Se tienen menos niños, porque queremos dales todo...

El cuidado de los niños es una oportunidad de mercado recurrente debido al aumento de hogares con doble ingreso.


* El mercado mundial alrededor del cuidado de los muchachitos (incluye guarderías) y la educación preescolar alcanzará en 2020 , 236.000millones de dólares.

Isabel Custodio

SemMéxico. Cd. de México. 17 de abril de 2017.- Todos los seres humanos compartimos una misma patria: la niñez.
El 85 por ciento del desarrollo cognitivo sucede antes de los cinco años. De ahí que el elevado precio de cuidar un niño o niña deje cicatrices sociales.
En Europa, existen dos modelos: el Estado cuida por completo de ellos, mientras que en los Países Bajos y Alemania, la Administración cubre parte del coste ; hay un compromiso acorde con Suecia, donde se gasta más dinero en la educación preescolar que en defensa.
Cuidar a un menor es un desvelo de tiempo y dinero. Horas sin dormir atendiéndolo e imaginando de donde saldrá para cubrir sus gastos. Proporcionar un buen entorno puede costar según la Unesco entre 7.600 y 22.000 dólares por hijo al año.
Lo que se revela como un problema, desde la distancia parece un gran negocio. El cuidado de las y los niños es una oportunidad de mercado recurrente debido al aumento de hogares con doble ingreso y a que las mujeres trabajadoras dan a luz más tarde. El mercado mundial alrededor del cuidado (incluye guarderías) y la educación preescolar alcanzará en 2020, 236.000 millones de dólares según la consultora Advisor. Actualmente supera los 190.000 millones.
Tener niños es cada vez más caro, pero también se tienen menos hijos porque se quiere darles todo. Niños opulentos para una sociedad opulenta. Y así niños tiranos. Ellos deciden desde dónde va una familia de vacaciones hasta qué coche hay que comprar. Diversos estudios sitúan la influencia de los niños en el 73 por ciento de las compras familiares.
No es casualidad, por ejemplo, que las y los muchachos sean una presencia constante en los anuncios de automóviles. Así se cambia el consumo de productos infantiles. Concentrar el gasto en menos muchachos lleva a comprar artículos de mayor valor.
Además, se tienen a edades avanzadas porque es cuando se cuenta con cierta estabilidad laboral y económica. Las empresas han entendido que detrás de esas inercias económicas y sociales existe negocio en cada año de los estadíos del crecimiento, empezando por la infancia.
Por eso los productos para bebés recuperan aliento en la canasta de las compras. Sobre todo la alimentación infantil y la perfumería y, en menor medida las toallas. La alimentación de los pequeños ha crecido por el impulso de los frasquitos infantiles. Es la categoría más dinámica de los últimos años y representa casi el 50 por ciento de las ventas en valor de 2016. Antes mandaba el volumen, ahora es el precio. El negocio se vuelve más rentable. Por eso infinidad de compañías están interesadas en el mercado infantil. Pero los muchachitos crecen, dan el estirón y aumentan también los gastos.
Un rastro que se sigue a través de datos, es que a partir de los tres años hay que destinar dinero a : colegios, uniformes, ropa, libros de texto, etc. Entre los 6 y los 12 llegan las nuevas tecnologías y los videojuegos. A partir de esa edad se entra en el universo de las computadoras, el celular, los tablets, los viajes de estudio y las actividades extra-escolares. Hoy las niñas y niños ya no son una inversión, sino un gasto. Una lectura a la contribuye la enorme rigidez (bajas maternales, paternales, conciliación ) de las empresas. Aunque existe al menos el consuelo de que el coste baja a partir del segundo hijo. La ropa y los libros, por ejemplo, pasan de un hermano al otro.


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