Internacional

36 escritoras cubanas contra la violencia machista

* El libro ‘Sombras nada más’ tiene 36 relatos de distintas escritoras contra la violencia hacia la mujer para darle visibilidad.


* Cada vida de mujer parece estar marcada por una agresividad que, ya sea explícita o encubierta.

Redacción

Lídia Vilalta
SemMéxico/LaIndependent. La Habana. 24 de marzo de 2017.-‘Pasar del silencio al grito’ le decía la doctora y narradora Laidi Fernández de Juan a la periodista Helen Hernández Hormilla en una entrevista, respecto a la violencia machista, cuya existencia está solapada y es poco conocida en Cuba.

Fernández de Juan presentaba recientemente en la Habana el libro ‘Sombras nada más’, 36 relatos de distintas escritoras contra la violencia hacia la mujer para darle visibilidad.

El libro es “un sueño que empezamos hace 4 años para darle voz a esos silencios” indicaba en la presentación Laidi Fernández de Juan . Y “no es sólo una antología” añadía la escritora, sino que “es el trabajo de muchas mujeres, entre ellas, Sonia Ribera Valdés y Mirta Yáñez, además de las 36 autoras cubanas que han escrito los textos”, de dentro y fuera de la isla. La ilustración de la portada es de Cirenaica Moreira y el prólogo lo escribió la filóloga y ensayista Zaida Capote .

“Hace 3 años en la UNEAC” (Unió d’ Escriptors i Artistes de Cuba), explicaba Fernández de Juan, distintas narradoras, psicólogas y periodistas, decidieron “abandonar la mirada de la sospecha y observar lo que les pasaba a las mujeres y las niñas” y relatarlo. Porque la violencia “es uno de los temas que, como el racismo, no existe”, afirmaba. Y decidieron dar el primer paso y visibilizarlo. Entre ellas estaban Danae Diéguez y la periodista Helen Hernández Hormilla.

Una cultura patriarcal milenaria
“La idea original” de la antología fue de la escritora y poeta Marilyn Bobes, quién dejó la selección y la edición en manos de Fernández de Juan. “Solicitamos textos a muchas narradoras”, explicaba. “El propósito era que fuera un libro escrito exclusivamente por mujeres cubanas y sobre la violencia. El criterio fue el más incluyente posible: de dentro y de fuera del país y de distintas edades e ideas” continuó esta médica y narradora.

“Algunas novelistas rechazaron la idea porque desconocían el feminismo o la violencia, aunque luego se nos acercaron otras escritoras, que dejamos para más adelante”.

“Ha sido un proyecto con más entusiasmo que dinero, proseguía, pero debemos batallar por esta problemática, en el Parlamento y a través del Cenesex , afirmó: porque “nuestro Código Penal no recoge la violencia contra las mujeres”, y tampoco existe una Ley en este sentido.

Fernández de Juan cerró la presentación leyendo un fragmento de la contraportada, escrita por Hernández Hormilla: “Cada vida de mujer parece estar marcada por una agresividad que, ya sea explícita o encubierta en urdimbres simbólicas, el orden social de los géneros nos impone… las autoras dejan en evidencia los costos terribles de la violencia de género en sus múltiples manifestaciones… hacen suyo el dolor arraigado por siglos entre muchas mujeres, lo pone al descubierto sin miedo a encarar los mitos de la familia nuclear y el amor sin condiciones”… Ellas confluyen “en la inquietud común de narrar el maltrato originado por el desequilibrio de poder entre mujeres y hombres que se erige tras la acción social de una cultura patriarcal milenaria”.


La violencia contra la mujer es un tema tabú
Por su parte, Zaida Capote señala en el prólogo, que “en nuestro país el tema de la violencia contra la mujer es un tema tabú”, pero “la violencia es real, y a menudo mata; y antes de matar, ocasiona mucho dolor y genera tristeza, infelicidad y desazón continuas”.

Para Capote hay muchas maneras de ejercer la violencia “y pocas personas verían, en la insistencia con que se demanda a la mujer cubana el aumento de la fertilidad, por ejemplo, un rasgo de discriminación o de violencia”. Pero lo es, porque “al traspasar a la mujer la responsabilidad de la reproducción poblacional se está ejerciendo contra ella una violencia sutil pero real”.

Para esta ensayista, “cuando evitamos hablar de las causas del envejecimiento poblacional… o la migración casi forzosa de personal calificado…y hacemos énfasis en el compromiso de la mujer con la patria para seguir pariendo sin garantía de felicidad, entonces estamos ejerciendo violencia, aunque muchas veces no seamos capaces de verlo”. Porque “la violencia contra la mujer es una práctica social diseminada en todos los espacios de nuestras vidas, con profundas raíces estructurales, y perceptible en muchos ámbito, además del privado”. Y, en su opinión el libro “da cuenta de esa multiplicidad de la violencia contra la mujer, tal como la han percibido varias narradoras cubanas”.

El libro está dedicado a esas mujeres que no tienen voz y que son víctimas de violencia sin saberlo. Aquí hay ejemplos de algunas de las narraciones: unas se escapan, otras no.


Narraciones sobre miedo, humillaciones y terror
“El miedo es una mano gigante que la sofoca… Ha dejado de ser ella para convertirse en un cuerpo que un desconocido puede usar… Cuando la claridad gris que se filtra entre las persiana le permite distinguir la camisa de cuadros y el pantalón enfangado, sus únicos sentimientos son la ira y el agobio por el esfuerzo que tendrá que hacer para lavarlos”. Aida Bahr (Madrugada).

“El Bebo prometió que nunca más le levantaría una mano. Antes me la corto, le había jurado mientras sonreía con esa sensualidad que la desarmaba y que la convertía en una víctima propicia” Marilyn Bobes (La infamia).

…“No voy a negarte que a veces me provoca sentimientos muy dulces, pero es torpe a matarse, me tira y ya está como gallo en el gallinero, casi ni me entero, luego se vira y a roncar, ni siquiera una palabra obscena o por lo menos de amor, puñetero robot que cumple con su programa y ya… Falla donde no debe, en la cama, de manera que me cansé, yo no soy una máquina que cierra y abre las piernas al pedido, un simple exprimidor de naranjas donde él da vueltas hasta sacarse el último juguito”. Ana Luz García Calzada (Para matar la sombra. Fragmento de novela).

…“Se adueñaba de cualquier criterio mío dicho en círculo cerrado… iba apropiándose de gestos, palabras, inflexiones, manías, y de mis defectos y virtudes...me aislaba del resto con la intención de atraerme… Iba desplazándome en mis afectos, asumiendo mi lugar sin disimulo… Otra idea robada… insistía en dejar claro que éramos uno… Mi sensación fue de terror… Ya no encontraba mañas para sobrellevar aquella pesadilla. Al día siguiente salí de la ciudad. No dejé recados… Charo Guerra (El diábolo. Relato de Pasajes de la vida breve).
“Mi madre llegó de Angola enferma… el miedo a mi padre no me deja nunca hablar…mi padre vendrá por mí… La señora le dio a firmar unos papeles y me entregó como si fuera un paquete de correo… Hay una mujer que quiere ganarse mi simpatía, seguro que anda con mi padre. Pero lo tiene miedo como yo… No le gusta el Diario, por eso lo tengo escondido… Cuando uno es chiquito, abusan… Cuando sea grande nunca me quedaré callada. No seré tan débil como ella, lo juro. Wendy Guerra (Todos se van. Fragmento de novela; ya en película).

“Nadie puede saber qué sientes -me explicabas- y para eso te ayudan las dos convicciones que integran la fortaleza: la primera es la filosofía de la resignación. Nunca implores, no dejes que tus sentimientos afloren, ni siquiera para ti misma. Confórmate con aquello que los demás sean capaces de darte. La otra convicción a la que debes llegar es a la superioridad de tu ser…. Me hiciste saber en detalle cuán lejos estaba yo de haberme acercado a dicha superioridad”. Laidi Fernández de Juan (Bumerang).

“Seguimos con roles genéricos y sociales”
…“No somos cotorras… A las cotorras las cazan, las encierran en jaulas, las domestican, y ellas repiten palabras que oyen siempre, pero no piensan. He ahí la primera gran diferencia entre una mujer y una cotorra… pensamos, sacamos cuenta de lo que ya sido el desigual e injusto tratamiento que se nos ha dado… seguimos con roles genéricos y sociales, pero ayudamos al sostén de la casa económicamente… llegamos primero a la casa, mientras el hombre, también por tradición, llega a la hora que le parece… y encuentran todo en el orden establecido… Pero que una de nosotras se demore un poquito… es un oso quien la recibe con un “chica, ¿qué es lo que tú te has creído?”… el hogar es una jaula que nos queda estrecha, y no vamos a perder en ella las plumas… Georgina Herrera (El cotorreo).

…“Los enojos de mi padre los descargaba en mi madre, una mujer culta que no supo nunca descubrir las señales… con nuestra presencia tratábamos de defender a mamá. -¡Salgan de aquí si no quieren coger ustedes también¡ gritaba fuera de sí aquel degenerado al que obligadamente un día llamé papá-… el padre de ustedes -decía ella- no es malo… Él es como un niño, a veces se porta mal y luego se arrepiente… aun siendo yo una niña me desgarraba el alma verla tan sumisa y enamorada de un hombre que no la merecía.

Lindas flores, mamá. Son para ti. No son precisamente las que mi padre acostumbraba a regalarte después de una golpiza. Él ya no puede regalarte flores, está preso…Tú, estás muerta, mamá. Si supieras, mamita, la falta que nos hace tu presencia. Por qué no luchaste más por tu vida y por nosotros.” Marilú Macías (Flores para mamá).

“Amores hechos de gritos, insultos y amenazas”
“El amor de Moisés… estaba hecho de gritos, insultos y amenazas… Dominaba como nadie el arte de la humillación y la poética del escarnio… Yo era, en resumen, la criatura más despreciable que él hubiera conocido en su vida… me agarró por los hombros y empezó machacarme la cabeza contra la pared… Ay, ahí fue donde supe cómo es que el miedo sustituye al dolor, cómo lo eclipsa y lo enrarece en circunstancias de extremo peligro, cómo una persona puede trasmutar no solo de neuronas, sino todas sus células hasta convertirse en puro miedo…. Ah, Moisés… Aún hay días en que lo extraño… No resulta fácil confesar esto. A algunas personas les repugna. Mi amiga Linda, por ejemplo, piensa… que las golpizas con que me obsequiaba Moisés el Cavernícola hacían daño a todas las mujeres del planeta. A las actuales y a las del porvenir… Su mera existencia la ofendía”. Ena Lucía Portela (Por lo menos un tortazo).

“Según su edad, él podía haber sido tu hijo, uno más de los tuyos…. Y digo que te sacaban esa cuenta fácil porque eras mujer y eso, a las mujeres, no se les perdona. En los hombres se juzga diferente… Digo que ellos abandonan sus casas, sus esposas de años, sus hijos y hasta sus madres, y no les ponen etiquetas de monstruos ni de infames...

Ahora, entérate, esa versión de asesinato me molesta. Acaso porque la de suicidio me deja más tranquila… Tú lo llevaste de la mano al asesinato. Debiste detener ese juego peligroso. EL sexo brutal termina en la mutilación o en la muerte, o en ambos paraderos… Y no pienses que él te recuerda y que sufre… No se acuerda de ti. Lo vieron por ahí, muy divertido, casi al otro día de haber ardido tú… Ignoro por qué vienes a darme el insomnio de las madrugadas. Qué voy a saber yo de eso. Por qué me martirizas a mí y no a él. Magaly Sánchez Ochoa (Gemidos; fragmento de Mirando desde arriba).

“En mi casa mando yo y se hace lo que yo decido”
“Nos conocíamos de toda la vida… nos fuimos a estudiar a La Habana los dos, para poder estar juntos… Antes de escoger carrera habíamos decidido que estudiaríamos en la misma universidad… Pero Berta, que nunca ha sido demasiado inteligente, suspendió las pruebas de ingreso para las ingenierías… Cuando nos graduamos pudimos quedarnos en La Habana gracias a mí… Enseguida se embarazó… Cuando Tomasito nació le pedí a Berta que dejara el trabajo. -No quiero dejar de trabajar- me contestó ella… Luego, cuando llegó la niña, al fin entendió que una mujer es más importante en la casa, ocupándose de sus hijos…
Los muchachos ya están grandes… -no lo hago por dinero, sino para darle un poco de sentido a mi vida –me dijo ella- y lo que estudié no fue para ser ama de casa toda mi vida. –O sea que ya llevas tiempo pensando en el asunto… “Será un caprichito pasajero, cosas de mujeres”-pensé. Ese fue mi gran error, compañero juez, ahí fue donde empezaron todos nuestros problemas… Mi Berta empezó a cambiar. Llegaba tarde del trabajo… le metían ideas raras en la cabeza. ¡Compartir las tareas del hogar es una estupidez!… son cosas de mujeres… Yo no podía permitirle a Berta que me desafiara de esa manera y que hiciera lo que le diera la gana… Porque en mi casa mando yo, se hace lo que yo decido y así es como debe ser… Berta contraatacó a su manera. Se negaba a tener sexo… tenemos que hablar… te dejo.

“No se debe desafiar a un hombre cuando se es mujer”
“... Busco a Berta”… De pronto la chica me estaba mirando fijamente… -¡Búscame a Berta, ahora¡ -¡No voy a buscar a nadie, imbécil¡ … No se debe desafiar a un hombre cuando se es mujer, señor juez… Si pasó lo que pasó, fue su culpa. Cuando me cansé de pegarle con las manos, le pegué con los pies: Luego llegó la policía…. Yaquelyne está ingresada en el hospital, herida gravemente. Sí, yo sé que es por mi culpa, pero tenía mis razones… Aloyma Ravelo (Flores marchitas).

(Ella) “Todos hablaban de su energía, de cómo se las ingeniaba para ganar casi todos los juicios… A Mario se le había metido en la cabeza la idea de que Lía no volviera a los tribunales… (Él) No tenían confianza en sus investigaciones, pero el director lo mantenía activo como reportero en la calle, advirtiéndole que no podía cometer ningún otro error pues no habría una próxima vez, lo expulsarían del diario… le pidió el favor a su esposa… es que mi director ha tenido serios problemas… ha violado a una menor. Ese es tu asunto… -Estás loco ¿Cómo se te ocurre golpearme? Jamás te lo perdonaré –gritó Lía limpiándose la sangre de la comisura de los labios… determinó que no pondría la denuncia pues no quería aparecer como víctima… Parecía mentira que aquella mujer que era capaz de enfrentarse a criminales, no hiciera nada para librarse del maltrato.

Si la sentencia era desfavorable e iba a prisión, los medios de prensa tenían la orden de sacar a la luz toda la basura que él había cometido como periodista… En ningún momento Mario sospechó que su esposa iba poniendo en manos de la fiscalía todos los datos que consideraba necesarios para inculpar al violador. El fallo del juez fue inapelable, condenaron al director del periódico… Se disponía a entrar al coche cuando se oyó un disparo. Lía cayó al suelo con un tiro en la frente. Teresa R. Medina Rodríguez (Lía).


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