Caso niñas Guatemala, todas las discriminaciones

*Leer las crónicas sobre los hechos de las niñas de Guatemala, ha sido algo doloroso, complejo de diseccionar.


* Padres ignorantes de herramientas para guiar a sus hijas, inmersos en una cultura machista, la opción es mandarlas al “Hogar Seguro”.

MARTHA BARRAGÁN

SemMéxico. Cd. de México. 13 de marzo de 2017.- En una de las crónicas leí que madres y padres de familia acudían a buscar a sus hijas, un hombre iba ebrio, apenas articulaba palabras. Otros jóvenes padres de familia de apenas 18 años acudieron con sus hijos más pequeños quienes se caían y la indiferencia de los padres estaba ahí presente. El cronista dijo, estoy en medio de familias disfuncionales.

La única opción es el infierno...
Por mi trabajo como coach y como activista me es fácil imaginar las opciones de las niñas en el “Hogar Seguro” que huyen de maltratos dentro de la familia, acoso en las calles, ignorantes de oportunidades, alejadas del desarrollo humano y profesional. En una vida así es tan fácil caer en cualquier acto de rebeldía, de delito menor o mayor según sea el nivel del contexto, de la precariedad en la que viven.

Salir de este infierno las lleva a otro nivel “a vivir lo duro, a ver si así aprenden”, padres ignorantes de herramientas para guiar a sus hijas, inmersos en una cultura machista, la opción es mandarlas al “Hogar Seguro” ahí donde la cultura autoritaria, de sometimiento, de adiestramiento es la posibilidad, pero aderezada con la impunidad que da sistemas corruptos carentes de justicia y menos para mujeres y niñas. Ahí en ese infierno todo se vale, se pueden humillar, violar, maltratar, prostituir, mal alimentar. ¿Qué más hay para ellas? para las niñas y mujeres sin posibilidades, quedar embarazadas por sus compañeros, trabajadores, funcionarios, delincuentes coludidos con autoridades.

Un infierno conocido, normalizado porque son personas de “segunda”, “algo hicieron”...

No puedo imaginar el terrible dolor en el que vivían estas niñas y adolescentes que morir quemadas en el ÚLTIMO INFIERNO era menos doloroso que lo que estaban viviendo.

Todas las discriminaciones...

Estas niñas y adolescentes son resultado de todas las discriminaciones. La discriminación social, en donde las pobres no importan, se consideran personas de segunda, son las “pobrecitas” aquellas incapaces de sobresalir y otras creencias que las sumen más en la miseria y entonces las culpas se lavan con el asistencialismo. Sin la menor intención de empatía y de compromiso para que la aportación sea para su desarrollo y no para olvidarlas más.

Estado fallido, los sistemas político-económicos que defienden los políticos no tienen un enfoque de desarrollo social comprometido. Todo es paliativo, ayudan a los que tienen a que lo conserven o tengan más y a los que no tienen, nada más que no de mueran, que la vayan pasando “lo mejor posible” y eso significa programas asistencialistas otra vez, aquellos que refuerzan la creencia de que “los pobres no pueden”, de que no son capital humano en el que se tenga que invertir.

Discriminación económica, las posibilidades de desarrollo son tan difíciles de ver, todo parece tan lejano, tan poco probable y lo único que va quitando esta creencia de la mente es la educación, pero claro, no tiene acceso a sistemas educativos comprometidos.

El desarrollo humano es inexistente, el contexto de pobreza, falta de educación, de sistemas de salud apropiados sólo enfatizan la vulnerabilidad de quienes viven en estas circunstancias. Y es por ahí donde la delincuencia encuentra oportunidad de reclutar jóvenes, en donde los que tiene alguna cuota de poder la usan, porque saben que son “los olvidados”.

Discriminación de género; todo lo que acabo de describir es terrible pero si se es un mujer es peor, porque es un cuerpo de uso, sin alma, sin dueña, no es de las niñas y mujeres, es de quien lo tome. Otra vez la falta de educación pero con perspectiva de género es lo que reina, una vez más gana el patriarcado, el machismo el contexto donde las mujeres no valen o valen muy poco y si son niñas y mujeres pobres entonces de verdad no valen nada. Es tan fuerte esta cultura machista que salir de ella es algo tan complejo, estamos tan inmersos en esa cultura que cambiarla es nadar contra todo lo establecido, todo aquello que concibe como “una buena mujer”. Ser auténticas, libres, autónomas y empoderadas es un reto que muchas veces cuesta la vida de manera metafórica y literal.

A estas niñas les costó la vida, ellas gritaban “si nos van a violar háganlo aquí frente a todos”, ellas solo querían lo que les corresponde por derecho, sus derechos humanos fundamentales.

Por último la discriminación por discapacidad, niñas con discapacidades físicas e intelectuales las pone en total indefensión.

Que terrible me siento, que difícil escribir estas líneas porque les debemos tanto a nuestras niñas, les debemos amor. Y es un círculo vicioso tan grande que muchas de ellas tienen carencias económicas y afectivas porque sus madres buscan cubrir las propias y no les alcanza la vida, el dinero, el tiempo para sacar a sus hijas del infierno de la desesperanza.

Ellas solo querían amor...

Estas niñas solo querían el amor de sus padres y no lo tuvieron por ello fueron abandonadas en el “Hogar Seguro” o reclutadas ahí por la misma razón.

No las mató el fuego, las mató la cultura machista, las mató la impunidad, las mató un sistema social ineficiente que no respondió a sus demandas de desarrollo, las mató la pobreza, pero sobre todo las mató LA INDIFERENCIA de todos y todas, eran invisibles, inexistentes hasta que el fuego nos mostró su realidad.

LAS MATÓ LA FALTA DE AMOR de nuestras sociedades, de las personas cercanas, de las instituciones que las atendían, de los aparatos de justicia y la falta de amor no es odio es INDIFERENCIA, IMPUNIDAD.

No las olvidemos más, no a ellas y no a todas las niñas, adolescentes y jóvenes que ellas representan. Y no olvidarlas no consiste en hacer cadenas de oración, firmar cheques para las pobrecitas, consiste en operar desde la plena conciencia y empatía de hacer aquello que provoque un impacto social importante, que sea constructor de nuevas oportunidades, que genere cambios comprometidos en nuestra sociedad y con las niñas y mujeres más.

O simplemente se trata de ser el cambio que queremos ver.

A veces me siento tan abrumada con noticias como esta, una y otra de muchos países. Escribía estas líneas con referencia a las niñas de Guatemala y sentí que era para México porque lamentablemente también se viven historias con gran similitud. Pero también en Siria, Argentina, Sudáfrica, la India, y muchos países más. Qué tristeza, que dolor y a la vez cuanto compromiso por lo que hay que hacer, construir. Crear mundos mejores.

NO LAS OLVIDEMOS, ESCUCHEMOS SU VOZ, ELLAS SOLO QUERÍAN AMOR.

Con profundo dolor... Mar



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