EXPLICACIÓN NO PEDIDA

    * Decidí usar el nombre de casada como reconocimiento -y en desagravio- al hombre con el que he vivido ya casi cuarenta años.

    ​Por Eva Leticia DE Sánchez SemMéxico. Cd. de México. 22 de abril de 2017.- Tenía diecinueve cuando me casé. A la hora de firmar el acta de matrimonio, el Juez pidió que plasmara mi firma de casada y señaló el lugar de “la contrayente”. Estampé mi nombre (aún no usaba ningún garabato). Con mi nombre me refiero al que aparece en mi acta de nacimiento. De eso hace casi cuarenta años. Era entonces una muchacha rebelde. Me oponía a todo lo que oliera a tradición y a la moralina de la época. De hecho, ni siquiera queríamos casarnos: habíamos decidido vivir en unión libre. Pero cedimos a la presión familiar y nos casamos por lo civil.


    Se dice que en Cuba

      * Qué tranquilo, edificante y distinto es todo en Cuba, pensé.

      Eva Leticia de Sánchez SemMéxico. Cd de México. 7 de marzo de 2017.- No quiero ir --le dije muchas veces a mi esposo y era verdad; me negaba a perder esa esperanza ciega, dogmática, que los idealistas apapachamos como si fuera lo único que hace apreciable la existencia. Había leído y escuchado muchas opiniones despectivas sobre la vida en la isla y su forma de gobierno. Las que me calaban fuerte eran las expresadas por todos esos conversos cuya voz resuena públicamente al amparo de su “autoridad intelectual”. Me sentía dividida: por un lado, estaba mi fe tambaleante; por el otro, la realidad de la que hablaban los otros y que me negaba a aceptar, pero, sobre todo, a atestiguar.


      Acábenme por favor

        Los muertos de alcurnia, los que habitan en el ala norte en esos monumentos que parecen palacios, siguen siendo elitistas y defendiendo sus privilegios, como debe ser.

        Eva Leticia de Sánchez SemMéxico, 1 febrero 2017.- Miren, lo digo claro: no me gustan las visitas. Perturban mi paz, ese es el motivo. Serán bienvenidos, tal vez, cuando se mueran, pero mientras, prefiero que no vengan. Verán, soy un panteón antiguo; creo recordar que horadaron mis entrañas por primera vez allá por 1785, para encajarme el primer muerto. Eran otros tiempos, ah, todo ha cambiado tanto…


        Alma mía, ¿existes?

          Yo no sé nada de la muerte, pero tampoco sé nada de la vida, tal vez eso significa estar muerto.

          SemMéxico, 6 enero 2017.- Ciertamente, puedo mal contar historias que hablen de mí, o de la que podría ser yo; describir con meticulosidad tanto a las personas que conozco como a las que no he visto ni veré nunca, y a las que, sin embargo, presiento.


          Los que se van

            Los que se van

            Ayer asistí a un velorio. Uno muy triste.


            Evita: mi casa es tu casa

              Costumbres

              Como en todo México, en mi pueblo también se colocan ofrendas a los muertos y se habla de cuánto se espera su visita los días 1 y 2 de noviembre de cada año. Los altares que recuerdo se ponían en mi casa, nunca fueron fastuosos ni impresionantes como los de otras casas u otras regiones, pero no por eso dejaban de tener una carga simbólica muy fuerte.


              Te busco en el terror

                Costumbres

                Últimamente pienso mucho en el miedo, con miedo. El maldito fue mi sombra fiel desde que tuve uso de razón: padecí terrores nocturnos hasta los doce


                Consulte a su abogado

                  Costumbres

                  Cuando Susanita concluyó la carrera de Derecho creía que ya estaba en condiciones para enfrentar los retos de la profesión.


                  Rasgo de personalidad: adictiva

                    Costumbres

                    En esta época, en que nos enteramos en tiempo real de sucesos tan relevantes como que el perro callejero adoptado por la reina de no sé dónde, se cagó en la acera y ella, ¡oh!, recogió las heces, no sonar ni figurar, no ser citado en por lo menos un centenar de ciber cuentas, aunque sea para ser tildado de pendejo, es estar condenado al fracaso.


                    Deserción

                      Costumbres

                      Leo: Ensayos Malogrados, de Alejandro Tarrab. El tema es el suicidio. Debo confesar que siento envidia cada vez que encuentro la riqueza de lo que otros escriben, que percibo con asombro la amplitud de sus referencias culturales, y que en esos momentos siento vergüenza de mi pluma ordinaria y elemental. Ni modo. Es lo que hay y a ello me atengo.