Mujeres

Una faceta de la maestra Teresita de Barbieri

Teresita se unió a los sueños de hacer posible otra forma de hacer periodismo

2018-01-21 12:20:32 Leído : 3551 veces.
Sus artículos, no solo sociológicos y académicos, pusieron el énfasis en la vida común, cotidiana, tremenda de las mexicanas

Texto del 8 de marzo de 2012
SemMéxico, Cd. de México, 21 enero 2018.- En estos tiempos en que todo nos aparece desesperanzado porque en nuestro derredor sólo vemos injusticia y desigualdad.

Momentos de desgracia y muerte multiplicada en este México herido y aterrorizado por esa guerra incomprensible y lastimera que nos acosa. Estar aquí, en este recinto donde se tejen las ideas y los saberes, tiene un significado profundo. Y sólo es posible porque ese lugar me lo ha dado Teresita de Barbieri en las últimas décadas.

Por ello quiero compartir con todas ustedes esta faceta de la maestra Teresita de Barbieri, quien con enorme sabiduría intelectual ha echado luz a las realidades de las mujeres de América Latina; una faceta, decía, única e irrepetible que vivo desde que la conocí, durante uno de tantos intentos promisorios para crear una comunidad de académicas allá por 1981 en la Universidad del Tercer Mundo, en San Jerónimo, donde se discutió cómo y en que forma las estudiosas, nos podían dar a las mujeres de a pie elementos para comprender nuestra condición social de mujeres.

La recuerdo como si fuera hoy. Conversamos en un intermedio de tan importante reunión, y lo que le llamó la atención fue que una periodista fuera militante del feminismo en un grupo sui géneris, Madres Libertarias. Quería saber de nosotras, qué hacíamos, a donde íbamos y porque nos preocupaba el ejercicio de la maternidad.

Advertí su templaza y su hondura. Mi sorpresa fue total. Era una mujer sencilla y compleja. Con una generosidad inmensa. Sus preguntas iban a cosas trascendentes. Por favor, imaginen cómo en un instante me detuvo, y me colocó en un sitio particular, para llevarme a lo no estaba acostumbrada; simplemente me llamó a una conducta difícil: yo tenía que pensar.

Yo, periodista, tan cerca y tan alejada de las profundidades del pensamiento abstracto y de la importancia que ya tenía, entonces, la construcción de la ciencia social y feminista.

De ese contacto nació una larga conversación, un intercambio humano, una estela gigante de aprendizaje, algo que me aguardaba y me iba a producir felicidad y me iba a jalar para siempre a un grado de responsabilidad periodística y como mujer.

Teresita de Barbieri, maestra, tiene ese don. Enseñar hablando, haciendo siempre reflexionar, ir y venir por el entramado de la realidad y el conocimiento. De ello saben sus alumnas, sus discípulas, las universitarias.

En 1984, me la encontré de nuevo. Estábamos todas agitadas por el México estabilizador que se desmoronaba. Asistíamos a un mitin, frente a la Secretaría de Comercio --cuyo edificio se hizo cachitos al año siguiente, en septiembre, con el terremoto.

Ella, fundadora de FEM, intencionadamente inclinada a que el pensamiento y la sapiencia no quedaran encerrados en las paredes universitarias, aquella tarde me ofreció su mano, me miró interesada y me dijo:

¡Ah! Exclamó; mira, hay unos datos fundamentales que se discutieron en El Colegio de México que pueden servir para una nota periodística: Rodolfo Tuirán y Mario Bronfman P., han descubierto que en México se esteriliza a mujeres y vale la pena difundirlo. Yo te explico.

Ahí comenzó todo. Una larga y vibrante relación, de 28 años. Se dice pronto. La académica y la periodista no se imaginaron que el encuentro de aquella tarde callejera nos diera la oportunidad única de encontrar y saber que Teresita de Barbieri tiene esta faceta suprema que hace posible que el pensamiento complejo, la investigación, el resultado de conectar unos hechos con unos datos higiénicos y académicos, se puedan convertir en una multiplicidad de notas, reportajes e informativos para la gente, se dice, para la opinión pública.

Podría haber empezado estas líneas, señalando que ella es, mi mentora, mi maestra, mi amiga, mi cómplice en pensamiento y acción, mi motor crítico. Pero no. Tengo que contarles algo singular.

En mi larga experiencia de periodista y feminista, de casi 43 años, lamento compartirles que es muy difícil conseguir que la academia pueda comprender que la nota rápida, puede ser profunda y abarcadora, que un reportaje pueda contribuir a la transformación de la vida de las mujeres, que la palabra tiene una poderosa fuerza, que sea posible reconocer que el trabajo periodístico logre un sentido no superficial.

Y esta capacidad de Teresita de Barbieri es una contribución no calculada, potente.

Teresita de Barbieri, con el tiempo, se convirtió en una militante de esa palabra, porque se unió a los sueños de hacer posible otra forma de hacer periodismo. Su generosidad y paciencia para explicarme y explicar a mis compañeras el entramado de la ciencia feminista que ha puesto en los últimos 30 años todos los saberes necesarios para diagnosticar la condición de las mujeres, donde ella tiene grandes contribuciones, es al mismo tiempo una convencida de la importancia de crear y expandir el conocimiento fuera de las aulas, para llevarlo a todos los rincones donde la gente común se informa y, créanlo, donde la gente pueda reflexionar y cuestionar lo que sucede en su entorno.

Teresita de Barbieri es de las nuestras. Es decir, es una periodista, entre las miles que hoy horadamos contra la injusticia y la desigualdad de las mujeres, en espacios inimaginables. De una pequeña hoja confeccionada en un municipio de Tabasco o en las páginas gigantes de un diario de circulación nacional, hasta una revista especializada, pero no académica.

Tomadas de su mano, periodistas de todo México y del mundo, nos hemos nutrido hace más de 20 años. No solamente estuvo con nosotras en decenas de pequeñas reuniones que mes a mes hacíamos para sacar cada número de Doble Jornada durante 11 años, sino que se unió a la aventura de construir una Red Nacional, y otras redes hasta llegar a la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

Sus cátedras, sus charlas, sus orientaciones, nos fueron indicando qué era lo importante, dónde investigarlo, qué leer, a quién preguntar.

Sin Teresita de Barbieri, aquella aventura de la Doble Jornada, en el diario La Jornada, no hubiera sido posible, ni su expansión en información clara y neta, hasta los reportajes que mostraban cómo una política demográfica puede afectar la vida de las personas. Fue su primera clase, que ésta, yo, una reportera de la impronta y el amarillismo, una simple tomadora de notas, se pudiera sumergir en cuestiones tan profundas. Mis compañeras dicen lo mismo.

Yo, repetidora de las verdades que la academia descubre y publica, pero que raras ocasiones publicita con sencillez para el gran público, para ir a donde decimos que nos urge llegar, me vi de pronto nutrida, considerada como igual, como dice el diccionario feminista, orientada, capaz de pensar.

En nuestra diferencia acogida por un hilo de compromiso y sensatez, durante todos estos años sigo aprendiendo y tratando de tomarle nota a la realidad, pensando en la hondura que me coparte esta mujer, y no sólo de feminismo, sino de país, de pensamiento social.

Esta faceta de Teresita, produjo, sin duda, algo más. Una relación de cariño y amistad, una y mil acciones. La recuerdo en un encuentro feminista en Chapingo, esa universidad de agricultura, señalándome a donde iba la discusión, para que le pusiera contexto a mi nota: o explicándonos a las periodistas los cambios fundamentales de las mujeres en el siglo XX, o bien, compartiéndome su lectura penetrante de los diarios y las revistas políticas; su lectura de los mensajes en la televisión o en la radio, su siempre y eterna disposición a discutir y enseñar.

Teresita, como dije, es también mi amiga. No sólo hemos sido cómplices, por ejemplo, en la investigación sobre el feminicidio que se hizo en la Cámara de Diputados, sino en los avatares de la vida cotidiana, entre nuestros hijos y nuestras amistades. Su generosidad eterna para apoyar a todas las mujeres, yo entre ellas, como cuando me regaló una blusa amarilla por si acaso me admitieran como candidata a una diputación, igual que su palabra asertiva para construir mi hipotética agenda de trabajo. Su respuesta inmediata a mis compañeras periodistas, cuando se planeaba, en cualquier rincón del país una nueva publicación periodística y regional o estatal.

Estoy segura de sus contribuciones en la gran estela del pensamiento y la investigación feminista. No tengo ninguna duda. Lo que he querido destacar es esa otra importante contribución, no sólo compartiendo y orientando: ella misma ha escrito un sin número de piezas periodísticas que publicó mucho tiempo FEM, sino haciendo lo propio en Doble Jornada. Además de sus artículos sociológicos y académicos, todos los que han puesto el énfasis en la vida común, cotidiana, tremenda de las mexicanas.

SEM/sl/lr


  • TAGS


COMENTARIOS


HACER COMENTARIO



SIGUENOS