El mundo entero alarmado por nueva intromisión de EE.UU.

ESCARAMUZAS POLÍTICAS


* * Sólo los tontos pueden creer que Bashar al-Ásad acometió el acto de utilizar armas químicas.

Gloria Analco

SemMéxico. Cd. de México. 12 de abril de 2017.- El periodismo se ha convertido, en plenitud, en un instrumento para engañar al público y hacerle ver cosas que no son. Lo más grave es que oculta la verdad sobre cuestiones tan vitales como el tipo de política de guerra que algunos grupos muy poderosos están llevando adelante. Y esos grupos, enquistados en el Gobierno de los Estados Unidos, han acumulado un gran poder precisamente porque la prensa ha tenido por costumbre callar sus fechorías.
Si la prensa no cumple su papel de contención de los actos que están sembrando muerte y destrucción en el mundo, denunciando de manera pormenorizada cómo se han producido realmente los eventos que han conducido a un sinfín de guerras y sus verdaderos propósitos, entonces el desastre desatado por esas fuerzas oscuras se convertirá en una forma de vida permanente en el planeta Tierra, hasta que se lo lleve el Diablo.
Esto viene a colación a propósito de lo que ha desatado la amplia difusión de una mentira por parte de los medios de comunicación de Occidente, al dar como un hecho consumado que fue el Gobierno de Bashar al-Ásad quien ejecutó el ataque químico en un pueblo del norte de la nación árabe, antes de que se dé a conocer la investigación todavía en curso.
Sólo los tontos pueden creer que Bashar al-Ásad acometió el acto de utilizar armas químicas teniendo los reflectores del mundo encima de él y con los Estados Unidos siempre en alerta para intervenir con el menor pretexto y exhibir su desprecio total por el orden jurídico internacional.
Donald Trump, quien presume de ser muy inteligente y de que nadie puede engañarlo, adoptó la tradicional postura estadounidense de actuar por su cuenta, sin autorización de la ONU, algo que -aunque en forma velada- muchos países se lo han reprochado.
Si los medios occidentales hubieran difundido ampliamente que el ataque con substancias químicas perpetrado en Siria, en agosto de 2013, fue un montaje del Pentágono, como lo denunció con pruebas un “hacker” estadounidense que accedió a los correos de un coronel del Ejército de su país, al menos hubieran sembrado la duda y Estados Unidos no se hubiera sentido con las manos libres para acometer de nuevo el letal y despreciable acto.
Los medios de comunicación juegan un papel decisivo en la actuación de los líderes políticos, empujados por grupos de interés de dudosa procedencia, y el papel que los periodistas son obligados a desempeñar, por razones ideológicas o para no perder su fuente de trabajo, deja mucho que desear.
Pero todavía hay periodistas de verdad, no aquellos que se pliegan a los intereses políticos de sus medios, como el estadounidense Robert Bridge, quien llama a las cosas por su nombre.
“Lo más perturbador no fue el ataque en sí, sino el hecho de que Washington, una vez más, ignoró al Congreso y a la ONU y se declaró juez, jurado y verdugo al tratar una crisis internacional”.
Para él, que basa sus apreciaciones en hechos reales y no prefabricados, las supuestas pruebas presentadas en el Consejo de Seguridad por la embajadora de EE.UU., Nikki Haley, con fotografías de niños sirios fallecidos por el ataque con armas químicas para responsabilizar al Gobierno de Damasco, “en un tribunal de Justicia se hubieran reído de ella”.
Bridge encuentra una asombrosa similitud con el entonces secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, quien reclamó enérgicamente una acción militar ante ese Consejo, hace 15 años, acusando a Saddam Hussein erróneamente de fabricar y almacenar armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas en Irak.
Estados Unidos recurre a sus mismos métodos una y otra vez, y le dan relativo resultado para continuar por esa vía porque los medios de comunicación se prestan a falsear los hechos, también una y otra vez.
Un ejemplo de ser periodista sin honor es el de Russel Goldman, de The New York Times, quien acaba de escribir una amplia información empeñado en que el malo de la película es Bashar al-Ásad y ocultando celosamente el papel que en Siria han jugado los Estados Unidos, haciendo un periodismo más de propaganda que ajustado a los hechos reales.
Goldman escribe sobre lo que, según él, ha ocurrido en los seis años de guerra en Siria, acusando al presidente Al Asad de haber dirigido en ese tiempo una campaña de muerte en contra de su pueblo, adjudicándole prácticamente sólo a él su sufrimiento.
Par no dejar, dedica dos líneas para decir: “Los rebeldes también han bombardeado zonas civiles, pero sus armas son menos poderosas”.
Sin rubor alguno, Goldman pasó por alto que el conflicto en Siria fue desatado por la intervención tripartita de EE.UU., Francia y el Reino Unidos, que le fabricaron una oposición a Siria, continuando con la política iniciada en Irak y Libia, donde depusieron a sus líderes políticos, ahorcando a uno y matando de dos disparos a quemarropa al otro, por no ajustarse a sus intereses.
Y en ese mismo estilo escriben los periodistas “destacados” de los grandes medios estadounidenses y se repite en los comentaristas de la radio y la televisión de ese país y del mundo occidental.
No hacen periodismo, hacen propaganda sin importar la verdad de las cosas, y mientras eso sea así el mundo estará en serio riego de desaparecer porque la locura de los hombres que gozan de poder desmedido va en ascenso.
gloriaanalco@gmail.com

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