Abortar: las vueltas de una decisión

• En Nicaragua se criminaliza la interrupción de un embarazo

2018-03-04 19:00:25 Leído : 235 veces.
• No importa si la vida de la mujer corre peligro

Sylvia Ruth Torres
SemMéxico, 4 marzo 2018.- Si esta Alejandra que tengo frente a mí: alta, bonita, tímida, que habla con frases cortas y cuando sonríe se le hacen camanances, viviera en la ciudad de México —a pesar de no contar con recursos económicos—, hubiera interrumpido su embarazo en condiciones seguras e higiénicas. Allá pudo haber ido a una de las más de 40 clínicas existentes en la capital y solicitar la interrupción de la preñez de pocas semanas, que no deseaba, y tampoco estaba dispuesta a continuar a ningún precio.
Pero estamos en Managua, capital de un país que criminaliza la interrupción del embarazo, aun si la vida de la mujer peligra o el feto no tiene posibilidades de sobrevivir. Alejandra, quien tuvo un hijo a los 15 años, hace unos meses terminó visitando cuatro veces la emergencia de dos hospitales públicos de Managua. La última vez fue en la sala de Cuidados Intensivos, donde estuvo grave por dos días.
La joven acudió a la primera consulta porque sentía con un malestar general, fiebre, vómitos y decaimiento. La segunda vez, después que las pastillas de acetaminofén recetadas en la primera consulta no funcionaran. Volvió al centro médico sintiéndose peor, y ahí, los doctores ordenaron exámenes de laboratorio. ¡Bingo!, tenía algunas dolencias, pero estaba embarazada.
Salió del hospital y el mundo le daba vueltas, el piso parecía un embudo bajo sus pies, sentía que un gran hielo ocupaba sus entrañas. Le entró una desesperación tan grande imaginando las consecuencias de tener otro hijo: a sus 18 años, sin empleo, sin terminar la primaria por el primer embarazo, sin casa propia y viviendo amontonada donde su mamá, con muchas hermanas y sobrinos.
Encima ya puede oír a las chachalacas de las vecinas señalándola que se metió con otro hombre, cuando su pareja trabaja fuera del país para mandarle reales. Ella tiene una relación con un hombre mayor que la mantiene, malcriado y todo, dice, pero que le ayuda con la niña, porque el papá biológico la reconoció, pero se negó a pagar pensión alimenticia.
Sus conocimientos de salud reproductiva andan bajo cero. No sabe que existen varios métodos de anticoncepción, ella probó la pastilla, pero le causaba muchos efectos secundarios. Hoy, después de todo, usa la pastilla del día siguiente como método, y cuando le expliqué que puede ser dañino y hay otras opciones, me dijo que la va a pensar. En todo caso, tiene mucho miedo de que le falle cualquier método, porque ella no va a tener más hijos. Está decidido desde que anduvo rodando con el niño que parió a los 15.
Desde que salió del hospital, sintió que se quería morir y se aventó del taxi. Su mama la sostuvo, el taxi paró, se bajaron caminaron en la calle y ella estaba fuera de sí. Yo no te voy a dejar sola, le dijo su mamá. Y empezaron a buscar con desesperación alguien que les ayudara.
Si estuvieran en la Ciudad de México ya hubieran resuelto. La dirección de las clínicas está en Internet y explican que el aborto médico se realiza con la aplicación de una medicina llamada misoprostol, que hace que el útero se contraiga y expulse con sangrado el producto de embarazo; unos días después la paciente llega a chequear que todo salió bien.
El otro aborto se realiza por aspiración al vacío del cuello uterino y dura aproximadamente 15 minutos. Recomiendan que se realice con anestesia. Las mujeres de la ciudad de México no tienen que pagar por este servicio de salud, para las de otros Estados, aportan una cuota. No es un secreto, las mujeres llegan muy temprano y llenan una ficha. En Managua, Alejandra no tuvo ninguna de estas facilidades.
Ella buscó a una vecina que sabe de hierbas y le empezó a preparar cocimientos. Probó con raíz de limón, coco, quina, y hasta flores de narciso. Estas últimas muy venenosos. Llegó a otro hospital y no le curaban las fiebres y vomitaderas. En casa, lloraba, gritaba, no comía, perdió mucho peso. Fue a buscar ayuda donde un doctor y le dijo que por 3 mil córdobas le practicaría el aborto.
Para colmo de su desgracia, alguien le contó al marido en el extranjero y este le dejó de enviar remesas. El galán que la embarazó le dijo que no era problema suyo. Ahora sin dinero para comer, ya no podía ahorrar para juntar el dinero y pagar al médico, y empezó a buscar cómo vender lo que tenía. Pero… ¿quién va a dar dinero por joyas de acero o ropa usada? En su desesperación, ella se dejó caer de un árbol, se daba golpes en el vientre, mientras la sensación de estar cayendo en un hoyo, era peor. Cada día le pedía a Dios que se le viniera ese embarazo, que se le cayera. Y ella cree que rezó tanto que Dios la oyó.
Aunque la respuesta a sus peticiones solo llego después de la cuarta visita a emergencias, después de haberse intoxicado, posiblemente con el té de narciso, a la sala de emergencias. Por dos días estuvo con pronóstico reservado, los doctores le preguntaron si se había hecho algo, a lo que siempre dijo que no. Por fin cuando salió de Cuidados Intensivos, y tuvo la certeza de que ya no estaba embarazada, se quitó el suero y se fue a su casa.
Bien pudo haber muerto. Alejandra, sería una estadística más y su hija estaría huérfana. Pero, aun así, ella dice que no se arrepiente, que siempre estuvo decidida a interrumpir ese embarazo. Ahora quienes la amenazaron con denunciarla a la Policía, ya están olvidando el asunto. Las amenazas no le hicieron mella, menos las habladurías, “todo mundo sabe”, dice, y levanta los hombros. Vive con temor de que le falle el método. Los médicos no la operan, porque es muy joven.
El punto de este relato, es que cuando una mujer quiere abortar, aborta y puede morir. La pregunta que muchas nos hacemos, es si por pobre tiene que morir. Alguien con recursos compra el pasaje a México. Canadá o Estados Unidos y recibe un trato digno y humanitario. Con dinero, nadie camina al borde de la muerte solo por tomar la decisión de no reproducirse.
Las iglesias hablan de que abortar es pecado, pero las ideas religiosas se congelan cuando una mujer decide a abortar. No sé si es por aquello de que el que reza y peca empata. Entre la amenaza del inferno y el infierno de vida que ya sabe que le espera, la mujer aborta. Sobre los doctores de la moral que ya estarán llamando zorra a Alejandra, pues como dice una mi amiga, ¿Desde cuándo es malo ser zorra?
Hay mucha gente que no es provida, es pronacer punto final y definitivo. Si nace y pide dinero en los semáforos, suben el vidrio. Piden a las mujeres no abortar y que entreguen a los niños en adopción, pero si los nuevos padres son gay, ponen el grito en el cielo. No tienen acomodo. Y tampoco importa.
El asunto es que los abortos son un problema de salud pública. Una sociedad y un Estado que cumple con su obligación de cuidar la salud y la vida de las mujeres, deberían procurar servicios seguros de salud reproductiva.
Según un estudio científico sobre aborto inducido o provocado, realizado en el año 2007 por el doctor Arnoldo Toruño a partir de encuestas a más de 16 mil personas, realizadas en 4 departamentos, se encontró una tasa de 1.3 abortos anuales por mil mujeres y una razón de 1.2 abortos por cien nacidos vivos. Esto significa que ese año en Nicaragua 3 de cada 100 mujeres entre de 15-49 años habían tenido un aborto inseguro en Nicaragua. Es decir, abortos realizados por personas carentes de las habilidades necesarias o realizados en condiciones antihigiénicas.
Con criminalización abierto o no las mujeres se han inducido abortos, perseguirlos solo los vuelve más peligrosos. Cada mujer aborta por razones diferentes. Como el caso de Alejandra, es una decisión personal, pero para las autoridades de salud debe ser un asunto de salud pública. Las mujeres luchan y se movilizan para no morir por abortar. Se busca que el aborto sea legal, no obligatorio. Así que aquellas a quienes su fe les ordena no abortar, pues no lo harán, aunque sea legal, parte: sin novedad.
Hoy día, cientos de Alejandras andan angustiadas exponiendo su vida porque se les niega control sobre su decisión de reproducirse. Mientras tanto, el sistema de salud gasta recursos que no tiene para tratar las complicaciones médicas de abortos realizado en condiciones inseguras. Necesitamos que se reconozca la compleja situación que lleva a las mujeres a decidir sobre su cuerpo, así le caiga encima el mundo.
Es un asunto de derechos humanos y de respetar las razones de que aquellas que cargaran con bendiciones no deseadas por los pasillos de los juzgados para que dona esperma le reconozcan los hijos y les pasen la pensión de ley.


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