Mujeres

El temor de un derrumbe, las mantiene de pie

30 mujeres defienden su vida y su patrimonio, una historia detrás del sismo

2017-11-27 12:47:33 Leído : 705 veces.
Piden a las autoridades un dictamen, de lo contrario seguirán en la calle

SemMéxico, Ciudad de México, 27 noviembre 2017.- La casa de campaña que las protege está construida por plásticos que a su vez son sujetados por pinzas para prensar ropa en los tendederos, su piso es de tarimas de madera y la seguridad a su alrededor es nula; en esas condiciones intentan hacer vida un grupo de mujeres desde 20 de septiembre pasado, un día después del sismo. Viven ahí porque temen que un edificio agrietado de 15 niveles se desplome sobre sus viviendas de apenas una o dos plantas y que se localizan en el callejón de Tizapan, en el centro histórico de la ciudad de México.

Este edificio que ahora ellas lo ven como un monstruo y que en cualquier momento puede desplomarse, no es cualquiera, se trata del Tribunal Superior de Justicia de la ciudad de México que se localiza en la Avenida Fray Servando Teresa de Mier número 32, donde hasta antes del sismo se encontraban 30 juzgados, 20 de proceso oral y diez de materia familiar después fueron reubicados.

Con el sismo del 19 de septiembre el edificio del Tribunal quedó con diversas grietas y hay dictámenes publicados en la página oficial, como el de la Constructora BC Delta SA de CV que dice que “la estructura de concreto se encuentra en buenas condiciones”, sin embargo, afuera no hay ningún dictamen público, sólo un policía sale a dar la poca información que tiene. A cada momento llegan abogados a informarse dónde están operando ahora, el policía los remite a una lista de reubicación.

El policía avisa a quienes llegan “no se están laborando, sólo hay unas personas adentro, alistando archivo. Están suspendidas las labores desde el 19 de septiembre”, el edificio se ve un tanto solo; en la recepción está un grupo de la Policía Auxiliar y solo cuando alguien les solicita información se acercan a la puerta que mantienen cerrada.

Por la parte de atrás del edificio se escuchan ruidos de martillazos como si estuvieran remodelando. La vida alrededor de este edificio se normaliza, parece que nada grave ha pasado, en la esquina hay un negocio de pisos y losetas, unas bocinas a todo volumen anuncian ofertas, parece día de tianguis.

Esos murmullos que se escuchan sobre Avenida Fray Servando contrasta con el silencio que se escucha sobre parte de la calle Netzahualcóyotl, que está atrás de este edificio y a donde llega el callejón de Tizapan, mismo que inicia sobre Avenida Lázaro Cárdenas. En esta área aún se ven los estragos del sismo, hay costales arrumbados llenos de escombros, sin embargo, sus habitantes intentan seguir con su vida, tanto en los negocios como en las vecindades y casas.

El grupo de mujeres que mantiene el plantón sobre el callejón de Tizapan esquina con Avenida Lázaro Cárdenas, hizo lo que lo que las autoridades no han hecho: un censo para saber cuántas personas viven ahí y cuántas hay los fines de semana, por cualquier percance, porque como a miles en esta ciudad el sismo le cambió la vida y el temor de otro fenómeno natural como el del 19 de septiembre está latente.

El censo arrojó que sólo en el callejón de Tizapan hay 30 familias en riesgo, dice Angélica Roca Jiménez, una de las que promovió este registro.

La demanda que tienen y que la han hecho llegar a la Asamblea Legislativa, a la Secretaría de Gobernación y a las autoridades de esta ciudad, es que se haga un dictamen pericial en ingeniería por especialistas de alguna universidad pública, pero que además se conforme una comisión de vigilancia en la que estén integradas las demandantes, quien haga el dictamen, autoridades y representantes nacionales e internacionales con reconocimiento en el tema.

Roca Jiménez, es una de las impulsoras de este campamento, cuenta que su carácter siempre ha sido fuerte, pero ahora se ha incrementado con el activismo que mantiene junto con sus 30 compañeras.

No solo su carácter es fuerte, también su voz y es una de sus características, pues mientras muestra el mal estado de la parte trasera del edificio del Tribunal, en el callejón va explicando todos los trámites que han hecho, pero también sus temores por el desplome de la estructura, mientras eso pasa, un vecino que anda por ahí y que se nota que la conoce, un poco sonriente le dice: “no te enojes”.

Ella ríe y contesta: solo estoy explicando, mientras cruza sus brazos para abrazarse por el frío que hace.

Angélica Roca y sus vecinas tienen dos miedos inmensos: Que el edificio se derrumbe sobre sus casas y que las autoridades les manden a hacer algo, lo primero porque las grietas y desperfectos se ven a simple vista en la parte trasera del edificio y también ya cuentan con fotografías de la parte interna de las estructuras de éste, todas estas pruebas las han anexado a un expediente que contiene pruebas de que ellas están en lo cierto. Las fotografías las obtuvieron de personas solidarias que están dentro de ese edificio, pero esa solidaridad no sólo la tienen ahí, sino también de una agencia de automóviles que está a un costado de su plantón, ellos les proporcionan energía eléctrica y señal de internet para tener acceso a redes sociales y estar comunicadas siempre.

El temor de que algo les pase es porque las autoridades de la Delegación Cuauhtémoc, ya intentaron desalojarlas, les argumentaron varias cosas, una de ellas que obstruyen el paso y es peligroso por cualquier emergencia, sin embargo, ese argumento se les cayó, pues “dejamos un carril libre del callejón por si es necesario que pase alguna ambulancia o la policía” dice Rocío Mercado y eso lo sabe por la asesoría de su hijo Luis Alberto Cobos Mercado, quien es paramédico, Tercer Acreditado en Protección Civil.

Pero ahí no ha quedado todo, el miedo persiste todas las noches, porque es cuando la mayoría del vecindario duerme, las calles se quedan solas y entonces se percatan que personas a bordo de motocicletas entran a esa calle, pasan a alta velocidad por el único carril que dejaron libre, a esto hay que unirle que varios automóviles han intentado entrar por la fuerza por el área del plantón.

Son cerca de las seis de la tarde, empieza a obscurecer, hace frío, una de las manifestantes, sentada sobre una silla plegable, teje una chambrita color amarillo, dice que es para un baby shower que será en los próximos días; así es como intenta seguir haciendo su vida bajo la improvisada casa de campaña. Angélica Roca se une al campamento, se acaba de bañar, su cabello color café está mojado, aun huele a shampoo de hierbabuena y así como ella, conforme la tarde y noche avanza se van agregando otras mujeres a la protesta. Llegan desarman la pirámide de bancos de plástico para que cada una se siente y comparten sus vivencias del día, se quedan un rato para posteriormente retirarse a sus casas y sólo hacen guardia quienes les corresponde esa noche.

Las mascotas, como en cualquier otra casa o departamento de quienes habitan esta ciudad, también son parte de la vida diaria y en este campamento, esta escena no es la excepción; éstas llegan con sus dueñas, por ejemplo, está Luna, quien es beisbolera y está enamorada de Pucho.

Estas 30 mujeres se van rotando, cuentan que hacen guardia 36 horas seguidas con la finalidad de que todas puedan cumplir con sus otras obligaciones, como son: hacer trámites ante las dependencias para que su demanda siga viva, atender a niños, niñas y personas de la tercera edad que viven en sus casas.

El plantón está integrado solo por mujeres “porque fuimos las que nos organizamos, las que sabemos el riesgo que tienen nuestras familias, porque sabemos del valor de la vida”, comenta Angélica Roca, mientras sonríe, sonrisa que hace que sobresalgan sus pestañas color azul obscuro.

Al preguntarle cómo es que solo se organizan mujeres, cruza la pierna y ríe, responde en un tono seguro: por querer salvar nuestras vidas y nuestros patrimonios, viendo que solamente unidas, juntas y agarrando fuerzas podemos salir adelante.

Sentada en la puerta que da a su campamento, recuerda que el 20 de septiembre y unos días posteriores “hubo apoyo al principio de hombres, pero a la mera hora se espantan, les da miedo y por su trabajo y todo, pues no, se fueron. Pero nosotras dejamos trabajo, porque nos importa más nuestra vida y la de todos los vecinos, porque no nada más es por nosotras, es por todos”, reflexiona.


Suma de preocupaciones

A Rocío Mercado le preocupa la salud de Angélica, pues le han detectado un tumor en la cabeza y ahora que mantienen esta protesta ella dejó de trabajar, por lo tanto, no percibe ningún recurso económico lo que implica que no cuenta con mil 500 pesos para hacerse los exámenes que requiere “no queremos dinero, sino que alguna autoridad u organización nos ayude a financiar esto”.

Los síntomas de Angélica –quien no sabe a ciencia cierta qué le pasa a su salud— son vómitos, mareos, vértigos, dolor de cabeza, “pierde el equilibrio. Hace dos semanas se cayó, la tuvimos que ir a recoger”, dice Rocío Mercado.

Angélica Roca, que en todo momento se le ve sonriente, fresca y amable, explica que anterior al sismo, era Valet Parking “por el metro Balderas”, pero ahora se quedó sin ese ingreso, ahora sí se sienten verdaderas damnificadas, les costó aceptar esta realidad, se negaron a recibir ayuda como víveres o casas de campaña, pero por estos días están seguras que requieren de eso y más, a lo que las otras vecinas asientan con la cabeza. A las autoridades han solicitado casas de campaña y víveres, pero sin ninguna respuesta, por eso ahora hacen un llamado para que se solidaricen con ellas.

“Ahora sí, necesitamos de todo, agua, comida, porque sí somos damnificadas” dice Rocío, de hecho, aceptar y llamar a esto por su nombre, les costó que algunos vecinos se retiraran del plantón, porque no están de acuerdo con el término, quizá porque sientan pena y prefirieron regresar a su casa.

Rocío Mercado tampoco está muy bien de salud, hace algunos meses le operaron un seno porque le detectaron cáncer, pero ella es una mujer jubilada, además que tiene a su hijo que le apoya económicamente, por lo que de alguna forma tiene solucionada parte de su vida económica y en cuanto a su atención médica “voy a mis quimioterapias”, dice al unirse al campamento al que llegó pasado de las siete de la noche. Es una mujer de unos 60 años aproximadamente, cabello blanco, lleva una blusa blanca y un pantalón color negro, usa un bastón para sostenerse porque después de sufrir una trombosis se le hincha una de sus piernas y eso le dificulta caminar.

Antes del sismo, Rocío Mercado vendía postres en la puerta de su casa, era una entrada extra para sus ingresos de jubilación, pero de eso, ahora nada queda. No hay negocio y sí mucha tensión de que su vivienda sea aplastada por el monstruo.

Rocío llega al campamento y no acepta sentarse, está alerta a lo que pasa alrededor de la casa de campaña, ello le permite ver que un joven se orina cerca de lo que ahora es su segundo hogar, le grita, le dice: “¡ey!, ¿qué pasó?, ¡aquí no!”. El hombre se apura, sale del callejón de Tizapan para caminar sobre la Avenida Lázaro Cárdenas. La tensión también aumenta cuando suenan los cláxones de los autos, cuando se frenan, temen que en cualquier momento regresen a intentar desalojarlas. A esto se enfrenta todas las noches este grupo de mujeres.

Desean que esto termine pronto, no quieren pasar aquí la navidad, aunque las luces de un negocio que está junto a su lugar de protesta, anuncia que las fiestas decembrinas ya están a un paso de alcanzarlas y aun no tienen respuestas por parte de las autoridades.
De vez en vez p
asa uno que otro vecino a ver qué se ofrece, pero conforme la noche avanza, ellas se van quedando solas, entran a su “casa”, se sientan en las sillas plegables, porque no hay espacios para acostarse, cierran y sujetan “la puerta” con pinzas para colgar ropa “a veces cabeceamos” y deja caer su cabeza del lado derecho, “porque llegamos cansadas aquí” dice una de ellas, pero sólo eso, porque descansar y dormir en la noche, es algo que quedó atrás el 19 de septiembre.

SEM/ora/sj




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