Mujeres

Miriam Medrez, tejedora de pieles y palabras

* Miriam materializó las costuras para darle vida a las trece piezas


* * Vestirse es extender nuestra piel para tocar el universo.

Angélica Abelleyra

SemMéxico. Cd. de México. 19 de abril de 2017.- La artista Miriam Medrez teje muchas pieles, con hilos y palabras. Desde hace tiempo ha ocupado sus manos para rehacer cuerpos y objetos desde los mundos interiores y concavidades emocionales. Ahora refrenda esa vocación de confección creativa en su más reciente trabajo, a partir del sentir de trece mujeres para narrar / narrarnos en la serie "Vístome, palabras entretejidas".
Poetas, ensayistas y la que escribe, en su calidad de periodista, nos deletreamos (con escritura y voz grabada) sobre ese acto íntimo, y al final con un sentido y lectura social, que es vestirse. Invitadas por la escultora afincada en Monterrey, mujeres de diversas generaciones e intereses nos volcamos a hilvanar sentires sobre nudos, olas, surcos y veladuras; otras dirigieron sus remiendos hacia la maquila y aquellas manos obreras con horarios infrahumanos para lograr apenas el sustento; unas más hilaron fino varias costuras para remitirse a sonrisas de infancia, a darketas regionales, a insurrectas hipster o a musas monásticas.
Tras nuestro ejercicio escritural -convertido en un libro de poesía (Tres Nubes Ediciones) que se acompaña por un biombo con las fotos/maniquíes/vestidos-, Miriam materializó las costuras para darle vida a las trece piezas que al final de su periplo de exhibición, llegarán a cada uno de los roperos o vitrinas de las escritoras: Patricia Laurent Kullick, Mónica Nepote, Maruja Nahle, Mayra Silva, Angélica Abelleyra, Viriginie Kastel, Rocío Cerón, Myriam Moscona, Coral Aguirre, Jeannette Clariond, Melissa García Aguirre, Francia Perales y Minerva Margarita Villarreal.
Bajo la premisa de que “vestirse es extender nuestra piel para tocar el universo”, Medrez nos arropó a cada una de manera empática y tibia para vernos al espejo en libertad total. En mi caso, quise compartir la experiencia personalísima en el desnudo colectivo al que convocó el fotógrafo estadounidense Spencer Tunick, el seis de mayo de 2007. Gracias a este acto masivo de 18 mil seres, pude sentir en cuerpo presente la enorme diferencia que entre los seres nos otorga la desnudez y el vestido. Cuando sin ropas podemos participar de un juego colectivo con cuerpos felizmente a flor de piel y, al contrario, la vestimenta otorga una mirada extranjera que juzga, señala, piropea, hostiga y denigra. Cuando unas, nosotras, permanecimos desnudas mientras ellos –conminados por Tunick a vestirse en adelanto- fustigaron con miradas y fotografías, ya protegidos con jeans y playeras.
Comparto aquí algunos segmentos de los textos incluidos en el libro.
De Angélica Abelleyra: “Vestido: es segunda piel. Es libertad para andar los senderos del mundo de afuera. Es encierro en el universo del juicio en ojos extranjeros… Armadura que cubrió cuerpos y almas la mañana del seis de mayo de 2007. Blindaje que mostró el enorme peso del vestido y su manera de otorgarnos una condición de extrema diferencia… Fuimos cuerpo-árbol, tronco, semilla, iguales en la diferencia. Ellos se vistieron y juzgaron con miradas y fotos. Nosotras permanecimos denudas, vulnerables. Violencia emocional innecesaria. Magia colectiva interrumpida… Pese a todo, las redondeces femeninas fuimos ola, agua en calma para ser fotografiada. La aventura concluía con la fría sensación ante el juicio ajeno al volvernos diferentes cuando nos vestimos con nuestras corazas. Corazas vuelta ropa”.
De Rocío Cerón: “Sobre los pechos, sobre las corvas, sobre los nudillos y las nalgas, toda la oscuridad del negro; el azul Berlín caía por las caderas; construcciones de seda y barro se transforma la caída”.
De Jeannette Clariond: “Roja el agua al anochecer, / cielo a donde las lavanderas / bajan a beber su propia mancha. Planean hundiendo su brillo en el ojo sellado / por el viento. Su sed es más cruel que la carne, más fuerte que los cántaros de sombra en el corazón oscuro.
De Minerva Margarita Villarreal: “Un vestido con turbante que sujete el pensamiento / que ha vaciado mi corazón / muy asustado / Observándolo todo / un vestido para volar / para ganar el cielo / un vestido y que beban los pájaros / de su estanque dorado en su bailable aéreo”.
Los vestidos que integran la muestra “Vístome, palabras entretejidas” se encuentran en exhibición hasta el 30 de abril de 2017 en el Centro Cultural Plaza Fátima en Monterrey, Nuevo León, y a mediados de mayo irán a la Casa Purcell en Saltillo, Coahuila. Pueden visitar la página web www.miriammedrez.com para conocer más de su notable trayectoria artística.


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