Colosio… ¿Vive?

Claudia Pavlovich se reunió con miembros de la familia Colosio-Murrieta.


* Mujer y Poder

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 24 de marzo de 2017.- Cuando se dice de algún difunto que “vive” significa que el legado del finado continúa vigente pese a su ausencia física; quiere decir que de alguna manera no ha muerto del todo porque sus enseñanzas y ejemplo se siguen aplicando.

Por eso resulta muy difícil creer que la memoria de Luis Donaldo Colosio se sigua honrando políticamente, aunque ese sea el estribillo que se repite una y otra vez sobre todo en cada aniversario luctuoso del magdalenense, como ocurrió de nuevo en esta ocasión a nivel nacional.

Sin embargo aquí en Sonora, en Magdalena y reunida nuestra mandataria Claudia Pavlovich con miembros de la familia Colosio-Murrieta se refirió a que lo admiraba y lo admira “y que como gobernadora lo único que puedo hacer es seguir sus principios”. De tal manera que la conducta y la visión de Colosio es una inspiración, no una realidad, porque sus ideales para cambiar al país (“veo un México con hambre y sed de Justicia”) no se concretaron cuando le arrancaron la vida antes de ser Presidente e intentarlo siquiera.

Ni los regímenes del PRI posteriores, el de Zedillo y, menos aún, el de Peña Nieto que regresó a los viejos tiempos y prácticas del tricolor que Luis Donaldo se disponía a desterrar, han movido un ápice para combatir, en serio, la pobreza y la desigualdad, esos dos atrasos que de nueva cuenta el 2018 le costarán al PRI la salida de Los Pinos.

Por el mero transcurso del tiempo, a 23 años de su homicidio, las nuevas generaciones lo ven como algo histórico; quienes tienen hoy 30 o 35 años de edad eran unos niños que no evocan personalmente el hecho, a diferencia de quienes hoy tienen 50 años y más, que recuerdan con precisión donde estaban al momento en que se enteraron de la agresión y enseguida de la muerte del candidato del PRI y seguro presidente de México, en el “corralito” que le hicieron en Lomas Taurinas allá en Tijuana, para terminar con su proyecto de nación.

La idea de la conspiración en su muerte nace precisamente porque se advertía en sus discursos que rompería el modelo tradicional de hacer política y economía por parte de su propio partido en el poder; por el temor real que habría despertado su nueva visión del país entre los poderes fácticos ligados al tricolor como la uña y la mugre.

Y el hecho de haber respetado el resultado de las elecciones de Baja California en que por primera vez un partido distinto pasó a gobernar una entidad de la República, era el mejor ejemplo de que el cambio vendría en serio. Y de ahí la necesidad de conspirar para asesinarlo como la única vía para impedirlo. De manera similar a cuando la muerte de Álvaro Obregón y la de Plutarco Elías Calles fueron programadas para terminar con el conflicto cristero de la época y la cual se logró realizar solo con Obregón en 1928, fracasando los intentos en contra de Calles, aunque se aceptó mejor la teoría popular de que fue él quien lo mandó matar para evitar que aquel consumara su reelección: (¿Quién mandó matar a Obregón?, preguntaba uno. Y le contestaba otro: ¨Calles...e, lo pueden oír¨).

Y con Colosio perdura la idea de que Salinas estuvo detrás del atentado como la única manera de corregir el error de haberlo impulsado a Los Pinos.

En ambos casos oficialmente solo hubo un asesino material: Aburto con Luis Donaldo; y León Toral en el de Obregón (aunque en los dos eventos se demostró más de un calibre en los impactos). Con Obregón se inventó un origen intelectual: la madre Conchita para satisfacer las ansias de conspiración de la ciudadanía y para reducir la especie a los cristeros, distrayéndola del interés de Calles; con Colosio se ha sostenido siempre la versión de un asesino solitario y el caso ya está cerrado, aunque en lo que queda del imaginario popular, Salinas estuvo implicado.

Si Colosio haría realidad sus sueños y los de millones de mexicanos; o si hubiera sucumbido a las cortesanías del poder, no es posible saberlo. Pero lo que sí está claro es que el PRI no sigue su intento: acaba de ser nombrado presidente de la Fundación Colosio, José Murat Casab, el prototipo de los políticos que el extinto sonorense habría desechado.



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