redacción

Irma Aguirre Pérez. Grupo Plural por el Derecho de Todas. Gener@ndo Equidad y Libertad en Colectivo, A.C.
SemMéxico. 2 de mayo de 2017.- Yo trabajaba en una comunidad muy lejana por allá por Buena Vista, me tocó ver a una señora que tenía el bebé ya a la mitad, yo vivía en esa casa. Como yo había visto que mi abuelita atendía partos, yo dije, “este bebé tiene que salir”, ya fui a animar a la señora y le digo “tiene que salir ese bebé”, porque no había carretera…y le digo “le vamos a ayudar”, así que agarro una sabanita limpia que tenía y agarré al bebé y pues ella haciendo fuerza, le ayudé a la señora y fue así ya cuando nació el bebé, le amarré con un hilo de algodón. Y me dijo su esposo: “¿cómo vamos hacer para que caiga la placenta?”, “mire, mi abuelita allá pone a hervir la hoja de cerezo para que caiga, pero yo creo que si la levantamos un poquito va a hacer fuerza y va a salir, agárrela de un brazo y yo le detengo el bebé para que no se jale el cordón” y así cayó la placenta y dije: “pues ya la hicimos”. Porque dicen que la placenta no quede encima, es peligroso. Ese fue mi primer parto. Testimonio de Partera de Acalmani, Guerrero.

El oficio de dar y mantener la vida
Se le denomina partería a la capacidad de acompañar y facilitar el parto. Para la Real Academia de la Lengua Española significa textualmente: “oficio de partear”. La partería sí que es un oficio, pero que rebasa el solo auxilio del momento del parto; es un conocimiento especializado, que contempla el uso de prácticas y técnicas obstétricas sobre el cuerpo embarazado, el parto y el puerperio, de las mujeres. Contempla “sobar” (una técnica de distensión de la piel y los órganos internos con dolor y/o considerados enfermos), manejo quiropráctico del cuerpo femenino en parto, medicina indígena y tradicional, basada en el conocimiento de los usos y aplicaciones de plantas, acompañamiento emocional y reconocimiento de la postura del feto, con solo tientas sobre el vientre embarazado. Es decir, un amplio y complementario conocimiento sobre el cuerpo femenino, la sexualidad, la reproducción, el embarazo, parto y puerperio. Ayudan a dar vida y por ello, las parteras desde los orígenes de las culturas y la propia especie humana son respetadas. En la región de Mesoamérica guardaban un lugar de respeto, estatus y legitimación social, e incluso política. Eran mujeres sabias, las médicas de su época. Tratadas como tal están representadas visualmente dentro de la amplia gama de deidades y sus respectivas transformaciones. En la cultura mexica, el parto y las parteras se asociaban a la diosa Tlazeltéotl, considerada la señora “devoradora de las inmundicias”, era la diosa del parto y el espectro seductor y sexualizado de Xochiquétzatl, diosa del amor en la cosmovisión mexica; representada iconográficamente en el acto de parir, como menciona María Juana Correa (Correa, 2017).
Para Silvia Trejo, la diosa Tlazeltéotl, puede describirse como:
Era diosa de la pasión y de la lujuria. Había otras cuatro diosas hermanas, igualmente “aptas para el amor carnal”, y a todas ellas se les llamaba Tlazoltéotl o Ixcuina. Todas provocaban el apasionamiento en el amor y el apetito desenfrenado de los deseos carnales, pero también lo retiraban, por eso las adoraban y las temían. Esta pasión de amor provocaba ocasionalmente el adulterio, el cual era considerado una transgresión, una suciedad, y se penalizaba gravemente cortando las narices a los amantes. Quienes cometían otras violaciones a la ley, como la embriaguez, el crimen, el robo, podían confesarse y limpiarse, y con ello quedaban exonerados, tanto moral como legalmente… los “pecados de adulterio” se limpiaban ante un sacerdote de Tlazoltéotl, que recibía la suciedad; Tlazoltéotl era, por lo tanto, la “comedora de cosas sucias”, esto es, del pecado carnal. Su nombre quiere decir literalmente “diosa de la suciedad”, de la carnalidad sucia. (Trejo, 2007: 18).
Cabe mencionar la siguiente reflexión surgida a partir de la anterior definición: ¿será que existe una posible asociación entre la placenta (entendida posiblemente como un “deshecho” del cuerpo femenino), expulsada durante el parto, la cual era también alimento para Tlazeltéotl?
María Juana Correa en su texto Pariendo como diosas, maternidad indígena. Un esbozo mitológico-histórico de la maternidad indígena, refiere a la actuación de la partería, como una atención integral: “La partera preparaba el temazcal…revisaba la posición del feto…la partera cuidaba de la casa y de la comida…de los baños que le darían a la parturienta para adelantar el alumbramiento… proporcionaba entonces las hierbas medicinales y por último, pedía la intervención divina” (Correa, 2005).
En la actualidad y como consecuencia de un pensamiento nacional-centralista conocemos en mayor medida sobre la partería, las parteras y sus diosas correspondientes de la cultura mexica, pero todas las culturas cuentan con un relato, una narrativa, una mítica, de impacto simbólico, social y político de las mujeres que ayudan a dar y encender vidas. Es relevante, reconocer que un oficio que podríamos asegurar es tan antiguo como la hominización de la especie humana, siga vigente e incluso en auge, en la actualidad. Este oficio, continúa siendo ejercido en diversas regiones del mundo, sustituyendo la ausencia de servicios de salud dignos en algunas de las ocasiones, representando una atención humanizada para con las mujeres en muchas ocasiones e incluso es
considerado una práctica “new age”( Nueva era, en inglés) resignificada por ser natural y original, en sociedades altamente industrializadas.

Esa distinción innecesaria
En la actualidad existe una distinción (absurda en mi opinión) entre parteras, tradicionales y profesionales. Dicha deferencia, asignada por los sistemas oficiales de salud, indica que tal diferencia corresponde al método de aprendizaje. Se les llama “tradicionales” a las parteras que aprendieron en la práctica, desde muy jóvenes, con enseñanzas de sus madres o alguna partera mayor que ella. Es decir, este método de enseñanza se basa en la transmisión de conocimientos que de generación en generación se comunican como saberes de mujeres a mujeres.
Las denominadas parteras profesionales, son aquellas que aprendieron acudiendo a un espacio educativo especializado en el tema, con “validez oficial”, lo que redunda en un mejor reconocimiento en el sistema de salud público, lo que contribuye a discriminar de manera indirecta, a las parteras “tradicionales, quienes son la mayoría afirmaría, siendo hasta más de un 90% del total. A su vez, una mayoría de las parteras tradicionales, son mujeres indígenas.
Me pregunto, ¿que acaso las parteras tradicionales no son profesionales? Y ¿las parteras profesionales, no acuden a la tradición para profesionalizarse? Una propuesta de este texto es convocar a eliminar tal distinción, que se convierte en desigualdad y por lo tanto en un trato discriminatorio, para quienes son la mayoría.
De igual manera, es frecuente aún y son muchas las parteras que no perciben remuneración por su vital labor en las comunidades. Hemos confirmado que son la atención médica más próxima a las mujeres embarazadas, así como la manera en que llevan a cabo los servicios de salud fundamentales para garantizar la vida, la salud de las personas y la continuidad de la comunidad en su conjunto, cubriendo las responsabilidades correspondientes e incumplidas del Estado. Todo ello, sin los recursos, ni la remuneración que obtienen quienes son responsables de la salud materna pública. Así mismo, la presencia de las parteras en diversas regiones de África, América y Asia, continúa siendo altamente necesaria. Muchas de ellas comparten condiciones de desigualdad, discriminación e incluso pobreza. De manera contraria, en diversos países europeos (sobre todo aquellos con intensos procesos de industrialización), los estudios en partería y/o tener un parto natural, asistida por una partera y en casa, es una práctica de economía de estatus, reducida, es decir, un lujo. Ello nos indica una remuneración y trato social mejorado en sociedades que pueden costear esta práctica (sin alcanzar aún un reconocimiento pleno), la que es considerada en extinción, en paulatina recuperación y preservación. Hacemos uso de estas últimas palabras, como si nos refiriéramos a una reliquia y sí, el parto humanizado en sociedades altamente industrializadas, en donde el modelo económico fordista, mandató el uso de espacios y horarios específicos para las actividades humanas, con ello devino la masificación de las sociedades y los servicios, para aniquilar la atención personalizada del oficio de la partería.
En su lugar, surgió la apuesta por la atención pública, deshumanizada en muchas ocasiones, como un efecto del enorme número de personas usuarias que acuden a hospitales para solicitar el servicio médico, que a su vez se lleva a cabo con deshumanizados horarios laborales, que recaen en un conjunto de personas con salarios que le resultan costeables a la economía nacional. Ello al menos en lo que a México respecta, en donde presenciamos una creciente tendencia a la privatización de la atención médica, con la anuencia gubernamental contribuyente a la economía neoliberal y la evasión de las responsabilidades pactadas, por parte del Estado. Lograr que la salud pública y en especial, la que refiere a la salud sexual y reproductiva sea una prioridad voluntaria en el gasto público, es la responsabilidad y el desafío que tienen los sistemas y servicios de acceso a la salud. Como se ha demostrado en otros países, el acceso a la salud, no es exclusivo asunto de economía, si no de voluntad política, educación y prioridad a la salud en la etiquetación de porcentajes asignados del gasto público. La mejora en las políticas públicas de salud, es un asunto de voluntad política.

Por el reconocimiento de la partería
Lo que podemos afirmar, aún con las diversas realidades y condiciones desiguales, es que las parteras ayudan a dar vida y salvan la vida de las mujeres. México, es uno de los países con las más altas tasas de muerte materna, lo que se traduce en 0.515 por cada nacimiento vivo registrado (NVR) hasta el año 2011 y en lo que respecta al objetivo 5 de la Declaración del Milenio: Mejorar la salud materna, aún es un compromiso incumplido (Espinosa, 2013).
La muerte materna en nuestro país, sucede principalmente en regiones indígenas, como consecuencia de las ausencias, inexistencias y deficiencias de servicios de salud, medicamentos, hospitalización de calidad, digna y personal médico especializado y suficiente.
El indicador “muerte materna” incluye a las fallecidas durante el embarazo, parto, puerperio; defunciones que ocurren entre la concepción hasta 42 días después del
parto. Alrededor de dos meses y medio en los que toda embarazada vive riesgos y molestias que no tendrían por qué terminar con su vida, pues se estima que 95% de estos fallecimientos son evitables si las mujeres tienen acceso oportuno a servicios de calidad. Muertes asociadas… a la discriminación étnica y de género… (Espinosa, 2013: 21,22).
En el marco del Día Internacional de las Parteras, celebrado el 5 de mayo, con más de 40 contribuciones, en donde de la mayoría corresponde a asociaciones civiles y organizaciones de mujeres y organizaciones feministas, la participación de organismos públicos de salud y espacios académicos de la UAGro, dedicados a aportar en la reducción de la muerte materna en el estado de Guerrero, lanzan este miércoles 3 de mayo la Campaña Estatal: ¡Vamos por la partería!, con la finalidad de revisar y analizar la situación y condición de las parteras, así como avanzar en el reconocimiento profesional y profesionalizado de las mismas y con ello garantizar un trato digno e igualitario en el sistema de salud público, así como en la remuneración digna, la potenciación de la práctica y la legitimación de la partería en su conjunto.
Este miércoles 3 de mayo, en la sala José Francisco Ruiz Massieu del Congreso del estado de Guerrero a las 11:00 hrs. Entrada libre. Por la vida y la salud de las mujeres en Guerrero.
“Yo empecé con mi misma, yo me ‘parteé´, yo misma con mis tres hijos, yo sola. Con el primero, tuve una ayudanta que fue una partera, ya el segundo, tercero y cuarto yo sola y de ahí empecé… Yo lo aprendí de mí”. Testimonio de partera de Tlacoachistlahuaca, Gro. (Aguirre, 2010:90)

Bibliografía
Aguirre Pérez, Irma (2010), Sistematización de la experiencia de la Casa de Salud de la Mujer Indígena “Manos Unidas”, A.C., Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Casa de Salud de la Mujer Indígena “Manos Unidas”, A.C., México, pp.76-90.
Correa, Maria Juana, (2005), “Pariendo como diosas, maternidad indígena. Un esbozo mitológico-histórico de la maternidad indígena” en Revista Vinculando, documento en línea.
Espinosa Damián, Gisela, (2013), “Manos Unidas” contra la muerte materna. Por una maternidad libre y saludable ara las indígenas de la Costa Chica Montaña de Guerrero, Universidad Autónoma Metropolitana, Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Casa de la Salud de la Mujer Indígena “Manos Unidas”, A.C., México.
Trejo, Silvia (2007) “Xochiquétzatl y Tlazeltéotl. Diosas mexicas del amor y la sexualidad” en Revista Arqueología Mexicana, No. 87, México, pp. 18-25.


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