Internacional

’Las Gafas Violetas’: de un trabajo de clase a una revista feminista

Un espacio seguro para todas

2018-07-11 12:03:25 Leído : 727 veces.
Cinco jóvenes periodistas se unen para crear un medio que aborda la realidad con perspectiva de género

Andrea Abreu 

SemMéxico/AmecoPress. Madrid. 11 de julio de 2018.- Ponerse las gafas violetas. Esa fue la expresión que usó Gemma Lienas en su libro ’El diario violeta de Carlota’ (El Aleph, 2010) para referirse a lo que hizo la protagonista de sus páginas: colocarse un filtro diferente para observar el mundo. Animada por su abuela, Carlota se coloca las gafas y descubre que las realidades cotidianas que le parecían incuestionables ahora le resultan injustas. Y, como a ella, a las cinco protagonistas de este texto les ocurrió lo mismo: se pusieron las gafas y ya no hubo marcha atrás.

Carmen Moracho, Alex Herrera, Alba de la Cruz, Natalia Moldón y Raquel Martín López —estudiantes del Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Carlos III (UC3M)— comenzaron a ver el mundo a través de los vidrios tintados de morado cuando llegaron a la universidad. Cada una de ellas tiene una historia muy diferente, pero hoy las une un mismo proyecto: Las Gafas Violetas, un medio que comenzó siendo un proyecto de clase pero que se ha convertido en algo mucho más grande.

“Esto nace, sobre todo, por una asignatura que teníamos en clase que nos hizo unirnos y plantear el proyecto. Y lo que pasó es que ya, desde el principio, decidimos que iba a ser mucho más que un mero trabajo de universidad”, explica Carmen. “Queríamos convertirlo en un medio de comunicación que poquito a poco fuese creciendo”.

Carmen, Alex, Alba, Natalia y Raquel se dieron cuenta, rápidamente, de que lo que las unía era el feminismo y le fueron dando forma a sus intereses hasta que crearon una revista con perspectiva de género, que busca visibilizar y denunciar injusticias a través del periodismo feminista.

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Un espacio seguro para todas

“Este espacio es para ti, para que cuentes tu historia y tus experiencias sin que nadie te juzgue y sin miedo. Este relato anónimo será publicado en nuestra sección de ’Espacio seguro’. Recuerda que no estás sola”, se puede leer en el lado derecho de la pantalla al entrar en la web de la revista.

Este apartado —Espacio seguro— es una de las iniciativas con las que cuenta Las Gafas Violetas —entre las que se encuentran, también, Lupa violeta: Mapa de Feminicidios o el diccionario de términos feministas— y tiene una importancia esencial. “De las cosas que más han ido funcionando es, sobre todo, la sección de Espacio seguro que tenemos”, cuenta Carmen. “La habilitamos para que las personas que leyesen la revista nos pudiesen enviar testimonios de situaciones de injusticia que viven en este sistema patriarcal”.

Alba piensa que es algo curioso porque ya antes de empezar a funcionar, tenían claro que ese espacio iba a estar presente. “Antes incluso de que comenzásemos a trabajar en la revista ya había muchas mujeres que nos escribían contándonos sus cosas”. Alex explica que los testimonios que envían son anónimos, por lo que sus protagonistas se extienden detallando sus experiencias, algo que, en otras circunstancias, no harían.

Carmen cuenta que hay varios testimonios muy duros pero que el que más les ha impactado es uno de los últimos que han recibido. Se trata de una chica de unos 19 años que cuenta que ha sufrido varias violaciones desde los 12 años, por parte de amigos y parejas. Dice que suelen recibir textos que hablan de acoso callejero, pero que también son muy frecuentes los de abusos sexuales y violaciones.

“Yo creo que, curiosamente, muchas de las experiencias se dan en el entorno familiar”, apunta Alba. “Es una cosa que no sueles contar nunca y ahí vimos que hay un montón de historias muy duras”.

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Todos estos testimonios les llegan a través de redes sociales y Natalia dice que no le parece bien que se criminalice estas vías de comunicación de forma indiscriminada. “Yo, por ejemplo, a través de las redes sociales tuve mi primer contacto con el feminismo y, a través de ahí, también fue aprendiendo la mayoría de gente que conozco”. “Al fin y al cabo estás democratizando para que esos testimonios lleguen a toda la gente. No todo el mundo puede hacer un libro, por así decirlo”, dice Carmen.

El público al que se dirigen es sobre todo joven, pero reconocen que, también, han conseguido llegar a mujeres más mayores. “Entre 15 y 30 años sería más o menos el target”, dice Carmen. “Pero incluso nos leen más mayores”, le responde Alba. Explican que, a pesar de que en principio ellas plantean los contenidos para un público de su edad han sido capaces de abrirse hueco entre otros grupos.

“Que quizás sean nuestras madres y sus amigas compartiendo publicaciones pero llegan”, dice Raquel. “Yo soy de un pueblo pequeño y cuando voy hablo con señoras de más de cuarenta años y me dicen: ‘Vosotras sois la de la revista y el otro día leí este artículo’”. Dice Carmen que incluso amigas de su abuela la detienen para decirle que siguen sus contenidos.

Alex piensa que están aprendiendo mucho de los testimonios y de los contenidos de la revista, pero que sobre todo están aprendiendo de ellas mismas. De trabajar juntas, de cooperar.

El mapa que no se ve 

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Otro proyecto llamativo que se puede encontrar dentro de la revista es el de Lupa violeta: Mapa de Feminicidios, una representación de los asesinatos machistas en España que han realizado a través de un mapa interactivo.

El plano muestra los feminicidios que han tenido lugar en España desde 2010 hasta 2017. Dentro de cada uno de los años representados se indican las causas y categorías diferenciadas por iconos. La ventaja de esta opción más visual es congregar todos esos datos que normalmente aparecen en listas enormes de nombres para crear conciencia de la magnitud del problema.

El pasado 17 de noviembre, dos de las integrantes de la revista —Alba y Carmen— acudieron a la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) para impartir la ponencia ‘Feminicidios y menores: repaso de algunos casos y su tratamiento mediático’, en la que presentaron el mapa.

“Cuando lo presentamos en la Complutense lo hicimos a posta. Al proyectarlo, la pantalla estaba vacía y conforme íbamos hablando iban apareciendo los casos según sus capas por año”, dice Carmen. “Mientras hablábamos la gente iba viendo cómo aparecían todos esos iconos. Cuando ves todo el mapa lleno te dices: ‘Jopé, es que son solo ocho años y casi 900 casos’”.

“¡Es que no se ve el mapa!”, le contesta Alba. Dice que cuando estaban trabajando en el plano, se empezaron a plantear la cantidad de hijos e hijas, tías o hermanas que son asesinadas y asesinados por hombres de su entorno y que no se incluyen como víctimas oficiales. “Están ahí, extraoficialmente, como si no fueran realmente víctimas de violencia de género. Y a mí me impactó tanto ver a hijas asesinadas por sus padres como mecanismo para hacer daño a sus madres y que no se incluyan...”.

Durante el proceso de elaboración del mapa, a Natalia también le empezó a llamar la atención la diferencia que existía entre los datos oficiales y los reales. Datos que, entre otras cosas, no incluyen a las prostitutas asesinadas por violencia machista.

Feminismo en la universidad

Ahora, Las Gafas Violetas es un proyecto desligado de la universidad pero, en un principio, se construyó como un trabajo para la asignatura ’Periodismo en la red’. Raquel dice que, por suerte, la profesora les ayudó a llevar adelante la revista. “Yo creo que se dio cuenta de que nuestra intención no era quedarnos en una de esas cosas que haces para la universidad y se acabó”, añade Alba.

Sin embargo, admiten que las clases, más allá de algunas profesoras que tienen conciencia de género, no han influido todo lo que deberían en su proyecto. “Estaría bien que pudiéramos publicar en la revista lo que nos enseñan en la universidad, pero la verdad es que no nos ofrecen mucha formación en género”, reconoce Alba.

Carmen dice que, a través de la revista, han aprendido tanto de redacción como de feminismos. En la universidad han tenido algunos contenidos de género —como el tratamiento de la violencia machista o algunas nociones de lenguaje inclusivo—, pero dicen que no es suficiente.

Alba cuenta que a raíz de los contenidos que redactan para la revista se ha empezado a preguntar con más fuerza dónde están las mujeres en el temario. “¿Ninguna mujer escribe sobre esto? ¿No hay nada relevante que me podáis contar de una mujer?”, se pregunta. “Por ejemplo, en la sección de ’Personalidades’ siempre estamos sacando a directoras, a escritoras… mujeres relevantes. Ahí nos damos cuenta de que, en lo que nos enseñan, ellas no están. Y que no estén en niveles universitarios, me parece grave”.

Por eso piensan que la revista también funciona como un complemento al temario de sus asignaturas. Dice Alba que la pregunta que se hacen es “¿qué nos falta y qué es lo que tenemos que dar nosotras?”.

En lo que respecta a las compañeras y compañeros de estudios, cuentan que la recepción es muy buena. Por lo general, tanto en su clase como en el resto de su facultad, dicen que el estudiantado suele tener interés por cuestiones de género e identidades sexuales. “A veces nos hacen creer que vivimos en una burbuja”, ultima Raquel.


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